miércoles 08.07.2020

Perder la perspectiva

La violencia machista es una tragedia inacabable. Pero no perdamos la perspectiva. Cuando el género, sea masculino o femenino, se onnubila, degenera.

Se pueden perder las llaves. Se pueden perder los nervios. Pero no se puede perder nunca la perspectiva. La violencia de género en España podría llamarse perfectamente ya violencia de número, como si se tratase del viejo mandato de la concordancia gramatical.

Una catarata de muertes, casi todas ellas en femenino singular, ha vestido de negro el primer trimestre del año. Demasiadas mujeres y demasiados niños tocados mortalmente por la violencia irreversible del hombre. La única razón de esta barbarie doméstica es la sinrazón. Se pierde el raciocinio y se ganan los adjetivos del parte periodístico y policial habitual: incomprensible e incalificable.

La única razón de esta barbarie doméstica es la sinrazón

Sin embargo, esa crónica negra oscurece una realidad menor, pero tan cierta como que estamos en primavera: las mujeres también matan. Tan incalificable e incomprensiblemente como los hombres. El miércoles, 5 de abril, una joven de 34 años ahorcó a su hija de 18 meses en Mallorca y después se suicidó. La versión oficial subraya que la noche anterior la parricida y su esposo mantuvieron una fuerte discusión. La violencia verbal machista como origen de tamaña atrocidad de la mujer. Así se sugiere.

27 de febrero de 2017: una joven de 33 años mata a cuchilladas a su padre de 66 años en Valencia. La versión oficial recuerda que ambos padecían serios trastornos mentales. Otro parricidio orillado por los medios de comunicación. Quizás demasiados miedos a no ser políticamente correctos.

La violencia machista es una tragedia inacabable. Diecisiete mujeres españolas han pagado esa horrible cuota trimestral enero-marzo. No hay indemnización económica ni moral que devuelva  la vida perdida. Toda repulsa es poca. Toda condena es insuficiente. Todo minuto de silencio es bienvenido.

Pero no perdamos la perspectiva. Todo episodio como el de Mallorca o Valencia es también violencia de género, aunque su número sea pequeño. Cuando el género, sea masculino o femenino, se onnubila, degenera. Y existen degenerados (muchos) y degeneradas (unas pocas).

Lo dejó escrito Quevedo: solo la muerte nos iguala. Pero que no iguale a unos más que a otras. No perdamos la perspectiva.

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