martes 07.07.2020

De mi memoria ya evanescente: IX. Barrio-Mira, retrato de una familia obligada al exilio

Como la guerra continuaba avanzando en medio de un ambiente de extrema violencia, Apolo vio la necesidad imperiosa de evacuar a su familia hacia Levante, donde ya se encontraban los abuelos maternos. Y en un barco, rumbo a Burdeos, partieron desde Santander Raquel, su hijo Yankel y sus hermanos Esther y José, reviviendo en parte la aventura que la familia había protagonizado al cruzar el océano desde Argentina.

Sin duda, la anterior evocación de la personalidad de Leopoldo Rodríguez Alcalde y mis relaciones con él, por necesidades de espacio habrán dejado inéditos muchos flecos que irán reapareciendo desde el borde de una memoria iluminada con destellos intermitentes. Uno de tales es el correspondiente a un personaje hoy prácticamente desconocido entre nosotros, salvo para Fernando de Vierna y para mí mismo. En mi caso, motivado por una conversación mantenida precisamente con Polín hace ahora casi cuarenta años.

Una conversación y un malentendido, subsanable gracias a la precisión de una tercera persona, acompañada por ampliaciones informativas destinadas a recuperar para la memoria colectiva la historia de una saga familiar. Me explicaré, porque a medida que sigo escribiendo compruebo que el ramaje me esconde la posibilidad de llegar de una vez por todas al meollo de la cuestión, que no es otro que hablar del matrimonio formado por Apolo Barrio Gancedo (1907-1961) y Raquel Mira Marañón (1914-2009), a quienes en una entrega anterior ya cité, aunque entonces lo hiciera de pasada.

Fue en la tertulia de la Cafetería Frypsia donde tuve constancia de la existencia real de una persona cuyo nombre bien podía obedecer a un seudónimo literario, como literaria era su presencia en algunos periódicos de los años de la Guerra Civil y aún anteriores, firmando composiciones poéticas: especialmente en La Región, periódico de izquierdas.

Apolo y Adonis son una misma persona, poseedora de ambos nombres para mejor reivindicación del culto a los dioses del Olimpo

El fragor de los intercambios dialécticos y la pronunciación inarticulada de Polín me dieron a entender que al tal Apolo le había visto portando una banderola al frente de una manifestación que discurría por el Paseo de Pereda, precisamente ante el edificio en el que nos encontrábamos, justo donde estaba situada la vivienda ocupada por la familia Rodríguez-Alcalde en el número 20. Sería un Primero de Mayo o un 14 de Abril y no iba solo, puesto que le acompañaba una multitud y también, creí entenderle, otro manifestante llamado Adonis. Amaya Barrio Mira, la hija de Apolo, y una requisitoria documental de los jueces franquistas me aclaran que Apolo y Adonis, por increíble que pudiera parecer, son una misma persona, poseedora de ambos nombres para mejor reivindicación del culto a los dioses del Olimpo.

Adonis Apolo Barrio Gancedo era, además de funcionario judicial, poeta, comunista y componente de la Unión de Escritores y Artistas Revolucionarios (UEAR), junto con Pío Muriedas, Antonio Quirós y un etcétera creativo. De sus dos onomásticos bien puede colegirse la cualidad laica de la educación proporcionada por sus progenitores. Según también me comunica su nieta, el abuelo Guillermo Barrio Vicente (1882-1954) era santanderino de nacimiento y músico de la Banda Municipal, ostentando en el año 1934 la vicepresidencia del Partido Republicano Radical, una escisión local del Partido Radical fundado por Alejandro Lerroux (1884-1949), mientras que su  consuegro José Mira Gilabert (1880-1942) tenía a su cargo el puesto de bibliotecario. Apolo se encargaba de la sección juvenil del partido, proporcionando todo ello a la organización un cierto color familiar. 

Apolo Barrio Gancedo Foto Archivo familiarApolo Barrio Gancedo | Foto: Archivo familiar    

Tanto Apolo como su hermano Liberto (muerto en el frente de guerra en 1937) habían cursado estudios en la Escuela Laica dirigida por las hermanas Amelia y América Lavín Aspiazu, las cuales acabarían en el exilio argentino. Y fue en sus dependencias donde, el 14 de abril de 1931, en el transcurso de la celebración de una fiesta, las maestras presentaron a Apolo a otra antigua alumna de nombre Raquel Mira Marañón. El flechazo debió ser inmediato o casi inmediato porque durante la conmemoración republicana del año siguiente ambos se comprometieron y contrajeron matrimonio el 15 de diciembre de 1932, naciendo en 1933 su primogénito: José Guillermo Yankel, largo nombre que, además de recoger el de sus abuelos, junto al de su madre Raquel y el de su tía Esther parece indicar antecedentes familiares de origen hebreo.

Raquel había nacido en Buenos Aires el 26 de enero de 1914, pero solamente unos pocos meses permaneció en suelo argentino, puesto que la familia decidió regresar a España coincidiendo con la Primera Guerra Mundial; la madre lo haría con sus dos hijos de corta edad, y el padre, ocupado en liquidar sus negocios, la seguiría con posterioridad. Trinidad Marañón Gómez (1887-1975) y sus dos hijos hicieron el viaje con un pasaje de tercera, lo cual suponía alojamiento en las bodegas y un gran temor a los bombardeos durante toda la travesía marítima. Aunque apenas había durado seis meses su estancia argentina, para Raquel este dato aparentemente anecdótico no será baladí transcurridos más de treinta años.

Ambos habían emigrado con sus respectivas familias a Uruguay, donde se conocieron y contrajeron matrimonio

Tanto su padre como su madre eran emigrantes españoles: él un empresario de procedencia alicantina, y ella una modista de origen trasmerano. Ambos habían emigrado con sus respectivas familias a Uruguay, donde se conocieron y contrajeron matrimonio el 15 de diciembre de 1910, naciendo allí su primogénito José Mira Marañón (1911-1968), poco antes de trasladarse a la República Argentina, donde en la provincia de Avellaneda nacerá su primera hija hembra. Se reencontraron en Novelda (Alicante), estando a la espera Trinidad con sus hijos, y desde allí se trasladaron a vivir en Santander.

¿Por qué eligieron la ciudad de Santander para reiniciar su vida profesional? El hecho de que ella procediera de la antigua provincia de Santander fue decisivo, así como la circunstancia alicantina de José lo fue a la hora de inclinarse por la industria del dulce y fundar una fábrica de caramelos, que en las temporadas navideñas se ampliaba con la elaboración de turrones. El matrimonio y sus dos hijos se instalaron en la calle Sánchez Silva, desaparecida durante el incendio de febrero de 1941, y, al lado de su domicilio, en el número 7 abrieron la fábrica de caramelos que llevaría el nombre de La Raquel, en homenaje a su hija.        

Se daba a conocer un joven Apolo Barrio como ganador de un premio de poesía y autor de poemas en diversos recitales

Raquel y su hermana Esther (1920-2012) estudiaron inicialmente, como ya se ha dicho, en la Escuela Laica, situada en las proximidades de su vecindad. Entre los años cursos 1929-1931, Raquel cursó la asignatura de Dibujo Artístico en el Ateneo Popular, con el profesor Gabriel Taylor Quintana (1864-1945), obteniendo las calificaciones de Notable y Sobresaliente, respectivamente, como recoge Fernando de Vierna en su libro Ateneo Popular de Santander (2014). Por esas fechas, y en la misma entidad cultural, se daba a conocer un joven Apolo Barrio como ganador de un premio de poesía y autor de poemas en diversos recitales. Después, ella entró a trabajar en el despacho de La Raquel con sus padres y hermano; en los años siguientes contrajeron matrimonio y tuvieron su primer hijo.

Raquel con 12 años y Esther con 6Raquel con 12 años y Esther con 6

Durante la Segunda República Apolo se distinguió como persona de izquierdas y, cuando empezó la Guerra Civil, se alistó  voluntario para combatir en el frente a los sublevados. Sus poemas aparecerían en las páginas del diario La Región, y entre ellos figuraban un romancillo dedicado a Pasionaria y una elegía a "A Federico García Lorca"; ambos serían recitados por la actriz alicantina Rosa Gil Benavent en la Fundación Bruno Alonso, coincidiendo con la clausura del III Congreso del Exilio Republicano, celebrado en 2019.

Empezó muy joven a trabajar en el juzgado, compaginándolo con sus estudios de leyes. Hizo en Burgos las oposiciones a juez, que sacó a la primera convocatoria, y esperaría a cumplir 30 años para poder ejercer, limitándose mientras tanto al puesto de secretario judicial. En su juventud, Apolo frecuentó la amistad del doctor Bernardino Cordero Arronte (1895-1974), al que conocía por ser presidente del Partido Radical, y también de personajes como el boxeador cubano Pastor Milanés, el funcionario judicial Ricardo Guerra Albandoz, el editor Walter Lettau y su esposa Carmen Saiz, exiliado el matrimonio en Venezuela, y el magistrado comunista Luis Escobio Andraca (1896-¿?), exiliado en México, a través de quien posiblemente entraría a formar parte del PCE en el año 1937 y con el cual seguiría un itinerario similar durante los últimos años de guerra y la salida al exilio.

Walter Lettau , su esposa Carmina Sáiz y sus hijos Walter y RicardoWalter Lettau, su esposa Carmina Sáiz y sus hijos Walter y Ricardo

En 1937 se encontraba combatiendo en las líneas republicanas, donde, como recoge M. A. Solla Gutiérrez en su libro Días de fuego y sangre. La batalla de Santander (2019), obtuvo el grado de capitán-ayudante 2º jefe en el Primer Batallón del Regimiento Lenín, para el cual –apunta su hija Amaya- compuso el himno, letra y música, además de ser Comisario Político, llegando también a ostentar los galones de coronel...

Como tantos otros refugiados españoles, desde Burdeos siguieron en tren hasta Perpiñán y desde allí cruzaron la frontera con Cataluña

Como la guerra continuaba avanzando en medio de un ambiente de extrema violencia, Apolo vio la necesidad imperiosa de evacuar a su familia hacia Levante, donde ya se encontraban los abuelos maternos. Y en un barco, rumbo a Burdeos, partieron desde Santander Raquel, su hijo Yankel y sus hermanos Esther y José, reviviendo en parte la aventura que la familia había protagonizado al cruzar el océano desde Argentina. El haber nacido en Uruguay y Argentina facilitó la salida de los dos mayores, ya que José no tuvo problemas militares debido a su nacionalidad uruguaya. Como tantos otros refugiados españoles, desde Burdeos siguieron en tren hasta Perpiñán y desde allí cruzaron la frontera con Cataluña, descendiendo en ferrocarril hasta llegar a Alicante. En Novelda les estaban esperando los abuelos José y Trinidad, instalados en una finca familiar que tenían y donde pudieron pasar la Guerra Civil sin mayores sobresaltos. 

A la caída del Frente Norte, el capitán Apolo Barrio decidió hacer el mismo recorrido que su familia había hecho y unirse a ellos, saliendo desde Gijón hacia el puerto de Burdeos y volviendo a entrar en España por la frontera con Cataluña. Una vez en Levante, con los 30 años ya cumplidos, se incorporó a su trabajo de juez en la localidad alicantina de Elche. El 28 de marzo de 1939, cuatro días antes de finalizar oficialmente la Guerra Civil, Apolo salió desde el puerto de Alicante hacia Orán (Argelia), a bordo del Stanbrook como pasajero nº 1213 de los 2.638 viajeros que llevaba aquel barco de procedencia británica; casi al mismo tiempo salía desde Cartagena el diputado socialista cántabro Bruno Alonso González (1887-1977), Comisario General de la Flota Republicana. 

El Stanbrook (Lancer en la imagen) navegando en 1909.El Stanbrook (Lancer en la imagen) navegando en 1909 | Foto: Archivo familiar

Raquel pudo haberle acompañado pero, según su hija, Apolo no quiso hacer valer su autoridad para aprovechar esa posibilidad que se les ofrecía. Ella volvió a Santander con sus hijo Yankel para reincorporarse al trabajo en la industria familiar, trasladada en 1931 a la calle Fernández de Isla, 7 y 9, siguiendo un proyecto de edificación del arquitecto y teniente alcalde Mariano Deogracias Lastra López (1889-1955), convecino en el primer piso del número 9 y amigo de la familia, quien también partió con parte de su familia para exiliarse en Francia durante algunos años por haber pertenecido al Partido Radical-Socialista, otra escisión del Partido Radical.

Partido republicano Radical Foto Archivo familiarDocumento Partido Republicano Radical | Foto: Archivo familiar

En los años 30 habían dado comienzo las obras de urbanización de aquella calle y recuerdo el edificio desde mi primera infancia porque, debido a una travesura infantil que no viene al caso narrar, me veía obligado a pasar delante del mismo diariamente en mi camino hacia el Colegio de la Purísima Concepción, y seguramente el olor a dulce que de allí salía me compensaría de otros disgustos. 

La primera vez que Raquel volvió a la ciudad encontró su casa ocupada por un militar fascista

El negocio familiar de La Raquel permaneció cerrado durante la guerra y parte de la posguerra. La primera vez que Raquel volvió a la ciudad encontró su casa ocupada por un militar fascista; lo denunció y cuando al fin consiguió entrar en el piso, estaba completamente arrasado: se habían llevado todo lo que tuviera algún valor, tal como los regalos de boda de plata, relojes, joyas, cuadros, ropa, muebles, y lo poco que quedó había sido destrozado.

Raquel y Apolo en su casa de calle Gravina 13Raquel y Apolo en su casa de calle Gravina 13

El 28 de diciembre de 1942 murió inesperadamente en Novelda su padre. Según el testamento de José Mira Gilabert la propiedad fábrica quedó dividida en cuatro partes iguales, repartidas entre la viuda y los tres hijos. José Mira Marañón se hizo cargo de la dirección, se casó con Nieves Ruiz Lastra y ambos tuvieron cinco hijos: Mª Nieves, José, Raquel, Paloma y Ramón Mira Ruiz.

Conocí a Raquel y Paloma Mira Ruiz a finales de los años sesenta en las actividades del Ateneo de Santander. Eran dos inquietas estudiantes muy interesadas por las cuestiones sociales. Sin embargo, a su prima Amaya Barrio Mira no la he conocido personalmente hasta seis meses atrás y desde entonces hemos comenzado a establecer una comunicación regular desde la distancia geográfica, con la intención de recuperar la memoria colectiva de un periodo tan convulso de la vida española y, muy especialmente, de su propia experiencia familiar. A ambos nos une también la amistad con la profesora Francisca Kipa Amparán Cardín, condiscípula suya en las Teresianas, y que guarda para sí el dramático paralelismo de tener un tío fusilado, una tía encarcelada y otras dos exiliadas.

Por su parte, Esther Mira Marañón vivió durante la Guerra Civil y la postguerra entre Santander y Novelda, y al final en Elda (Alicante), donde falleció en el año 2012. Fue durante su estancia alicantina cuando conoció al que se convertiría en su marido, Antonio Valero Alberola (1916-1994), hijo de Daniel Valero, amigo y colaborador de Alejandro Lerroux en el Partido Radical. Contrajeron matrimonio en Santander y  tuvieron tres hijas.

Esther MiraEsther Mira  

Desde comienzos de los años 40, Raquel Mira Marañón había estado tanteando la posibilidad de salir de España para intentar reunirse en el exilio argelino con Apolo, pero eso era totalmente imposible con el régimen franquista del momento, así que en el año 1947 firmó una Declaración de Ausencia alegando no saber nada de su marido desde finales de marzo de 1939. Ya en 1948 acudió numerosas veces al Consulado de la República Argentina en Bilbao hasta que, una vez recuperada la ciudadanía, obtuvo su pasaporte, y, tras hacer no pocos trámites, pudo salir de España como ciudadana argentina, argumentando además ir en misión comercial de Caramelos La Raquel con destino Francia y Argelia.

Se desplazó hasta Valencia, viajando en barco hasta Argel. Y desde allí en tren hasta Orán, donde tomó un taxi para llegar a la pensión en la que vivía su marido. Por seguridad, no le había contado nada del proyecto del viaje, así que la sorpresa recibida por Apolo fue inenarrable...

En aquella pensión residieron durante unos meses, hasta que a instancias directas de Dolores Ibárruri Pasionaria, el Partido Comunista le puso una casa a Apolo Barrio Gancedo, en su calidad de Secretario General en Argelia. Allí vivieron los siguientes años y en diciembre de 1950 allí nació su hija Amaya, que recibió este nombre en homenaje a Amaya Ruiz Ibárruri (1922-2018), la hija de Pasionaria exiliada en Moscú, y, a modo de cierre de un episodio de su vida, el año pasado tuvo ocasión de visitar su antiguo domicilio con motivo de un viaje conmemorativo del efectuado por el barco Stanbrook en 1939.

Raquel, Apolo y su hija Amaya en Orán, 1951Raquel, Apolo y su hija Amaya en Orán, 1951

Apolo y su hijo Yankel no se veían desde 1939, cuando el padre había tomado el barco en el puerto de Alicante

En el año 1955 Raquel y su hija Amaya volvieron a Santander desde Orán para tantear la posible vuelta a España de Apolo, pero esto no sucedió hasta 1957, cuando el Régimen franquista promulgó la amnistía para todos aquellos que no tuvieran delitos de sangre, debido a lo cual en el mes de mayo la familia pudo finalmente reunirse en Madrid. Apolo y su hijo Yankel no se veían desde 1939, cuando el padre había tomado el barco en el puerto de Alicante. Desde esta vuelta ya definitiva, se instalaron en Santander, donde en el año 1961 murió Apolo, quien al no haber visto reconocidos sus derechos como funcionario judicial tuvo que trabajar en la empresa familiar, pasando a la vez a integrarse en el amplio grupo del exilio interior como tantos otros españoles. Su hijo se convirtió en ingeniero de Caminos, funcionario de la Diputación Provincial de Santander, además de profesor de la Universidad de Cantabria y, casado con Isabel Colongues Arenzana, tuvieron tres hijos.

En el año 1975 Raquel se trasladó a vivir a Málaga, con su hija Amaya, su yerno Publio Sanz Rodríguez (+2019) y sus nietas Amaya y Raquel, y allí murió el 14 de julio de 2009. Amaya había terminado en Málaga la carrera de Magisterio iniciada en Santander, ejerciéndola durante 38 años. 

Quedaba una asignatura pendiente para la familia de Apolo Barrio: la reivindicación de su papel en la Guerra Civil

Con la recuperación de la democracia, una vez fallecido el dictador, quedaba una asignatura pendiente para la familia de Apolo Barrio: la reivindicación de su papel en la Guerra Civil, el reconocimiento de los derechos pasivos de su función como secretario judicial y juez, además de su grado de capitán en el Ejército Republicano, en el cual, según su hija Amaya, había llegado a ostentar el grado de coronel: “Nos costó muchísimo, pero pudimos demostrar que llegó a capitán y a Secretario Judicial y le concedieron a mi madre las dos pensiones, civil y militar. Supuso una alegría inmensa para mi madre”, recuerda Amaya.

De su madre, heredaron la ideología progresista y el compromiso de reivindicar la figura paterna. Y con este motivo los Barrio-Mira aparecen en esta semblanza destinada a subsanar el hecho de no haber llegado a tiempo para formar parte del libro Mujeres de Cantabria en el exilio republicano (2020).   

De mi memoria ya evanescente: IX. Barrio-Mira, retrato de una familia obligada al exilio
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