Jueves 18.10.2018

El desafío del P. Eutimio Martino Redondo, S. J., el de corazón bueno y espíritu nuevo

El P. Eutimio Martino Redondo (Vierdes - Oseja de Sajambre - León, 5 de mayo de 1925) parece que sigue teniendo cuerda para rato, mucho que decir y, aún más, que indagar.

"La educación por la redacción literaria": éste sería un bello lema de trabajo para el profesor. (...)

[La revista CUADERNO DE HUMANIDADES] va dirigida ante todo a sus profesores de Literatura de cuya colaboración y consejo, que fraternalmente solicitamos, nos podemos prometer que (...) llegue a ser un eficaz instrumento educativo de nuestros muchachos en eso que abstractamente llamamos Humanidades y que no es otra cosa que la talla y estatura de hombres cabales.

EUTIMIO MARTINO, S. J.: Cuaderno de Humanidades, Número 1, Octubre - Noviembre, 1964, Año I. SEMINARIO PONTIFICIO. COMILLAS (SANTANDER) ESPAÑA

¿Qué hace que una persona siga siendo capaz de dar una conferencia sin una sola hoja en la mesa, de pie, y su dictado sea de lo más armonioso, sorprendente y bien encajado e intercalado? ¿Y si esa persona de la que hablamos tiene ya 93 años? Yo no acierto a explicarlo, pero el P. Eutimio Martino Redondo (Vierdes - Oseja de Sajambre - León, 5 de mayo de 1925) parece que sigue teniendo cuerda para rato, mucho que decir y, aún más, que indagar. Ideas puede que haya muchas, pero quizás una de ellas provenga de su ilusión por la enseñanza, por la transmisión de conocimientos y, sobre todo, por la ilusión de investigar.

Si algo caracteriza a este jesuita licenciado en Filosofía por Comillas, y Teología por Fráncfort (Alemania), por el St. Georgen Philosophisch-Theologische Hochschule, licenciado y doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid es su pasión por las Humanidades, viniéndole esta intensa emoción ya desde su juventud. Esta formación tan notable y señalada la va a poseer, desde los dieciocho a los veintitrés años en el Estudio de Humanidades y Ciencias, en el Colegio de la Compañía de Jesús de Salamanca, un comienzo que nunca va a dejar a lo largo de su intensa y dilatada vida, mediante una investigación rigurosa, seria y constante, y a través de su enseñanza y educación.

Cursa en París exclusivos estudios de Filosofía y Literatura, e inmediatamente ejerce de profesor de Humanidades en el Seminario de Comillas. Durante siete años, contribuye en cuerpo y alma con sus colaboraciones en Humanidades, revista de la que fue director por algún tiempo. Será también el fundador, el valedor y adalid, y el encargado de la edición de una nueva revista Cuaderno de Humanidades, con la intención  de que fuesen los alumnos quienes publicasen en ella, recuperando de esta manera el espíritu humanístico que quería señalar en ellos. Todo ello toca a su fin con su nuevo destino en Salamanca como profesor de Literatura Latina en el colegio de la Compañía, y de Literatura Española en la Universidad Pontificia.

Quiere entregar completamente su tiempo al conocimiento científico de su tierra de León

1967 es el año en que los jesuitas se desocupan del cometido que habían tenido desde fines del XIX y arriban a Madrid. Todo el complejo y los departamentos y piezas de la empolvada y abandonada Pontificia de Comillas comienzan su hundimiento. Una nueva era también para Martino. Así, en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Comillas de Madrid va a ser profesor adjunto de Lengua y Literatura Latina, a la vez que imparte cursos especiales de doctorado.

A los doce años, se despide de Madrid y de la facultad. Pide la condición de excedente a la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Quiere entregar completamente su tiempo al conocimiento científico de su tierra de León. Se le concede la excedencia y la Universidad le nombra profesor emérito.

Los estudios originales de sus investigaciones, en el momento en que son analizados, permanecen limpios y salvos. Sin embargo, interpelado y replicado por un número limitado de gente que no ha leído sus libros, escasamente contestado con contenidos de peso, el P. Martino presenta con toda la abundancia posible de pormenores y reseñas. No puede ser de otra manera en un hombre preocupado por que los resultados de sus investigaciones tengan índole científica, en un conocedor y experto que invariablemente trasciende sus propios interrogantes, comentarios y análisis, y siempre geniales, hermosos y vivos. El P. Martino, forjado en la Compañía de Jesús, se ha alimentado de dos apreciables y sobresalientes enterezas, un colosal y extraordinario imperativo mental y agudo, y una cumplida cohesión científica y pedagógica, ocupando gran parte de su biografía en la búsqueda y exploración de temas en que los investigadores comúnmente se pusieron de perfil, y que trataban de los orígenes romanos y prerromanos de las tierras de León, de los cántabros o astures, de su toponimia e hidronimia, todo relacionado como siempre con el origen de los nombres existentes en la Naturaleza y en los espacios. Con estas líneas, también deseo conseguir que se le aquilate y se estime su palabra y su avenencia con sus axiomas, con su veracidad y sus certezas. El duende liberado y soberano que posee el P. Martino se acrecienta por una pasión embargante por los conocimientos, y por una especie de contestación y pronunciamiento no exentos de la grandeza por el lenguaje y su compromiso.

Y hace casi dos meses, el 11 de agosto, este traductor, sacerdote jesuita, poeta, escritor e historiador fue designado cronista oficial del Valle de Camaleño, en Liébana. El ayuntamiento lebaniego de Camaleño le reconoce sus trabajos científicos acerca de las poblaciones prerromanas de los astures y cántabros en la Iberia septentrional, con la generosidad de que un apreciable ámbito de sus actividades de campo -casi una veintena de libros, armoniosos e innumerables escritos, y explicaciones siempre ante una audiencia expectante por su didáctica y pedagogía, más allá del interesante contenido de las mismas- dirige su propósito y observaciones realmente a la investigación, en la que mucha extensión e intensión de su creación y ejercicio dirige su atención e interés hacia la crónica del Valle de Camaleño, y su consecuente colaboración en la divulgación de esta población que no llega a los mil habitantes, y que no deja de ser una exigencia ante la tarea de esta comarca histórica de Liébana y de su lebaniego de pro, Pelayo, en la ascendencia de España desde los albores del siglo VIII.  

De esas suertes con las que te encuentras sin querer en la vida

Al mismo tiempo, el P. Martino nos abrió el camino a una muy apreciable humanidad comunitaria y colectiva

Hasta que llegó el P. Martino. En el ecuador de los años sesenta, tuvimos la suerte de que nos diese Historia de la Literatura Española. Y nunca fue tarde, aun cuando nuestra hambre por la Literatura y la lectura venía atrasada. Recuerdo que teníamos que leer los Minilibros clandestinamente en el tiempo destinado para la traducción grecolatina, algo impensable y cuyo castigo no era pequeño. Pero debíamos dar rienda suelta a los sueños, arrasando con cualquier norma que los impidiesen; así, desde la hora diaria de Composición, en que nos afanábamos en escribir, tantas veces sin el rigor y precisión que exigías, hasta el curso en que comenzamos a estudiar Literatura. Aún conservo el libro de texto que utilizábamos, Historia de la literatura española, de José García López, libro que, como un fetiche, ha utilizado la generación siguiente a la nuestra, la de nuestros hijos. Asimismo, aprendimos a leer desinhibidos en un tiempo y espacio en donde no estaba permitido hacerlo.

Y nos diste a elegir en la primera clase una porción considerable de libros para leer. Era inaudito. Podíamos leer, sin mirar de reojo si había moros en la costa. Plácidamente comenzamos la agradecida tarea. A mí me tocó El señor de Bembibre (1844), de Enrique Gil y Carrasco, una novela amorosa y romántica, enmarcada en Castilla y en el s. XV. Pocos días después, todos leímos La perla (1947), de John Steinbeck, Premio Nobel de Literatura en 1962 y creador de 'Las uvas de la ira'; elegiste esta novela como libro de texto, además del oficial. Sin tardar mucho -porque él no nos dio pautas, solo las necesarias-, tuvimos que imaginarnos qué es lo que estaba pasando en la realidad, sin saber tampoco a qué carta quedarnos, si con el carácter del libro o con esa realidad tan bien contada que supera a la ficción y que hace que el libro resulte altamente atractivo. Nos abrumaban las vicisitudes de Kino, Juana y su hijo Coyotito, y comenzando a desmenuzar la contradicción de que un empobrecido pudiera beneficiarse legítimamente de la fortuna.

¿Quién de tus alumnos ha podido soslayar algún recuerdo de tus clases? Seguro que, si han escogido la profesión docente y educadora, han llevado a cabo aquel espíritu con los niños y jóvenes, y en las coordinaciones entre los compañeros, que aprendimos de ti. La Escuela como espacio de libertad, de creatividad, y de industria de unos seres seguros, críticos y con capacidad de elegir bien en la vida.

Al mismo tiempo, el P. Martino nos abrió el camino a una muy apreciable humanidad comunitaria y colectiva. Unos valores que, sin error, nadie cerramos desde entonces. Valgan estas líneas como un intenso recuerdo -un pasado que vuelve al corazón-, un justo reconocimiento, y el sumo agradecimiento hacia él. El P. Eutimio Martino S.J. nos enseñó a leer:

 (...) Desde luego Comillas fue único en las facetas de la formación humanística. Me alegro mucho (...) haya servido en la vida. "Non scholae sed vitae discimus", decíamos entonces" (...). P. Eutimio Martino, S.J., en carta personal del 27 de julio de 2013

El desafío del P. Eutimio Martino Redondo, S. J., el de corazón bueno y espíritu nuevo
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