viernes 23/10/20

Ramón María del Valle-Inclán, el transgresor por antonomasia

Emocionalmente, era un personaje ardoroso y, también, con una constante animosidad. Se entusiasmaba continuamente, sin parar, como una cinta transportadora Sin-fin que va girando continuamente. Y, al mismo tiempo, resultaba un hombre sociable cuando le era posible limar todas sus acritudes, y brumoso en sus juicios.

LA JUVENTUD

En general, sí. Si descendemos a lugares concretos y no baladíes, no tanto. Ser transgresor no dejaba de ser en él un hábito que, bien como ideario, bien para ocultar puntualmente lo que le viniese en gana, le facilitó forjarse una personalidad bien definida. Ramón del Valle-Inclán (Villanueva de Arosa, Pontevedra, 1866 - Santiago de Compostela, La Coruña, 1936) no tuvo demasiada buena disposición para los estudios reglados, siendo siempre un defensor denodado de su libertad, por lo que a la muerte de su padre, cuelga los estudios y marcha a México a los veintiséis años, siendo periodista de tres periódicos en su corta estancia de poco menos de un año. "Cada día es usted -le recriminaban- menos periodista". Y, así, dejó de firmar las bonachonas noticias para los españoles establecidos en el país, sin haber pasado un mes tras su primera publicación. 

Valle no atiende debidamente sus compromisos como escritor en los periódicos y es común en él no terminar lo que empieza

Valle no quiere ser escritor de ecos de sociedad, deja así de remitir originales, todo por su independencia no exenta de desorganización y aventura; la situación era tal que, para no secundar con su firma ese género periodístico, "estaba dispuesto a cualquier cosa, incluso a volver a humillarse (...) y solicitar una recomendación para que le alistaran en las tropas que iban a luchar contra los pobres indios yaquis" [J. García Velasco, (2000): Valle- Inclán en su camino de Damasco. El primer viaje a México. En Margarita Santos Zas et als. (Eds.),  Valle-Inclán (1898-1998): Escenarios (págs. 58-71). Santiago de Compostela: Universidade, Servicio de Publicaciones e Intercambio científico]. Valle no atiende debidamente sus compromisos como escritor en los periódicos y es común en él no terminar lo que empieza, y pasa este período con más pena que gloria. No obstante, el vilanovés, en su propio 'camino de Damasco', se inclina por desempeñar un trabajo cualquiera que le dé una manutención con la condición de no resultar menoscabada su actividad imaginativa y de creación. 

Así, lo que supuso una recesión, un desequilibrio, en El Imparcial de Ciudad de México, va a ser en La Crónica de Veracruz un comienzo de dar respuestas y soluciones al estado al que había llegado. El fruto de este esfuerzo será la edición de Sonata de Otoño (1902). Y con lo que se le ha caracterizado en su juventud, una vida atropellada, un tanto confusa y bohemia, le va a perseguir a medida que iba pasando el tiempo.   
 
LA MADUREZ

Ramón era transgresor, y también provocador. Convencido de estar poseído de la verdad y del mando, cualquier cosa le podía servir para no pasar desapercibido. Miguel Ángel García de Juan, estudioso e investigador de Pío Baroja, nos refresca el carácter tergiversador, locuaz y lenguaraz que profesaba el gallego. Comentando una cita de Miguel Pérez Ferrero -biógrafo de don Pío-, nos da cuenta del espíritu explosivo y fantasmal de Valle ante cualquier emergencia o incidente, adecuando y adornando la realidad según le convenía o le viniese en gana, "tal como sucedió con un homicidio (...) contemplado por él y por Baroja (...). Pues bien, el escritor gallego transfiguró los hechos contando que lo ocurrido había sido un intento de asesinato que él evitó al arrebatar el arma al atacante, y que, tras desarmarlo, se dirigió a los curiosos transeúntes con un discurso. No conforme con lo inventado hasta aquí, añadía que Baroja había huido del lugar aterrorizado, falsificación que molestó considerablemente a don Pío (...)" [M. Á. García de Juan, (2011). Coincidencia y diferencias en la vida y en las ideas entre Ramón María del Valle Inclán y Pío Baroja (págs. 485-522). San Sebastián: Boletín de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, LXVII, 1-2].   

Pasaba la mayor parte del tiempo residiendo en la bohemia y en el abandono

Emocionalmente, era un personaje ardoroso y, también, con una constante animosidad. Se entusiasmaba continuamente, sin parar, como una cinta transportadora Sin-fin que va girando continuamente. Y, al mismo tiempo, resultaba un hombre sociable cuando le era posible limar todas sus acritudes, y brumoso en sus juicios. Por otra parte, era de las personas que son capaces de lograr todo a lo que aspiran. Fuera de sí, debido a un denuedo sobrehumano, pasaba la mayor parte del tiempo residiendo en la bohemia y en el abandono. 

Mordaz en la mayoría de sus obras, creó el esperpento en Divinas palabras (1919), Luces de Bohemia (1920) y Martes de Carnaval (1930), una perspectiva desfigurada de la existencia española con la que agudiza sus supuestos claves y graves al desenmascarar su carácter más risible y burlesco. Cuando en Luces de Bohemia el protagonista Max Estrella ha muerto, los dos sepultureros reflexionan delante de la tierra que acaban de apisonar, refiriéndose uno al difunto y afirmando: "Los papeles lo ponen por hombre de mérito." A lo que el otro enfatiza: 

"En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo." 
Luces de Bohemia, Escena decimocuarta. 

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