lunes 21.10.2019

La motivación: el crecimiento, la mejora y el aprendizaje

El procedimiento y la expresión en nuestro aprendizaje y en el de los alumnos obedece a una coordinación de diferentes componentes y elementos de entendimiento, cultura, competencia, y de sensibilidad y naturaleza psicológica. De esto trata precisamente la educación y la pedagogía.

“La psicología de la forma consiste en considerar los fenómenos no ya como una suma de elementos que han de ser, primordialmente, aislados, analizados y disecados, sino como conexiones (Zusammenhänge) que constituyen unidades autónomas, muestran una solidaridad interna y siguen leyes propias. De aquí que la forma de ser de cada elemento dependa de la estructura del conjunto y de las leyes que lo rigen”
Foulquié, P.: Psicología Contemporánea. Labor. Barcelona, 1965. P. 70.

EL APRENDIZAJE EN LA PSICOLOGÍA DE LA GESTALT

La imagen decisiva, y evidente, de la Gestalt (‘forma’, ‘configuración’) en el aprendizaje dice que los códigos de este no residen más que en ser una copia o reproducción  de los postulados que dirigen cualquier fenómeno perceptivo. Los seguidores de la Gestalttheorie, en alemán, expresan que la forma no estriba en la manera como se presenta externamente, sino en el montaje o ensambladura de cada parte y la interdependencia de las mismas; de esta manera, la Gestalt desarrolla el potencial humano, su memoria, sus reservas, su identidad y relaciones, su idealismo, sus saberes, su conciencia, sus competencias, su disposición, sus miedos,...

Así, tenemos cuatro principios en esta percepción gestáltica, muy significativos en el aprendizaje. Lo mismo que el axioma pedagógico de que "no hay escolares e hijos intratables y extraños, sino una formación contraindicada":

- Los factores iguales son aplicables más diligente, competente y ágilmente que los dispares a consecuencia de una justa Gestalt, estructura o configuración.

- La ‘educación’ de esas formas o configuraciones, para que sean cultivadas, se ampara en la cercanía, temporal y espacialmente. Por ejemplo, el atascamiento y atolladero de grabar e intentar procesar datos desvinculados espacial y temporalmente origina, sin más, una inutilidad perniciosa y adversa de este postulado.

El cerebro es tan moldeable y dúctil que los aprendizajes, destrezas, estudios y pruebas importantes que nos van sucediendo en nuestra vida se remodelan, se modifican

- Cuando nos hallamos ante un momento dificultoso -que, a veces, puede resultar extraordinariamente largo con nuestros alumnos-, estamos ante una afirmación gestáltica que ellos llaman "falta de cierre" o "cierre pendiente". Nuestro cerebro tiene, directamente, querencia a "cerrar". Es una motivación inherente y natural. A restañar y detener algo asentado -porque sigue agrietado o hendido-, algo "mal cerrado"; esto, en el aprendizaje, tiene una importancia fundamental, y así podemos toparnos con el conocido "efecto Zeigarnik", que es la mejor virtud para retener, educar y motivar quehaceres parciales e incompletos, direcciones inacabadas, dificultades sin solucionar, problemas con finales difusos o sin rematar. ¿Quién no ha asistido alguna vez a la perorata poética -más bien, prosaica- de alguien que retuvo, desde su infancia, unos versos o una frase en latín o griego y que, sin venir a cuento, reproduce todo su repertorio sin ton ni son, de corrida y sin saber lo que está significando? No puede haber comunicación: no se cerró en condiciones aquella destreza infantil. Lo mismo que aquella mula “Francis” que nos deleitaba en un circo de nuestra niñez sumando, con patadas en el suelo, no la suma que se la pudiera preguntar, sino respondiendo a lo que su amaestrador la había entrenado. El órgano maravilloso del cerebro no está para aventuras inútiles, sino para crecer y seguir aprendiendo, pues, curiosa y contradictoriamente, su inactividad y monomanía le inducen con seguridad a la disminución de su capacidad y al abono de su ignorancia. Para Bluma Zeigarnik, por tanto, el cerebro no sostiene o no se conforma con que se quede a medias.

- La norma de la rutina sensorial o la "buena continuidad" encarna, en el estudio del aprendizaje, el poder de la conducta y método mentales, de los paradigmas habituales del pensamiento, de los sistemas intelectuales en cada contexto. O de la conmovedora llamada al impenetrable y hondo espacio de lo sutil, por ejemplo.

Los avances en la coordinación avanzan exponencialmente desde la edad de los bebés

Todo lo anterior viene a colación, dada la necesidad de reconsiderar -porque, seguramente, muchas veces lo hemos considerado en las reuniones de ciclo o en las del equipo docente; muy pocas o nunca, en las reuniones de claustro o en las de los Planes de Atención a la Diversidad o irónicamente en las de la CESPAD, la Comisión que elabora y hace el Seguimiento de ese Plan de Atención- que el procedimiento y la expresión en nuestro aprendizaje y en el de los alumnos obedece a una coordinación de diferentes componentes y elementos de entendimiento, cultura, competencia, y de sensibilidad y naturaleza psicológica. De esto trata precisamente la educación y la pedagogía. También, de que todas nuestras posibles circunstancias personales y de los alumnos van a intervenir, ayudándonos en nuestra manera de comprometernos, y así avalar, las diversas orientaciones, interpretaciones y lecturas formativas, didácticas y pedagógicas.

Evidentemente, los factores arriba indicados han de estar conexionados y compaginados, sin prelación alguna entre ellos. La explicación de Perogrullo es que todos son, por así decirlo, hardwares de nuestro cerebro. Este órgano tan maravilloso y complejo obra efectuando, a la vez, progresivas revelaciones y aprovechando averiguaciones mediante la conexión de pautas y ejemplos ya comunicados o tratados con anterioridad; es tan moldeable y dúctil que los aprendizajes, destrezas, estudios y pruebas importantes que nos van sucediendo en nuestra vida se remodelan, se modifican y se van reajustando continuamente si hay necesidad de ello. Es, precisamente, este recurso de aclimatación sostenible y sostenido el que va a posibilitarnos aprender mientras sigamos vivos, es decir, mientras nuestro cerebro siga funcionando. En esto pueden apreciarse colosales consecuencias formativas y pedagógicas: entender que el cerebro es dúctil y maleable, que podemos originar y formar otras neuronas más jóvenes en principio o que las capacidades intelectuales tienen la cualidad de ser dúctiles y elásticas establecen y estructuran un paso que redescubre la aspiración y la fe ya que concede poder aumentar y realizar lo que la  doctora y profesora Carol Dweck califica en su libro "Mindset: La nueva psicología del éxito” como “mentalidad de crecimiento” frente a la “mentalidad fija”. Es la que nos deja resistir de una manera especial y destacada los desafíos, al sentir y hacer propio que nuestras competencias particulares e individuales, y las de nuestros alumnos, son susceptibles de agigantarse, de ampliarse y de avanzar, porque la mejora constante e invariablemente tiene cabida, debemos aceptarlo así porque es un hecho demostrado, y es viable de todo punto, enteramente, sin que falte nada más. Ya que, por ejemplo, los avances en la coordinación avanzan exponencialmente desde la edad de los bebés.

La motivación: el crecimiento, la mejora y el aprendizaje
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