Martes 19.02.2019

Opinódromo

Cantabria es un inmenso opinódromo donde caben, de frente o de perfil, todas las opiniones. 

Los hechos son tozudos, las opiniones,  libres. Una vieja máxima del periodismo que nunca ha estado en mínimos de crédito. El 7 de febrero se presentó en sociedad “Diario de Opiniones”, gavilla de artículos que a diario nos regala el digital más hospitalario e inteligente de  Cantabria: eldiariocantabria.es. Escrito con minúsculas y realizado por profesionales con mayúsculas. 

Cantabria es un inmenso opinódromo donde caben, de frente o de perfil, todas las opiniones. Las de este Diario entallan un tercer libro libre, suya lectura conduce automáticamente a la relectura. No es necesario recordar que estas piezas periodísticas solo representan a su autor, no al medio. Y es que el medio ya no es el mensaje. Eso era en los tiempos de Marshall MacLuhan, brillante teórico de la comunicación que escribía sus frases por fases. 

El Diario de Opiniones ha entrado en la fase inconfundible de los clásicos con la misma naturalidad que la luna entrará el 12 de febrero en fase creciente. Los digitales no son médicos, pero suelen poner su poderoso dedo mediático en la llaga. A diferencia del primer colectivo, cuya tragedia es que se le acaban muriendo todos los pacientes, los digitales toman el pulso y la tensión con precisión de orfebre, pero sin riesgos para la salud.

El Diario de Opiniones ha entrado en la fase inconfundible de los clásicos con la misma naturalidad que la luna entrará el 12 de febrero en fase creciente

Hay opiniones surgidas inopinadamente, opiniones evanescentes  e incluso  opiniones de encargo. El opinódromo es una pasarela iluminada las 24 horas del día para que desfile la sintaxis de cada cual con sus taconazos o sus manoletinas, maquillada o informal, con trasparencias o de riguroso luto. La elegancia suele estar incluída en todos los textos. 

Antonio Gala lo dejó escrito con su interminable ironía de andaluz nacido en Ciudad Real. “¿ Contra quién va ese elogio ?”. Cuidado con la lisonja, que la carga el diablo. Y el diablo no solo mata moscas con el rabo, sino que escribe columnas de renglones torcidos. Muy leídas, por cierto. Tres años de indudable éxito del opinódromo de este diario digital no son casualidad.

A diferencia del hipódromo, en el opinódromo nadie compite por llegar antes, sino por llegar a tiempo. Como el maestro Manolo Alcántara, impuntual estas dos semanas en su columna del otro Diario, el montañés. Regresará puntual como el AVE y con el ingenio propio de sus juveniles 91 años. Me dicen su nieta Marina y su hija Lola que tiene que descansar. Pero somos nosotros los que no queremos descansar de su lectura. Es imprescindible. Opino. 
 

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