domingo 29/11/20

De mi memoria ya evanescente: XIV. Una tertulia femenina sorteando la pandemia

Sin llegar a ser quince comensales, en el jardín al aire libre y sazonado por la mezcla del buen tiempo de calor ambiental y una sombra acogedora han ido sentándose Araceli González Vázquez, Raquel Serdio, Paloma Bienert, María Toca, María Tena, Violeta Valdor, Dori Campos, Úrsula Álvarez Gutiérrez, Elena Camacho, Vera Fernández de la Reguera y este servidor, dispuesto a ejercer de improvisado cronista.

Hoy la memoria no es pasado, sino más bien presente y tal vez futuro, porque lo que aquí se ha tratado entre bromas y veras, entre plato y plato, sea elaborado para la ocasión o adquirido para solventar una urgencia o cualquier impericia, entre muestras distanciadas de un afecto controlado por la normativa sanitaria actual hemos logrado recuperar la costumbre periódica de celebrar una comida con las componentes de la tertulia Villa Agustina.

Sin llegar a ser quince comensales, en el jardín al aire libre y sazonado por la mezcla del buen tiempo de calor ambiental y una sombra acogedora han ido sentándose Araceli González Vázquez, Raquel Serdio, Paloma Bienert, María Toca, María Tena, Violeta Valdor, Dori Campos, Úrsula Álvarez Gutiérrez, Elena Camacho, Vera Fernández de la Reguera y este servidor, dispuesto a ejercer de improvisado cronista de cuanto se trate en una reunión de carácter informal, la cual, aunque parezca mentira, las restricciones impuestas por el miedo al contagio del coronavirus ha dejado reducida a la mitad de sus habituales en época estival.

comida Foto VeraTertulia en la mesa | Foto: Vera Fernández de la Reguera

Como las cámaras de los móviles mantienen el contacto permanente de/con algunas de las ausentes, el envío de una instantánea trae como inmediata respuesta la perspectiva irónica pero melancólica de la poeta y abuela Carmen Mora, autoconfinada por motivos de seguridad:

-Ramón parece Galdós entre sus mujeres.

Las protagonistas poseen un nivel intelectual muy superior al adjudicado a la mayoría de las mujeres conocidas de Galdós

El mensaje no posee la altura de miras de un Jesucristo y sus apóstolas; el jardín de Villa Agustina no es el de San Quintín; y ya quisiera este modesto escribidor poder compararse con don Benito, pero las protagonistas del retrato lanzado al éter y que ojalá no se titule la última comida poseen un nivel intelectual muy superior al adjudicado a la mayoría de las mujeres conocidas de Galdós, salvando para el caso a doña Emilia Pardo Bazán.

Será muy difícil poder transcribir las conversaciones mantenidas en medio de la distancia salvaguardadora de nuestra seguridad sanitaria, una vez ha sido rota la sordina impuesta por el uso de las mascarillas protectoras con el fin de poder ingerir los alimentos depositados sobre una mesa desmesuradamente alargada en esta ocasión, con el objeto de propiciar mejor la distancia aconsejada.

Sí diré que la presencia de la historiadora y miembro del CSIC Araceli González Vázquez, quien tradicionalmente vertebra la fecha de las reuniones como antaño lo hicieran la poeta y ahora también profesora Rosario de Gorostegui o la escritora y actualmente directora del Instituto Cervantes de Beirut Yolanda Soler Onís, Araceli, digo, venida desde Barcelona, nos aporta, junto a su inteligencia y conocimientos sus rasgos de humor cáustico.


Araceli González Vázquez y Ramón Viadero

Para empezar, a modo de aperitivo, se ha puesto sobre la mesa un nombre de varón escritor, últimamente colocado en el pedestal de los famosos literarios por una sola de sus novelas: Fernando Aramburu con Patria (2016). Contra todo lo esperado, María Toca, directora del digital lapajareramagazine, alaba el producto, al tiempo que aprovecha la ocasión para arremeter contra Javier Marías, Arturo Pérez Reverte y, ya de una manera muy residual, Fernando Sánchez-Dragó.  

-¿Tú que piensas sobre la novela Patria? 

La pregunta me la dirige desde una cierta distancia e intentando no gritar, que además de no ser bueno para la garganta tampoco es recomendable para la salud en estos tiempos de pandemia. Su autora es Dori Campos, socióloga y poeta siempre atenta en hurgar en los orígenes de la actualidad y los éxitos literarios correspondientes. 

Desconfío de aquellos temas que, siendo tan polémicos como es el que nos ocupa, hayan conseguido un consenso ideológico bastante unánime

No puedo contestarle porque no he leído más que treinta páginas de la misma y tampoco tengo mayor interés en continuar su lectura, aunque solamente fuera por amortizar un coste que ni siquiera he desembolsado. La verdad más profunda de tal desinterés consiste en que desconfío de aquellos temas que, siendo tan polémicos como es el que nos ocupa, hayan conseguido un consenso ideológico bastante unánime, digamos transversal, entre sectores que lo rechazarían por lo mismo, además de aquellos otros que no se destacan precisamente por permanecer atentos a las novedades literarias, como son los políticos y aledaños.

Así que aprovechando que en la parte cercana de nuestra mesa, tan alargada cual si fuera un ciprés acostado, se encuentran Araceli González y la escritora peruana Úrsula Álvarez Gutiérrez, yo trato de llevar a nuestra conversación un tema que más nos interesa a los tres: la personalidad de la traductora cabuérniga Consuelo Berges Rábago (1899-1988), a quien por lazos de sangre y en razón del apellido Gutiérrez se le une en parentesco Úrsula, gestora a su vez del blog “Amor a mares”.

Consuelo BergesConsuelo Berges

Úrsula llegó a España a primeros del presente año, acompañada por su perrita Pimienta y guiada por la intención de sintonizar ambientalmente con sus ancestros más ancestrales, pensando también que Cantabria podía ser el escenario real de una Macondo imaginaria, donde los fantasmas de su pasado familiar se convocaran para dar vida y respuestas a las preguntas que, desde hace varias generaciones y más de siglo y medio, se vienen haciendo las personas componentes de una saga familiar tan rica en vitaminas y proteínas intelectuales, junto a algunos comportamientos fuera de lo común, aportadas todas ellas por los descendientes de los apellidos Gutiérrez y Cueto unidos en los inicios.

Descendientes de la familia Gutiérrez Cueto, María Toca y Ramón Viadero (2018)Descendientes de la familia Gutiérrez Cueto, María Toca y Ramón Viadero (2018)

En esta ensalada mixta de aptitudes y actitudes varias, los varones han sabido dejar paso franco a las hembras y coexiste una sobreabundancia de nombres femeninos que, de haber sido cuidada y fomentada, hubiera conseguido crear una école des femmes o jardín de damas curiosas, por decirlo utilizando el título de una de las obras de la pintora María Gutiérrez Blanchard (1881-1932), recogido por su prima la escritora, folclorista y diputada socialista Matilde de la Torre Gutiérrez (1884-1946).

María BlanchardMaría Blanchard

Digamos que estos dos citados son los nombres más conocidos de un reparto generacional femenino al frente del cual figuran también la pedagoga Aurelia Gutiérrez Blanchard (1877-1936), la cantante Ana Gutiérrez Cueto (+1896) y, aportadas por la aparición conyugal en escena de la escritora Concha Espina (1869-1955), su hija Josefina de la Serna (1903-1978), y sus nietas Paloma y Carmen Sainz de la Maza, Concha de la Serna a las puertas de nuestros días, así como la maestra cabuérniga perseguida y represaliada en la posguerra incivil Ángela Gutiérrez Díaz, conocida como La Andaluza, por sus orígenes jándalos.

Aurelia Gutiérrez BlanchardAurelia Gutiérrez Blanchard

A ellas habrá de añadirse la rama americana de la dramaturga mexicana Mireya Cueto Velázquez (1922-2013), inspiradora que fue junto a su hermana Ana María para algunos de los cuadros pintados por María Blanchard, con la cual convivieron en el París de los años 20-30; eran hijas del matrimonio formado por el escultor criollo Germán Gutiérrez Vidal (1893-1975), hijo a su vez del gachupín Javier Gutiérrez Cueto, y la tapicera mexicana María Dolores Velázquez Rivas (1897-1978). A Mireya tuve la oportunidad de conocerla brevemente en México hará un cuarto de siglo.  

Mireya CuetoMireya Cueto

Y ya en Arequipa (Perú) la de las peruleras Julia Gutiérrez Galloso (1880-1965) y su sobrina-nieta Úrsula Álvarez Gutiérrez. Aquí es donde interviene  la que ahora nos interesa: Consuelo Berges, un tanto marginada tanto por voluntad propia como por sus orígenes genéticos algo traspapelados socialmente hablando. Consuelo, hija natural de Manuel Ruiz-Quirós Gutiérrez y criada por los padres de éste, estudió la carrera de Magisterio, sirviendo su título para que su tía Matilde fundara en la villa de Cabezón de la Sal la Academia Torre, hasta que salió su temperamento independiente y harta de la dictadura del general Primo de Rivera hizo el viaje a la inversa que ahora ha realizado su pariente Úrsula. Viajó a Perú, primero, y a la República Argentina después, donde conoció a la poeta madrileña Concha Méndez Cuesta (1898-1986), con la cual mantuvo una relación durante tres años, hasta que la llegada de la República Española decidió por ellas devolviéndolas a su patria.

Matilde de la TorreMatilde de la Torre

También la Guerra Civil decidió por ellas enviando a la primera al exilio francés, del cual regresó a España obligada ante el temor de ser enviada a los campos de exterminio nazis, mientras que la segunda iba a encontrarse en el exilio americano con el que entonces era su marido, el poeta y editor Manuel Altolaguirre (1905-1955). Fue en Ciudad de México donde a finales del pasado siglo yo conocí a la arquitecta Paloma Altolaguirre Méndez, hija de ambos, en el transcurso de una cena con algunas hijas del exilio organizada que fue en la casa de Ana Sara Ferrer.

Me interesaron tales cartas, y la diligente generosidad de Paloma hizo que al poco tiempo las tuviera en mi casa

Ya había fallecido Concha Méndez, pero su hija me habló de unas cartas que le había enviado desde España su antigua amiga Consuelo Berges, recabando su colaboración para una enciclopedia de mujeres poetas que le había sido encargada. Me interesaron tales cartas, y la diligente generosidad de Paloma hizo que al poco tiempo las tuviera en mi casa, coincidiendo en el tiempo con la organización del Primer Congreso del Exilio Republicano en Cantabria (1999) que dirigimos la profesora Esther López Sobrado y yo.

Puse en manos de Araceli González aquella breve correspondencia, unida a cierta información acerca de un personaje al cual ella debido a su juventud creo que no conocía ni siquiera de oídas, pese a una coincidencia geográfica del origen de ambas. Solamente la versatilidad creativa de Araceli, persona no solo a la que quiero sino que también admiro intelectualmente, consiguió armar una semblanza a modo de diálogos escénicos que posteriormente se publicó en las actas del citado Congreso (2001).

Y aquí enlazamos con la comunicación establecida en presencia de Úrsula Álvarez Gutiérrez, pariente ultramarina de Consuelo y siempre dispuesta a la busca del tiempo perdido de cualquiera de las personas componentes de lo que llaman La gutierrada, a su vez ellas perdidas en el tiempo. Araceli nos contaba las menciones editoriales que ha tenido este trabajo suyo y el interés que continúa despertando en el mundo cultural y de investigación allende nuestras fronteras hispánicas. Al final de la comida, Úrsula se llevó prestado de mi biblioteca el raro ejemplar existente del ensayo titulado Explicación de Octubre (1935), publicado clandestinamente por Consuelo Berges para eludir la censura y que nunca fue reeditado.

Úrsula Álvarez y Ramón Viadero (amordazado) en 2020Úrsula Álvarez y Ramón Viadero en 2020

Araceli y yo tenemos desde largo tiempo ha pendiente de materializar el proyecto siempre demorado de escribir una biografía de tan interesante mujer, anarquista y masona para más señas, y acerca de la cual en su día el escritor y periodista asturiano Gregorio Morán Suárez me incitó a hacerlo; Araceli se trasladó a vivir a Barcelona, más cerca aún de donde se encuentra la información correspondiente a la última etapa de Consuelo, así como su relación con el grupo de Mujeres Libres; nuestra común amiga la profesora de literatura Raquel Gutiérrez Sebastián rastreó en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca la documentación existente acerca de las andanzas de guerra y postguerra de Consuelo Berges; ahora aparece Úrsula Álvarez Gutiérrez, portadora del conocimiento sobre algunos periodos de la vida de Consuelo con sus parientes peruanos, y conocemos a con quien convivió en la posguerra su sobrina Carmen Díaz Gonzalo, bisnieta de Julia Gutiérrez Cueto. ¿No ha llegado el momento de emprender la redacción de una biografía de Consuelo Berges, situándola en el apasionante universo femenino de las Gutiérrez-Cueto?            

Después de esta larga digresión debemos regresar, sin perder bocado, al debate que desde el final de la mesa nos estábamos perdiendo, emprendido por unas contertulias que habían logrado subir aún más la temperatura ambiental introduciendo algunos temas relacionados con la sexualidad y la autonomía femeninas, en los cuales poco o nada tengo que decir, salvo anotar las propuestas más radicales y el interrogante acerca de si el orgasmo ha sido sobrevalorado o la mujer se siente discriminada en ocasiones porque quiere.

Ha vivido su infancia y adolescencia fuera de nuestro país y cuando se incorporó pudo comparar lo pacato que era el universo relacionado con la mujer

La novelista María Tena García, gestora cultural en su calidad de funcionaria también del Ministerio de Cultura desde hace bastantes años, asiste a estos encuentros por segunda vez, cuando sus estancias estivales en Comillas se lo permiten. En los últimos tiempos ha engrasado su currículo literario recogiendo el Premio Tusquets por su novela Nada que no sepas (2018) y asiste divertida escuchando algunas de las reivindicaciones más personales de la también novelista María Toca, y las propuestas teóricas de Raquel Serdio, poeta y profesora. Ha vivido su infancia y adolescencia fuera de nuestro país y cuando se incorporó al mismo pudo comparar lo pacato y gazmoño que era el universo relacionado con la mujer, por ello ahora tiene ocasión de sentir el vértigo que a ciertas alturas de la existencia puede invadirnos a algunos.

Todavía tenemos algún tiempo para, ya en la sobremesa, conocer algunos de los proyectos y realidades que invaden a este grupo femenino, ahora mermado en número e ilusiones. Veamos: María Toca nos dice que debido a la pandemia que nos invade ha decidido no viajar a Guadix para recoger el premio recibido por su relato El paseador (2020): lo solucionará enviando un vídeo-agradecimiento; la filóloga Elena Camacho nos informa del lanzamiento de su primera novela que, también por mores de la pandemia es, en realidad, la segunda: El camarero de El Gato que ladra (2020), cuando ya prepara una tercera; la poeta Paloma Bienert está rehaciendo su poemario y buscando un título acorde con sus deseos más inconscientes; la socióloga Dori Campos se incorporará, junto a la bibliotecaria Eva Ranea Sierra y la fotógrafa Ana Santamatilde, al patronato de la Fundación Bruno Alonso, en cuyo seno ya se encuentra desde hace tiempo la profesora Marisa Campo Martínez, hoy ausente de esta tertulia por imperativos de carácter familiar; Raquel Serdio nos invita al recital de poesía que la misma Fundación ha programado en el Museo Etnográfico de Muriedas donde, al asubio de una tarde de persistente chirimiri norteño, tuvimos ocasión de disfrutar de sus dotes poéticas y de acogedora recitación, al tiempo que recibimos la última novedad literaria de Nieves Álvarez: Cercana lejanía/Closer farness (2020), una edición bilingüe publicada al alimón con la poeta hindú Bina Sarkar Ellias, y bellamente ilustrada con fotografías de Miguel Ángel García.

Cercana LejaníaCercana lejanía/Closer farness (2020), de Nieves Álvarez y Bina Sarkar 

A Úrsula, que en estos días celebra en España el 199 aniversario de la independencia de la República de Perú, la tengo encargada la misión de indagar acerca de los devenires chilenos de Eva Cargher, enlazada con la familia De la Serna Cueto mediante matrimonio con Ramón de la Serna Espina (1894-1969). Por su parte, la pintora Violeta Valdor, prefiere asistir muda al espectáculo para ella infrecuente, puesto que residente en Barcelona no le ha sido posible acudir con asiduidad, y si ahora lo ha hecho ha sido por mores del confinamiento: ella, acompañando a Vera Fernández de la Reguera, nuestra anfitriona y editora de muchas de las presentes y de otras tantas ausentes, se ha encargado de coordinar el evento y, a la vez, sacar abundante testimonio gráfico del mismo, así como sus propias conclusiones.

Violeta es, como Consuelo Berges, también como Pepa Camus Gaztelumendi, un personaje extraído de mi libro Mujeres de Cantabria en el exilio republicano (2020), escrito en colaboración con la licenciada en Historia del Arte Patricia Gómez Camus, quien ha sabido simultanear esta interesante pero dura tarea con la sin duda mucho más gratificante de traer al mundo a una niña de nombre Alba.

Sea bienvenida.    

De mi memoria ya evanescente: XIV. Una tertulia femenina sorteando la pandemia
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