sábado 04.04.2020

‘Nuestro último verano en Escocia’, una comedia actual, educativa y educadora

La película está clasificada en el género de la comedia, pero, siendo justos, en el de la comedia dramática. Como la vida misma, una comedia y un drama. Y, a veces, una tragedia. ¿O no es una mayor o menor tragedia el que, al menos, sí te hayan enseñado mayormente a ser hijos, pero no a ser padres?

“Nadie te enseña el impacto de tus decisiones”
Rosamund Pike, 
actriz en esta película, en una entrevista

Pudiera parecer que sus palabras, que no tienen que ver para nada en el filme británico ‘Nuestro último verano en Escocia’, por el contrario sí lo tienen. La vida, nuestra historia, está llena de decisiones que nadie nos ha enseñado a tenerlas ni a llevarlas a cabo. Y las vamos aprendiendo, muchas veces por ensayo y error. Siempre nos quedará el dilema de si es o hubiera sido mejor haber introyectado esos aprendizajes de una manera directa, por ejemplo, de nuestros padres y nuestros seres queridos y ascendientes o si, al contrario, es más lógico, humano y educativo hacerlo a golpes, como en la ‘formación’ del pícaro lazarillo, el de Tormes, o la de Antoine Doilnel, el adolescente desdeñado, despreciado y aborrecido desde la cuna en ‘Les quatre cents coups’, de F. Truffaut.

Rosamund Pike (Londres, 1979), actriz en alza, conocida, entre otras cintas, en la representación de Jane Bennet, en Orgullo y prejuicio (2005), tuvo su primera educación escolar en Bristol, prosiguiendo sus estudios de literatura inglesa en Oxford. De padres músicos, es una virtuosa celista. Rosamund sigue aumentando su predicamento, después de haberse asomado en papeles más secundarios, como en el de Abi, en ‘Nuestro último verano en Escocia’, protagonizando a una madre de tres hijos, con problemas de pareja. No es por casualidad que el protagonismo en esta película recaiga en esos tres niños y en ningún adulto, salvo en el abuelo.

“LO QUE PASA EN LA FAMILIA SE QUEDA EN LA FAMILIA”

Esta película, como digo, es educativa. Está conducida por esos tres raros y originales hijos, que también se muestran admirables y fascinantes. En medio del agobiante y perjudicial estrés que invade al matrimonio, los niños son una isla hermosa que sus padres no ven, que sus padres no abordan y que solo reparan en ella en una relación pueril y de poco respeto: sus ascendientes se han estancado en la formación de sus críos, algo o mucho se han perdido en su evolución vertiginosa, como es la de la niñez, y les siguen tratando con una educación negativa, incomprensible y ñoña. Afortunadamente, el necesario viaje a Escocia, en donde reside el abuelo, va a ser la tabla de salvación para los niños. Dicen que los niños y los abuelos, como en un icónico eterno retorno, se parecen y que, por lo tanto, empatizan más y mejor que con otras edades, dándose normalmente la situación de acogerse a sagrado en esa relación nietos-abuelos, cuando han de huir de dificultades complicadas de desagraviar. 

Los niños, como siempre, se adaptan a la nueva situación inteligentemente, como solo ellos saben hacerlo

El reencuentro de toda la familia con Gordie, el abuelo [Billy Connolly], va a dar un cambio radical al sórdido ambiente familiar de los niños y, más tarde, al de sus padres y demás adultos en la reunión. Los niños, como siempre, se adaptan a la nueva situación inteligentemente, como solo ellos saben hacerlo, y lo que deberían ser unos momentos de ocio y descanso, de disfrutar del apreciado y necesario dolce far niente, lo van a ser así por parte de los niños. Los adultos, más renuentes al cambio, seguirán dormidos con sus equívocos forzados, con sus inseguridades apetecidas en cuya corriente parecen nadar plácidamente y sin la menor intención de tender puentes inclusivos y, por consiguiente, embarrados en las peleas, en agudizar la discriminación, la pérdida de enfoque y la desunión. Curiosa y paradójicamente, serán los niños, los más débiles, quienes salvarán a la familia de esas manías y paranoias, reconvirtiendo sus modos de actuar y sus conductas en una carrera, antes de que sea demasiado tarde, hacia lo verdaderamente serio y fundamental.

La película está clasificada en el género de la comedia, pero, siendo justos, en el de la comedia dramática. Como la vida misma, una comedia y un drama. Y, a veces, una tragedia. ¿O no es una mayor o menor tragedia el que, al menos, sí te hayan enseñado mayormente a ser hijos, pero no a ser padres? Como dice la actriz Rosamund en otro contexto, “nadie te enseña el impacto de tus decisiones”, sencillamente porque nadie nace enseñado ni a nadie se le enseña a tomar decisiones, al ser estas únicamente personales. Y a eso, uno aprende solo, como en todo. Es el mejor y más genuino aprendizaje.

LOS NIÑOS IMPREVISIBLES

En ‘Nuestro último verano en Escocia’, sus directores y guionistas, Andy Hamilton y Guy Jenjin, aplican, con habilidad, el ritmo propio de la comedia. Hasta la década de los 50s del siglo pasado, este género se singularizaba por una conveniente amalgama de cinematografía significativa y genéricamente popular, destinada al gran público, y de pensamiento y especulación sobre la sociedad y el siglo en que vivía; y así, a partir de momentos y lugares sorprendentes y de ocurrencias entre la gentileza y el candor, alcanzaban y se bastaban para tener pinchazos y picaduras de una terrible oscuridad y noche.

Es apta para todos los públicos, padres, educadores, niños desde los ocho años hasta los noventa y pico y más. Porque, además de que las interpretaciones, que ciertamente suenan por sí solas y son imprevisibles, pueden llegar a ser deslumbrantes -concretamente, las de los niños- y de que las reacciones, cuando el hilo conductor está en modo comedia, sean aparentemente irreflexivas, como las de los niños en general, el compás y la cadencia, cuando cambia al modo dramático, se hace más inerte y mecánico. Todo ello hace que esta obra cinematográfica llegue a disfrutarse de cabo a cabo, y con el elegante humor inglés, reír, sonreír y reír a risa tendida, el espectador lo tiene sumamente garantizado. 

‘Nuestro último verano en Escocia’, una comedia actual, educativa y educadora
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