Miércoles 14.11.2018

¿Guerra de banderas?

Parece que los sindicatos se aferran a su tradición, UGT y CCOO "son los representantes de los trabajadores y de los/las pensionistas" y eso tiene que notarse. No aceptan que otros movimientos más espontáneos les quiten su protagonismo. Y el espectáculo está servido.

Los y las pensionistas siguen movilizándose. Acuden a distintos llamamientos, dócilmente, unos, activos y decididos, otros. Quienes los observan desde fuera, se preguntan por qué no van todos a una. Conseguirían más fuerza. La respuesta más recurrente es la de siempre: los sindicatos lo estropean todo. Quien esté siguiendo un poco el debate creerá que la cuestión está en si "se pueden llevar banderas o no". Parece que los sindicatos se aferran a su tradición, UGT y CCOO "son los representantes de los trabajadores y de los/las pensionistas" y eso tiene que notarse. No aceptan que otros movimientos más espontáneos les quiten su protagonismo. Y el espectáculo está servido.

¿Realmente son las banderas el problema?

Está claro que no.

La respuesta más recurrente es la de siempre: los sindicatos lo estropean todo

El problema viene de que la gente, los y las pensionistas han salido a la calle antes que los sindicatos, sin que los sindicatos los convocaran. Han salido espontáneamente, cansados ya de esperar, cargados de indignación, agobiados por su situación que empieza a ser insostenible.

Salen a la calle inicialmente porque el 0,25% que le sube el Gobierno a su pensión lo consideran "una mierda". La gente, mayoritariamente se mueve por cuestiones concretas. Reivindican que las pensiones se actualicen conforme suba el IPC (incremento de precios al consumo). Pero, a medida que van juntándose en la calle, unos y otras descubren que con eso no se termina el problema, que han perdido poder adquisitivo durante años y lo quieren recuperar, que no les aseguran que la cosa no vaya a ir a peor, que también tienen que pensar en los que vienen detrás, en los que están a punto de jubilarse y en los más jóvenes que, de seguir así las cosas, lo más probable es que no lleguen a tener una pensión.

Este movimiento espontáneo tiene la fuerza que da el ir descubriendo las cosas "desde abajo", en grupo, colectivamente, conversando, y en términos que ellos y ellas entienden, porque no son profesionales ni de la política ni del sindicalismo, que reflejan la realidad que es su vida misma. Y se mueven con ánimo y con esfuerzo. No cuentan con medios ni organización suficiente para hacer que el movimiento crezca. Pero, aún así, el movimiento crece.

Y cuando todo esto está ocurriendo, vienen los sindicatos, UGT y CCOO, y quieren ponerse al frente de la manifestación y apabullar con sus banderas. Olvidan que la gran mayoría de los trabajadores y trabajadoras no están afiliados. Y, lo que es peor, siguen ciegos ante la realidad, no quieren ver que, de un tiempo a esta parte, mucha gente se está poniendo en marcha, por distintas razones, sin esperar a que los sindicatos o los partidos los convoquen. Incluso rechazando que los convoquen. Olvidan que los más de 8,5 millones de pensionistas son de todos los colores, pero les une una realidad que, para ellos y ellas, es incuestionable, y que está por encima de la manera de pensar, de la diferencia de género, de origen o de raza, y que es la constatación de que los gobiernos sólo se acuerdan de ellos cuando vienen las elecciones, y que son los paganos de la crisis. Cuando todo esto lo tienen tan claro, discutir si hay que llevar o no banderas a las manifestaciones les saca de sus casillas.

Es mucho más lo que se pide y que el Pacto de Toledo no contempla

Pero, ¿realmente son las banderas las que dividen a los pensionistas? Está claro que no.

Lo que divide a las distintas plataformas y los sindicatos es que éstos, UGT y CCOO, son cómplices, artífices de la situación actual, porque ellos firmaron con Zapatero y la CEOE el acuerdo que es origen de lo que ocurre ahora, y sobre el que el PP, después, basó su nueva reforma, más perjudicial aún para los y las pensionistas. UGT y CCOO no quieren que los pensionistas les recuerden esa realidad. Y, en vez de reconocerlo y justificarse, tratan de ocultarlo con las banderas. Sería importante que UGT y CCOO apoyaran con su trabajo, sus medios y capacidad de convocatoria, este movimiento abierto de los y las pensionistas. Pero sin protagonismos. Lo agradeceríamos todos. Es entendible que no quieran distanciarse del PSOE porque lo consideren necesario para intentar un cambio, pero eso no justifica que no reconozcan su error pasado, como debería reconocerlo el PSOE. Y que se dejen del Pacto de Toledo, que no se alcanzó para beneficiar a los pensionistas, sino para que el tema de las pensiones no lo utilizasen los partidos electoralmente. Es mucho más lo que se pide y que el Pacto de Toledo no contempla.

Hay cosas que, de unos años para acá, claramente están cambiando. La gente no espera a que los partidos y sindicatos les digan cuándo tienen que salir a la calle y por qué motivo. Es posible que, por movilizarse de forma espontánea, instintiva, por reclamar cosas muy concretas y porque las consigan o, simplemente por cansancio, su marcha no dure mucho tiempo. Todo dependerá de lo claros que tengan sus objetivos, de su alcance y de cuánto logren organizarse. De cualquier manera, son movimientos a respetar y a apoyar.

Y, quien no sea capaz de comprender esto que está pasando, poco porvenir tiene por delante.

¿Guerra de banderas?
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