Miércoles 19.12.2018

Jean Jaurès, el socialista irónicamente asesinado por su pacifismo

Nuestro filósofo y político francés luchó por apuntalar un socialismo humanista que, a la vez de ser ecléctico debía ser razonable y congruente, con autoridad entre los principios y los hechos para llevar a cabo los valores de esos principios.

El 31 de julio se cumplen cien años del asesinato de un político humanista al que se le reconoció su labor después de su muerte. La muerte de Jean Jaurès, el “más grande de los hombres de la Tercera República [francesa]” según León Trotsky, hizo que la política en Francia se apoderase de un extraordinario vacío. Era difícil llenar ese hueco con alguien con un perfil socialista, pacifista, y a la vez que fuese sensible a las necesidades de las clases más humildes; tres días antes había comenzado la salvaje Primera Guerra Mundial. Habiendo alcanzado a los diecinueve años el primer puesto para la entrada en la Escuela Normal Superior de Filosofía del Barrio Latino de París, y conseguido por oposición con el tercer puesto tres años más tarde la cátedra de Filosofía en la Universidad de Toulouse, intentó trasladar su formación humanista a la política. Evidentemente, no le fue fácil.

Su evolución le llevó hacia un socialismo humanista, mostrándose opuesto a cualquier cooperación ministerial con los grupos burgueses. Intentó agrupar a las diferentes familias socialistas, participando activamente, en 1901, en poner los fundamentos del P.S.F. De la misma manera, también fue fundador y director del periódico L’Humanité en 1904.

Su evolución le llevó hacia un socialismo humanista, mostrándose opuesto a cualquier cooperación ministerial con los grupos burgueses

Al año siguiente, se adhiere al congreso de la capital gala donde las distintas fuerzas del socialismo se unifican y fundan la S.F.I.O. -Sección Francesa de la Internacional Obrera-, que desaparecería en 1969 con la creación del actual P.S.F. Desde entonces, llegó a ser el mayor ascendiente entre los dirigentes del partido de los socialistas y, por otra parte también, uno de los hombres con ascendiente que destacaron por su ética y autoridad en la II Internacional.

Acepta únicamente del marxismo sus principios económicos, adscribiéndose a cierta corriente idealista que entendía el socialismo como una filosofía, sobre todo ética. Rechaza la dictadura del proletariado, pensando que el apostolado de ese socialismo humanista en el que creía era seguir lo que significó la Revolución Francesa, oponiéndose a la afirmación de que la clase obrera no tenía patria, pues estaba convencido de que los trabajadores, de la nación francesa al menos, gozaban de la “patria”, así de la cultura como de las tradiciones de las revoluciones de Francia.

En cuanto a su contribución militar, su principal tributo al pensamiento francés socialista fue El ejército nuevo, escrito en 1911, donde se opone al ejército convencional, y al procedimiento de reemplazo existente entonces en Francia, solicitando así la creación del nuevo ejército constituido por las clases populares, y dispuesto para defender a la nación ante una posible agresión.

En cuanto a su filosofía de la política internacional, fue un fiel defensor, como el ilustre pasiego Diego-Madrazo y tantos otros pensadores insuficientemente escuchados, del arbitraje, el único medio para estos socialistas de solucionar las rivalidades internacionales, llegando a ser símbolo del internacionalismo pacifista que seguía la clase trabajadora de Francia. El destino, a nuestros ojos, tiene también su ironía; en este caso trágica, la de que un pacifista sea asesinado por ello a manos de un ultranacionalista curiosamente llamado Raoul Villain. Tampoco este tenía la culpa de apellidarse de este modo; sí de que haya pasado a la historia por este magnicidio… No hay asesinato pequeño.

Nuestro filósofo y político francés luchó por apuntalar un socialismo humanista que, a la vez de ser ecléctico debía ser razonable y congruente, con autoridad entre los principios y los hechos para llevar a cabo los valores de esos principios. En su caso, un socialismo en donde se unían necesariamente internacionalismo y patriotismo, colectividad e individualidad, progreso y rebelión. A los veintiséis años es diputado por el centroizquierda y comienza a verse con autoridad en él algo que ahora está totalmente denostado, la entereza y el provecho del parlamentarismo para aliviar las condiciones de la clase trabajadora, dirigiendo el socialismo galo de una manera seria y rigurosa por cauces reglamentarios y de reforma.

Sin embargo, después de cuatro años es vencido y se entrega a su tesis doctoral acerca de “Los orígenes del socialismo alemán”. Eso y el que dos años antes escribiese en el diario La Dépêche du midi, su trabajo político como concejal y, más tarde, ser alcalde asociado para la educación pública en el municipio de Toulouse hicieron que se encauzase hacia el movimiento socialista. En este diario fue el combatiente contra el antisemitismo en el caso Dreyfus con “La cuestión judía”, así como el martillo de herejes de los escándalos de su tiempo con “Panamá” y “La República y los financieros”. Es el cronista de todas las luchas, pero su formación filosófica y su trabajo municipal para asuntos sociales, le hace ser por naturaleza el defensor atento de esa escuela que se fusiona con la República y que ilustra el proyecto de sociedad. Pero el artículo más célebre, el que a menudo se ha pedido que sea releído en las aulas de clase, es el que se titula “A los maestros y a las maestras”, del 15 de enero de 1888:

Por supuesto que se trata de aprender a leer y a contar, cierto, pero también y quizás sobre todo de aprender a ser ciudadanos y saber qué es una democracia libre. Y aún más de saber que los niños serán hombres y que deben tener una idea del hombre y de la especie humana
(Jean Jaurès (1988). Aux instituteurs et institutrices. En De l'éducation. Anthologie. Paris (2005): E. Nouveaux Regards.

Son palabras con plena vigencia hoy después de 130 años, y que aún hay quienes tratan de traerlas a discusión.

Jean Jaurès, el socialista irónicamente asesinado por su pacifismo
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