martes 4/8/20

De mi memoria ya evanescente: XIII. Manuel Ciges Aparicio, Galdós y Santander

De la correspondencia incluida en el artículo mencionado se desprende que a pesar de la próxima ausencia de Ciges la relación entre ambos sigue vigente, si bien sea ya de carácter epistolar, entre París y Madrid, pasando por Santander. En ella puede comprobarse el interés de Ciges, y también de don Benito, por buscar editores en París para publicar la traducción de algunas de las obras del maestro.

En la madrugada del 5 de agosto de 1936 aparecía asesinado a las puertas del cementerio de Ávila el cadáver del periodista y escritor valenciano Manuel Ciges Aparicio (1873-1936): acababa de salir de la cárcel de la ciudad y tenía previsto viajar con su mujer y sus cuatro hijos a Cuba, donde el Gobierno de la República le había gestionado el nombramiento de Embajador.

Afiliado al partido Izquierda Republicana y persona de confianza del presidente de la República Manuel Azaña Díaz (1880-1940), hacía escasas semanas que había tomado posesión del cargo de gobernador civil cuando los sublevados dieron el golpe de estado y se hicieron con el control de la provincia abulense, cuya capital se encuentra a solo un centenar de kilómetros de Madrid.

Manuel Ciges AparicioManuel Ciges Aparicio

Manuel Ciges fue una de las muchas víctimas de la cruenta represión ejercida por los golpistas y sus seguidores en Castilla la Vieja desde los inicios de la sublevación militar. En su calidad de gobernador civil seguía la misma suerte que en Valladolid corrió su correligionario el gobernador cántabro Luis Lavín Gautier (1899-1936), fusilado el 18 de agosto de 1936 por los militares sublevados, y también la profesora de la Escuela Normal de Magisterio de Valladolid Aurelia Gutiérrez Blanchard (1877-1936), hermana mayor de la pintora conocida como María Blanchard (1881-1932), que fue asesinada por personas no identificadas y abandonado su cuerpo en las cunetas de la carretera con Salamanca, al igual que más adelante lo sería el joven natural de la localidad cántabra de Unquera Rodolfo Casanova Tebar (1913-1937), periodista, secretario y pariente del gobernador, asesinado a tiros por un grupo de los autodenominados “voluntarios de España”, cuyo cuerpo fue enterrado en el cementerio de Laguna.

Discurso del Ministro de Agricultura. Sentados a la derecha Serafín Alcover, presidente de la Diputación, y Luis Lavín Gautier, Gobernador civil de Valladolid. Fuente: Orosia CastánDiscurso del Ministro de Agricultura. Sentados a la derecha Serafín Alcover, presidente de la Diputación, y Luis Lavín Gautier, Gobernador civil de Valladolid | Fuente: Orosia Castán

La represión desatada en las tierras de Castilla, llevada a cabo principalmente por los voluntarios falangistas cuando actuaba como jefe provincial de las milicias o centurias José Antonio Girón de Velasco (1911-1995), quien llegaría a ser ministro de Trabajo en varios de los gobiernos de Franco (1941-1957), fue no solo prematura sino también muy cruel. El propio Girón se encontraba entonces detenido en la cárcel de Valladolid por delitos de violencia.

El gobierno de la República le envió a Santander para tratar de apaciguar las turbulentas aguas de la política regional

Conocía yo la personalidad de Manuel Ciges Aparicio debido a su paso por Santander durante los primeros meses del año 1936, a donde el gobierno de la República le envió para tratar de apaciguar las turbulentas aguas de la política regional, algo que no llegó a conseguir durante su breve estancia en el cargo, siendo trasladado a la provincia de Ávila y allí sustituiría al también escritor y correligionario suyo Antonio Espina García (1891-1972) al ser enviado al Gobierno Civil de Baleares, en cuyo cargo le sorprendió la sublevación y al final de la Guerra Civil fue condenado a muerte, pero la pena le fue conmutada por el cumplimiento de algunos años de cárcel hasta que consiguió salir al exilio mexicano, permaneciendo en el mismo durante cerca de dos lustros.

No había leído ninguna de las obras de la extensa bibliografía publicada por Ciges, tanto en novelas como, ensayos y traducciones. De algo más acerca de su trayectoria profesional tuve conocimiento gracias a una comunicación recibida de mi colega y ahora amigo el investigador Cecilio Alonso Alonso, biógrafo y estudioso del novelista, quien habiendo leído mi libro Los visitantes de San Quintín (1995), necesitaba ampliar la información acerca de las andanzas santanderinas de Ciges Aparicio. Porque no fue una, sino que por lo menos fueron dos, como pronto pude verificar, las estancias del periodista y prolífico escritor en Cantabria: la primera ya citada de 1936, y la otra, con mucha anterioridad, acaecida durante una parte del año 1906, cuando llegó para trabajar en la precaria redacción del efímero diario republicano y anticlerical La Montaña (1906-1907), ejerciendo a la vez de corresponsal en publicaciones de alcance nacional como España Nueva.

A través de la citada fuente supe también algo que, por desconocimiento, yo había obviado en mi libro: la relación profesional mantenida con Benito Pérez Galdós (1843-2020), su presencia en San Quintín y, por extensión, la amistad con el médico pasiego Enrique Diego-Madrazo (1850-1942), acerca de la cual ya se ha ocupado recientemente el cronista pasiego Javier Gómez Arroyo. Sobre todo ello ahora puedo abundar, merced al amable envío de un ensayo debido a la pluma de mi amigo Alonso, un pormenorizado trabajo de investigación que bajo el título de Galdós, Ciges Aparicio y el Doctor Madrazo…” verá la luz próximamente en las páginas del Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, bajo la dirección de nuestro común amigo el profesor González Herrán.       

Llega a Santander prácticamente expulsado y perseguido cuando cuenta en su haber con alrededor de media docena de libros publicados

En él se recoge, entre otras cuestiones, una crónica narrando la visita estival, quizás la última, efectuada por el periodista al Señor de San Quintín. Está fechada en el mes de agosto de 1907, y desconozco la frecuencia de las anteriores, a las cuales se alude cuando escribe “Suelo visitarle al atardecer y le encuentro siempre muy ocupado en el cultivo de su huerto. Este año me ha sorprendido no verle acompañado de su asiduo y lealísimo compañero”. Se refiere al perro, fallecido poco ha, mas ignoro, a su vez, si ambos escritores ya se conocían de tiempo atrás, desde los años madrileños, lo cual no sería extraño debido al interés de Ciges Aparicio por cuanto se relaciona con la literatura así como la posibilidad de alguna coincidencia en la redacción de España Nueva, la misma publicación que le enviará como corresponsal a la cuenca minera de Mieres para seguir las consecuencias de la represión desencadenada a raíz de una huelga laboral. Desde la citada localidad asturiana, donde el periodista no gozará de un buen ambiente debido a sus crónicas sobre los acontecimientos y que poco después se verán recogidas en sus libros Los vencedores y Los vencidos (1908 y 1910), llega a Santander prácticamente expulsado y perseguido cuando cuenta en su haber con alrededor de media docena de libros publicados en el transcurso de los últimos años, primeros del nuevo siglo. A un Galdós cada vez más politizado no se le escapará esta característica de un visitante muy influido por la literatura socialmente comprometida de su paisano Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928).

De la correspondencia incluida en el artículo mencionado se desprende que a pesar de la próxima ausencia de Ciges la relación entre ambos sigue vigente, si bien sea ya de carácter epistolar, entre París y Madrid, pasando por Santander. En ella puede comprobarse el interés de Ciges, y también de don Benito, por buscar editores en París para publicar la traducción de algunas de las obras del maestro. Estamos en el año 1912, después la vida ya no será la misma para un Galdós cada vez más aquejado por la ceguera y por un Ciges paulatinamente inmerso en la vida política.

Los azares de ésta harán que en la primavera de 1936, después del triunfo del Frente Popular, los designios ministeriales hagan que Manuel Ciges Aparicio sea nombrado gobernador civil de Santander, como ya se ha dicho, coincidiendo con la posibilidad de que de una vez por todas se convierta en realidad el largamente demorado proyecto de que San Quintín pase a manos institucionales para convertirse en Casa-Museo Galdosiano. Solamente se espera ya la anunciada presencia en Santander del presidente Azaña para hacer rubricar con su firma la toma de posesión oficial de la finca. Pero otro de los designios políticos hará que el gobernador-periodista sea trasladado a Ávila, y que el inmediato golpe de estado del 18 de julio frustre la visita esperada y traiga como consecuencia su detención y asesinato, impidiendo la última posibilidad de verse ambos correligionarios y amigos en la celebración de un acto que les hubiera conmovido sentimentalmente. 

Manuel Ciges había contraído matrimonio con Consuelo Martínez Ruiz, hermana del escritor Azorín

Mucho tiempo atrás, Manuel Ciges había contraído matrimonio con Consuelo Martínez Ruiz, hermana del escritor Azorín también visitante de San Quintín, con la cual tuvo tres hijos y una hija que quedarán huérfanos a raíz de la violenta desaparición de su padre. Uno de ellos, Luis Ciges Martínez (1921-2002) tendría una existencia muy complicada en el contexto de un régimen político que había propiciado la muerte de su padre y que no solo se negaba a reconocer cualquier responsabilidad en la misma sino también hacer frente a los derechos pasivos que a la viuda y los hijos les pudiera corresponder, condenándoles de esa manera a una vida precaria, cuando no indigente. Lo mismo sucedería con los de los anteriormente citados Lavín Gautier, Gutiérrez Blanchard y Casanova Tebar, de quienes ni siquiera se refrendaba su existencia y, por lo tanto, tampoco su ausencia.

Consuelo Martínez Ruiz y Manuel Ciges Aparicio, con su hijo ManuelConsuelo Martínez Ruiz y Manuel Ciges Aparicio, con su hijo Manuel

Ante la situación de inclemencia familiar sobrevenida, Luis Ciges Martínez (1921-2002) se vio abocado, como otros jóvenes de su tiempo en condiciones similares, a buscar alguna fórmula que permitiera la subsistencia económica de su madre y de Pura, su hermana menor, y que, al mismo tiempo, alejara las sospechas del franquismo alrededor de unas personas con antecedentes familiares republicanos e izquierdistas: el alistamiento voluntario en la División Azul, formada para luchar contra los rusos en el frente oriental, era la decisión adoptada para que una madre viuda y sin recursos pudiera recibir una paga mercenaria  del Ejército alemán.

Luis Ciges sería, con el paso del tiempo, el más conocido de estos cuatro hermanos, debido al desarrollo por su parte de una prolífica carrera cinematográfica en calidad de actor secundario. Pero como él había muchos otros jóvenes, entre los cuales se encontraba el futuro director cinematográfico Luis García-Berlanga (1921-2010), hijo a su vez de José García-Berlanga (1886-1952), gobernador civil de Valencia por el partido Unión Republicana, encarcelado por el franquismo, y su hijo decidió unirse a la División Azul para salvar a su padre de la represión política con pena de muerte incluida. Del grupo de amigos que frecuentaba una tertulia madrileña, recuerda Berlanga, “al final sólo fuimos Luis Ciges y yo. A su padre lo fusilaron, el mío se libró, pero no porque yo fuera a la División, aunque mi ilusión era que sirviera para liberarlo. No, se liberó porque había un estraperlo de la muerte y, pagando una suma fuerte, se llegaba hasta los generales que conmutaban las penas de muerte”.

Luis G. Berlanga y Luis CigesLuis G. Berlanga y Luis Ciges

Cuando Berlanga requirió a su amigo y tocayo Ciges para interpretar el papel de un mendigo en Plácido (1961) no era consciente de que así quedaría definitivamente trastocado su propósito inicial de ser director para convertirse en un actor popular que intervendría en bastante más de centenar de rodajes y grabaciones para cine y televisión, ocho de los cuales lo fueron bajo la dirección de Berlanga. No puedo dejar de recordar su papel de Segundo, el criado en la saga de los marqueses de Leguineche iniciada con La escopeta nacional (1978), así como su frase de presentación:

-Valet de chambre…con dos cojones.  

Luis Ciges en PlácidoLuis Ciges en Plácido

Desde entonces ya quedaría incorporado al universo coral berlanguiano, hasta el punto de resultarnos muy difícil tratar de distinguir lo que en su caracterización se debía al director o pertenecía al actor que llevaba dentro un director frustrado. Casi al final de su vida, los directores Javier Rioyo y José Luis López Linares pudieron reunirlos de nuevo con motivo del rodaje de un largometraje documental titulado Extranjeros de sí mismos (2000), donde tuvieron ocasión de rememorar sus experiencias en los campos rusos durante el paso por la División Azul. "Era un hombre tragicómico -ha dicho Rioyo sobre Ciges-. Estábamos en medio de su drama y él se reía y desdramatizaba más que nadie".

Luis Ciges en Rusia (hacia 2000)Luis Ciges en Rusia (hacia 2000)

La película se estrenó en Santander en el salón de CajaCantabria con la presencia de Luis G. Berlanga. Con ese motivo, tengo un recuerdo personal de una cena posterior en el Restaurante Fausto, en la cual estuvimos con Berlanga Javier Ontañón Gómez, Enrique Bolado Oceja, Vera Fernández de la Reguera y yo, con una inolvidable sobremesa interminable amenizada por la locuacidad y simpatía desplegadas por el director de La escopeta nacional. No puedo precisar ahora la fecha de este encuentro, pero seguramente ya había fallecido Luis Ciges y por eso había venido solamente Berlanga para hablarnos de sus experiencias. 

La ausencia del actor nos privó de conocer, por ende, algunos de los recuerdos familiares de la primavera de 1936 acompañando a su familia en el breve tránsito santanderino, cuando tendría ocasión de visitar San Quintín y rememorar así la personalidad y la obra de un Galdós, del cual interpretó al atribulado personaje de José Ido del Sagrario de su Fortunata y Jacinta (1887), en la serie televisiva dirigida por Mario Camus en el año 1979.  

Ciges (izqda.) en Fortunata y JacintaCiges (izqda.) en Fortunata y Jacinta

Su memoria afectiva, congelada en 1936 al decir de algunos, podría haberse reactivado pensando en un palacete visitado un siglo atrás por su padre Manuel Ciges Aparicio y su tío materno José Martínez Ruiz (1873-1967), más conocido en las letras con el seudónimo literario Azorín. Ninguno de ambos podría sospechar entonces, quizás ni se conocían personalmente, que muchos años, una Guerra Civil por medio y la tragedia colectiva e individual por medio, su descendiente encarnaría para la pequeña pantalla a uno de los 1.500 personajes encerrados pero vivos en las páginas de la novela de su admirado y venerado maestro Galdós.      
 

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