domingo 17.11.2019

“La negra” se viste de blanco para mentir

Existe una perversa frase multiusos que nos trata de tranquilizar recordando que “las palabras son solo palabras”. Grave error. Las palabras son lo más importante de la vida.

A la asesina confesa del pobrecito Gabriel Cruz todo el mundo le llamaba “la negra” en Níjar: su propia pareja, los lugareños e incluso su inocente víctima de 8 años. Negra como sustantivo y adjetivo ambivalente fusionado en reconocible apodo. Un joven reportero de Tele 5, José Araque, aún sufre martirio en las redes no de pesca marítima por sintetizar a destiempo y titular su crónica a pie de juzgado así: “la negra va hoy de blanco impoluto”.

Araque necesitaría mucho más tiempo del que se le ha concedido para aclarar que él no es racista, xenófobo ni faltón. Ocurre que este periodista tenía muy interiorizado el apelativo de Ana Julia Quezada en aquellos lugares tan poco pronunciables de Almería en los que transcurrió el abominable crimen del 27 de febrero de 2018: Las Hortichuelas, donde vivía, y Rodalquilar, donde murió violentamente. Allí era “la negra”.

El cromatismo etnográfico conduce al racismo solo si se es impreciso o malintencionado

Existe una perversa frase multiusos que nos trata de tranquilizar recordando que “las palabras son solo palabras”. Grave error. Las palabras son lo más importante de la vida. Cada una de las que encadenamos nos encadena a su preciso significado y rompe las cadenas de la incomunicación. O debería quebrarlas. Al fenomenal jugador camerunés recién jubilado Samuel Eto´o nunca le molestó confesar irónicamente que trabajaba como un negro, pero cobraba como un blanco.

El cromatismo etnográfico conduce al racismo solo si se es impreciso o malintencionado. Ana Julia es una dominicana aproximadamente negra, que escribiría nuestro llorado Manolo Alcántara. Y ser negra no la ha hecho ni peor ni mejor persona. Su maldad no es algo cutáneo, sino genético.

A nadie se le ha ocurrido todavía escribir que la muerte de Blanca Fernández Ochoa ha extraído lo más negro de su biografía. A Blanca Nieves (ese era su verdadero nombre) se le ha pasado la garlopa periodística por pecho y espalda, sabiendo que resta aún por aparecer la viruta gruesa del suicidio.

El periodismo es un trapecio circense más inestable de lo que lleva implícito en su nombre. Y las redes sociales son su más peligrosa red porque no amortiguan la caída, sino que apresan al caído. Las fuentes informativas manan de tantas charcas y ciénagas que resultan diabólicas. Ni Blanca tenía una biografía negra ni “la negra” Quezada está utilizando su impecable ropa blanca para otra cosa que llorar hipócritamente y mentir. 

Mentir en defensa propia. Algo cobarde,  ruin e impropio.

“La negra” se viste de blanco para mentir
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