miércoles 29.01.2020

Los orígenes de la matria del genio Van Gogh

Pasó de un estado personal y artístico de observación a un horizonte de saber lo que quiere, y ser consecuente con lo que, para él, es el arte.

"Si nos perfeccionamos en una sola cosa y la comprendemos bien, adquirimos por añadidura la comprensión y el conocimiento de muchas otras cosas".

"Las pequeñas emociones son las grandes capitanas de nuestras vidas y las obedecemos sin saberlo".

"Desde luego que para el arte, donde se tiene necesidad de tiempo, no estaría mal vivir más de una vida".

(Citas de Vincent Van Gogh)

Podría resultar difícil resumir la vida tan densa de un artista (Groot-Zundert, Países Bajos, 1853 - Auvers-sur-Oise, Francia, 1890) todo emoción, en el tan corto espacio de tiempo que tuvo para vivirla, treinta y siete años, y del que se cumplirá en julio del año que viene el 130º aniversario de su muerte. Él, siempre ávido de sensaciones y de poder llevarlas al lienzo, no precisó del tiempo necesario para ello; él, para quien “el arte es el hombre agregado a la naturaleza”, defendiendo que el lenguaje del pintor había de ser el de la propia naturaleza, no tuvo una muerte natural, con el sentido que se le daba a este término en el siglo pasado; la suya fue una muerte antes de tiempo. Y, sin embargo, su vida fue muy intensa.

Poco antes de cumplir sus treinta años comienza su vocación artística, aliviar a los humanos por medio de su pintura

Una vida intensa si la restamos, además, sus grandes períodos de crisis en los que no pintaba. Intensa porque, cuando pintaba, lo hacía compulsivamente, hecho un fuego, sobrado de pasión, a toda furia…, quizás para recuperar el tiempo perdido en que tardó en pintar. Hasta la edad de los veintisiete años nunca había cogido un pincel y en solo nueve años, hasta su muerte (1881-1890) realizó todo su oficio de pintor y dibujante, casi un millar de pinturas y más de mil seiscientos dibujos. Pasó de un estado personal y artístico de observación -a los dieciséis años trabaja en una galería de arte de París en La Haya; cuatro años más tarde, en la misma galería en Londres; al año siguiente, ya en París, en donde permanece un año hasta que abandona y vuelve a Holanda- a un horizonte de saber lo que quiere, y ser consecuente con lo que, para él, es el arte. Tenía veintitrés años.

Desencantado del mundo de los marchantes, decide hacerse predicador metodista, como su padre. No era de recibo que sus gustos terciasen en las ventas programadas. Así, para poner en práctica su ayuda a los demás, vive durante dos años con los mineros del carbón en el Borinage, en el suroeste de Bélgica, tomando conciencia del sufrido y agotador modo de vida de los trabajadores, hasta que la Escuela de Evangelización lo destituye por su desbordante participación e integración. Poco antes de cumplir sus treinta años comienza su vocación artística, aliviar a los humanos por medio de su pintura. Y lo hará sin desmayo, con frenesí.

Un año después de su partida del Borinage, Vincent plasma sus recuerdos con The Bearers of the Burden ("Los portadores de la carga"), en 1881. 

Vuelve a la naturaleza, a su propia tierra, a su matria, para reencontrase con su lugar interior. El instrumento, la pintura. De 1883 a 1885 reside y trabaja en Nuenen, a unos 100 kilómetros de Zundert, su villa natal, y pinta en siete momentos diferentes de luz el molino de Roosdonk, una de sus primeras obras pictóricas.

Los prebostes de la comunidad no asumieron los motivos de su pintura, percibiendo en sus escenas una condena de las desigualdades

En Bravante Septentrional, una provincia entre las doce que forman los Países Bajos, el pintor va a quedar prendado del campo. Sus gentes son las que van a caracterizar su obra original, y siempre llevando con pasión a la tela esa naturaleza-madre en donde nació y habitó en su juventud, y aprendió a sentir el color y la forma. En sus primeras pinturas se ve el peso del naturalismo de Zola y su arrojo frente a los abusos sociales.

De las ochocientas cartas que Vincent escribe a su hermano Théo -su valedor, junto con la mujer de este-, en una le dice respecto a "Aldeanos comiendo patatas" (1885):

"He puesto mi mayor empeño en que al contemplar el cuadro se piense que esa gente bajo la lámpara, que come sus patatas, metiendo las manos en el plato, ha trabajado con esas manos en la tierra; mi cuadro exalta, pues, el trabajo manual y el alimento que ellos mismos se han ganado con toda honestidad (...). Pero el que prefiera ver aldeanos almibarados, allá él con sus pensamientos".

Esta es su obra maestra en Nuenen en donde deja de pintar del natural. Comienza a pintar de memoria, influenciado por Delacroix. Es su surgimiento, el brote de su arte: siempre el paisaje y los labradores.

Otra es "Congregación saliendo de la Iglesia Reformada de Nuenen" (1884) o "La vieja torre de Nuenen con un labrador" (1884). Asimismo, "Hombre y mujer plantando patatas" (1885). Y "Campesinos sembrando patatas" (1885). Como se puede apreciar, el tema campesino fue, para él, una obsesión.

SUS MARCOS FAVORITOS

¿Hubiera pintado en otro lugar de infancia y juventud? Quizás no. Otra cosa es que su obstinación por los temas sociales no habría variado. El hecho es que los prebostes de la comunidad no asumieron los motivos de su pintura, percibiendo en sus escenas una condena de las desigualdades. Su espíritu expansivo decide trasladarse a París. Aparentemente no va a estar solo (Toulouse-Lautrec, Seurat, Pizarro,…); su estilo se hace postimpresionista, es independiente para desfigurar sus temas e impulsar así lo que quiere expresar, identificando sobradamente también la utilización del cromatismo puro. Su carácter obsesivo nunca le va a abandonar, siendo causa de muchas y fuertes discusiones con sus colegas, y con Gauguin, en Arlés.

La pintura le sirvió para ahuyentar sus fantasmas que no siempre podía dominar. Ellos acabaron con él.

Los orígenes de la matria del genio Van Gogh
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