Martes 13.11.2018

Pasión por la pensión

A esta sociedad española que muere frecuentemente de éxito le gusta resucitar viviendo hasta los 95 años. Y reclamando mes a mes su pensión.

España. Preotoño 2018. Exterior día. Difícil saber si vemos un panorama o un panodrama. La guerrilla urbana catalana del lazo amarillo empieza a sacarnos los colores. Inquietante. La exhumación de Franco es, francamente, un simple regalo electoral envuelto en lazo rojo del Gobierno de ministras y algún ministro de Pedro Sánchez. Inofensivo.

Entre esos lazos inquietantes y ese desenterramiento inofensivo, no callan los pensionistas. Jardiel Poncela ya hubiese descrito su enfermedad como “deprensión”. Este país de naciones llamado España suspira por una pensión, ya sea digna, indigna o mediopensionista. Mejor sociedad subsidiada que sociedad suicidada. El futuro imperfecto está transido de un negro presente de indicativo que desbarata la conjugación verbal.

A esta sociedad española que muere frecuentemente de éxito le gusta resucitar viviendo hasta los 95 años. Y reclamando mes a mes su pensión. Sostener la hucha de las pensiones es una lucha que está perdida. Apenas quedan 8.085 millones de euros de los 66.815 que llegamos a tener en 2011. Su vaciado definitivo en cosa de meses y de la mesa del Pacto de Toledo. La sociedad del bienestar puede causarnos grave malestar.

Este agosto que se agosta batió el récord nacional de pago de pensiones: 9.217 millones de euros para los 9 millones seiscientos y pico mil pensionistas. El gasto público se sale y las cuentas no salen. Y entra mucho menos de lo necesario por las cotizaciones de los 19 millones de trabajadores en activo.

Una buena pensión es la pasión inconfesable de decenas de miles de españoles. Los pensionistas son también pasionistas. E intocables por su indiscutible poderío electoral. El júbilo del jubilado no lo decreta su estado de ánimo mañanero, sino el estado de su cuenta bancaria. Los años de cotización cotizan a la baja, con la bajada automática de la autoestima. Panodrama.

España lleva casi tres meses con un Gobierno casi en funciones. O  en fricciones, como prefieran. Sánchez es un funambulista vestido por Armani y listo como el hambre. Si actuase en función de tarde y noche, nos garantizaría al menos dos ejercicios de responsabilidad al día. Dudoso.

A este paso, los pensionistas se convertirán, como en las hospederías, en mediopensionistas de una comida y cama. Máximo ahorro y mínima calidad de vida. Lo peor es que la calidad devenga en hipócrita caridad.

Por caridad, que no sea así nunca.

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