viernes 06.12.2019

Y la música detendrá la guerra

Mientras palestinos y judíos aprovechan la tregua para vendar sus heridas, el ínclito representante español testará los oídos de la Europa del Brexit con “La venda”.

La música detendrá por fin una guerra. Esa sí que resulta música celestial. Judíos y palestinos seguirán odiándose entre el 14 y el 18 de mayo, pero no se matarán. Respetarán por cuatro días las vidas de sus enemigos para que se celebre en paz el Festival de Eurovisión, también llamado Horrovisión.

Ni Gila hubiese imaginado este tragicómico alto el fuego por 96 horas. Bienvenidas sean entonces las baladas clase B, los blues desnortados, las poperas pasadas de moda, las letras más pegajosas que pegadizas y los estribillos cuyos autores permanecen en busca y captura por la policía. Porque pararán entre todos una inacabable guerra de guerrillas. El conflicto crudo, cruento y cruel palestino-israelí. Intifada siempre con billete de vuelta.

Queda demostrado que la España de Lope de Vega tiene altibajos. Existió Quevedo e insistió este Miki Núñez

Mientras palestinos y judíos aprovechan la tregua para vendar sus heridas, el ínclito representante español testará los oídos de la Europa del Brexit con “La venda”. “La venda” tiene muy mala venta. Su letra compite en vacuidad con la de los eurotórtolos del pasado año, Alfred y Amaia. Su mayor aportación al pop español sería la urgente deportación del letrista. Queda demostrado que la España de Lope de Vega tiene altibajos. Existió Quevedo e insistió este Miki Núñez. Se lió la venda a la cabeza y dio tanta guerra que le nominaron para ir al país donde pararán por cuatro días la suya.

Muy por encima de Eurovisión está Daniel Barenboim, argentino, español, israelí y palestino. Cuatro nacionalidades en un único genio del piano y la dirección orquestal. Frente a las perniciosas campañas orquestadas de uno y otro lado, Barenboim dirige una orquesta formada por 73 jóvenes judíos, palestinos, jordanos y libaneses. Ninguno de los cuales toca de oído ni odia.

Mientras nuestro Miki se quita la venda que tanto necesitará al finalizar las votaciones para taparse la herida de su probabilísimo fracaso, Barenboim nos deleita con su orquesta plurimestiza. Del barro al cielo. De los charcos a las estrellas. Del pisto al caviar. De Miki a Barenboim.

La milicia palestina Hamás sigue pronunciándose igual que jamás. Netanyahu sigue presidiendo un Gobierno judío en funciones inclinado enfermizamente a las fricciones armadas. Eurovisión nació en 1956 para explicar que la música no necesita academia donde aprender su idioma porque es universal y no necesita traducción ni traductores. Israel nació como Estado en 1948 y tiene muy serias dificultades para explicar el lenguaje repicante de sus armas.

De aquél histórico “paz por territorios” se ha pasado a este histriónico paz por Eurovisión. Tenemos lo que merecemos.

Y la música detendrá la guerra
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