sábado 26/9/20

Esta vez voten bien, por favor

El Gobierno nos ha dado una segunda oportunidad. Amable, generoso como solo puede ser un Gobierno, nos ha citado el 10 de noviembre para que votemos bien. Nos regaló una primera oportunidad el 28 de abril y votamos mal. Estamos a tiempo de rectificar. Tan de sabios, tan de españoles. 

Nada pudieron hacer con nuestros votos diversos y dispersos. Perdieron cuatro meses en el enredo de desenredar la madeja oceánica de nuestros tristes votos. El pueblo no es tan sabio como lo pintan. A veces es torpe, distraído y melífluo. Vota con las extremidades inferiores. Pobre pueblo.

Ellos necesitan que votemos bien, que ya somos nación madura y curtida en las urnas. Si volvemos a fallarles, jamás podríamos perdonárnoslo

Ellos necesitan que votemos bien, que ya somos nación madura y curtida en las urnas. Si volvemos a fallarles, jamás podríamos perdonárnoslo. Que ni la Liga, ni Gran Hermano VIP ni Rosalía nos distraigan ese domingo, por favor. Que nada perturbe una decisión que no puede fallarles. Esta democracia es tan endemoniadamente grande, tan ancha,  tan alta, que nos obsequia con una segunda oportunidad de acertar.

Son comprensibles el insomnio de Sánchez, la delgadez de Rivera, la barba en 3D de Casado, la melancolía de Iglesias y el ceño fruncido de Abascal. Confiaron en nosotros y les hemos fallado rotundamente. Un error porpio de nuestra dudosa genética electoral abortó la criatura del 28 de abril. Sería intolerable que volviese a suceder con la del 10 de noviembre. 

Noviembre es el mes de los difuntos y de don Juan. Para don Juan, el tal don Pedro, sabedor de su porte apolíneo y de que el importe de la nueva votación lo pagamos nosotros. Pedro ya fue difunto tres años atrás, pero le enterraron muy mal sus propios compañeros.

España no se merece un segundo tropiezo en la misma piedra

Ahora quiere enterrar el pasado reciente y facilitar a la muchachada electoral el domingo de San Andrés para que rectifique. España no se merece un segundo tropiezo en la misma piedra. Esta vez el voto será secreto y muy discreto. Precedido de una reflexión cuidada y sabedor de que la penitencia sería irresistible: terceras elecciones.

Pueden dudar ustedes que existen el día y la noche. Pero no duden que el 10 de noviembre, los torpes españoles acertarán por fin con su voto. Incluso si no votan.

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