jueves 3/12/20

De mi memoria ya evanescente: XVII. - La experiencia circular de los Valdor-Lastra

La que sigue a continuación es una historia que bien podría considerarse un cuento; incluso, si se me apura, el apunte para un culebrón televisivo.

La que sigue a continuación es una historia que bien podría considerarse un cuento; incluso, si se me apura, el apunte para un culebrón televisivo.  Con muchos menos ingredientes de los que aquí se incluyen, en cualquier otro lugar se hubiese rodado una serie, pero, mientras tanto, trataremos de recoger unos hechos que no son únicos, porque se corresponden con otros muchos ocurridos durante nuestra Guerra Civil, y el exilio que al finalizar la misma obligó a una parte de la población española.

Es una historia en la cual podrán verse reflejadas miles de personas, multitud de familias, aunque aparentemente cuanto en ella se relata pueda considerarse como algo muy personal y, por lo tanto, intransferible.

Hablaremos de una niña que nació en Santander un año después de haberse producido en España el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, el desencadenante de todo cuanto después sucederá. El nombre de la niña (aunque esto sería lo de menos, pero aquí interesa consignarlo para poder  personalizar el drama colectivo que se iniciaba entonces) era María del Rosario Valdor Peña (1937-2011), conocida familiarmente por Cuquina hasta cuando pronto se convirtió en madre de cinco hijos y después en abuela de tres nietos, falleciendo finalmente en Santander el 11 de mayo de 2011.

Tuve ocasión de conocer a Cuquina hace ya muchos años; casi medio siglo, por precisar un poco más.

Pero nada de cuanto ahora voy a rememorar supe entonces y, a veces, hasta pienso que ella misma también lo desconocía; por lo menos, en la parte que solamente ahora que ya no se encuentra entre nosotros hemos podido reconstruir, gracias sobre todo a indagaciones propias y a poder contar con las recibidas de parte de algunos de sus familiares más próximos.

Portada de 'Mujeres de Cantabria en el exilio republicano' Portada de 'Mujeres de Cantabria en el exilio republicano'

Digamos también que la publicación de una fotografía ha podido suponer detonante de una catarata de informaciones, añadida también alguna que otra especulación. Para la portada de nuestro libro Mujeres de Cantabria en el exilio republicano (2020) utilizamos la reproducción de una imagen histórica conseguida por el editor Esteban Ruiz, en la cual aparecen unas mujeres a bordo de un barco que parte de un puerto cantábrico huyendo ante la entrada de las tropas sublevadas.

-Esas mujeres bien pudieran ser mi madre Flora, mi tía Rosario y mi hermana Cuquina.

Nos lo dice desde Gijón Rodolfo Valdor Peña, el hermano ligeramente menor de Cuquina.

En el caso de que fueran ellas las personas identificadas, la embarcación repleta de gentes podría tratarse del gánguil Raos, partiendo del puerto de Santander el día 24 de agosto de 1937 en dirección Francia, patronada por el capitán Serafín Lastra López (1908-1965).

Poco antes de abandonar España, el 19 de agosto de 1937 Rodolfo Valdor Rodríguez y Flora Peña Herrera contrajeron matrimonio civil en Santander

Sin embargo, gracias a la gran memoria del ingeniero santanderino Juan José Lastra Santos, entonces un niño de tan solo cuatro años y en la actualidad único superviviente de aquel tiempo, sabemos que se trataría de una cañonera francesa a bordo de la cual arribaron en el puerto de San Juan de Luz, mientras que el gánguil atracó en el de Burdeos. En la primera, librándolas del acecho del Almirante Cervera, trasladaban con otras muchas mujeres a las Valdor-Peña y a las Lastra-Santos, mientras que a bordo del segundo iban los varones de la familia Lastra-Santos, entre ellos un joven estudiante de 17 años muy interesado por la pintura llamado Domingo Indalecio Lastra Santos (1920-1998), quien en un futuro entonces todavía bastante lejano, y estando en tierra española ya, se cruzaría definitivamente en la vida de Cuquina, de la misma manera que los apellidos aquí citados se entrelazarían familiarmente.

-Mi hermana había nacido en Santander el 13 de julio de 1937, martes y trece, y yo lo hice catorce meses más tarde en París: el 13 de septiembre de 1938, también martes y trece. Está bautizada en Bayona, lo que encaja bastante con que tuviera poco más de un mes.

Cuando Cuquina vino al mundo, su padre y su madre ya llevaban algún tiempo viviendo como pareja de hecho. Rodolfo Valdor Rodríguez (1908-1970) y Flora Peña Herrera (1907-2001) se habían conocido en las instalaciones de la Tejería de La Albericia, donde ella era una trabajadora más, y él era el hijo de Saturnino Celestino Valdor Valdor, a la sazón gerente de la fábrica.

Flora Peña en 1937 con su hija Cuquina recién nacida Flora Peña en 1937 con su hija Cuquina recién nacida

Rodolfo había nacido en Santander el 4 de febrero de 1908 y momentáneamente era hijo único, porque una hermana menor llamada Consuelo falleció con solo 14 meses el 10 de mayo de 1911, pero pronto aparecería una serie de hermanos varones. Vivía entonces la familia en la calle Rupalacio, 5-3º, destruida durante el incendio de 1941; posteriormente debieron trasladarse a vivir en las proximidades de la fábrica de La Albericia y, finalmente, se ubicarían en la céntrica calle Gándara.

Cursó estudios en la Escuela Náutica de Santander, obteniendo el título de Capitán de la Marina Mercante. Cuando en el mes de febrero de 1936 quedó constituida la Asociación Náutica de Santander, integrada en la Federación Española de Oficiales de la Marina Civil, la junta directiva estaba compuesta por las siguientes personas: Presidente, Luis Fons Diestro; vicepresidente, Serafín Lastra López; secretario general, José Caparrós; secretario adjunto, Rodolfo Valdor; vocales: José del Río Sainz, Manuel Martínez, Domingo Garmendia, Julio Buensuceso, Benito Laso; y vocal suplente, Luis Martínez. Menos Del Río Sainz, pasado a la zona nacional, todos estos nombres tendrán una destacada intervención en los primeros momentos del refugio en Francia.

Poco antes de abandonar España, el 19 de agosto de 1937 Rodolfo Valdor Rodríguez y Flora Peña Herrera contrajeron matrimonio civil en Santander y, a la semana siguiente, Flora, con su hija recién nacida Cuquina y acompañada de su cuñada Rosario Valdor Rodriguez (+2012), iniciaba una aventura que ignoraban cuánto tiempo podía durar ni las consecuencias que tendría.

Cuquina y Rodolfo Valdor Peña Santander 1939 Cuquina y Rodolfo Valdor Peña Santander. 1939

Por su parte, Rodolfo Valdor Rodríguez, nombrado por el Gobierno republicano Delegado Marítimo de Santander y secretario del Departamento General de Navegación de la Provincia, ya había tenido una destacada intervención con motivo de la evacuación en embarcaciones de niños y mujeres de Bilbao, y ante la inminente entrada de las topas nacionales en Santander repitió su actuación hasta que:

-Mi padre junto al Gobernador Civil y otros dos altos directivos salieron de Santander el 24 de agosto de 1937 en el remolcador de altura Altsu-Mendi, propiedad de la naviera Sota y Aznar.

El barco llegó a Francia, atracando en el puerto bretón de Saint Nazaire y así el matrimonio pudo reunirse en Bayona, viviendo allí durante unas pocas semanas, porque, según el sumario del posterior consejo de Guerra celebrado en El Ferrol del Caudillo en 1938 (Rodolfo Valdor fue acusado en rebeldía y condenado por el delito de rebelión a la pena de quince años de reclusión), a mediados del mes de octubre de 1937 ya estaba en París dando instrucciones desde la Embajada republicana destinadas a impedir que el barco santanderino Rita García, propiedad de la empresa representada por Francisco García Ramos (a bordo del cual el propio Valdor había hecho sus prácticas marítimas algunos años antes), fuese incautado por los representantes en Londres de la España franquista, aprovechando que se hallaba surto en un puerto inglés.

En cuanto el Gobierno francés reconoció al Gobierno golpista de Burgos Rodolfo Valdor Rodríguez se vio obligado a abandonar su puesto de funcionario en la Embajada

-Al llegar a París, mi padre trabajó como agregado de la Embajada española, pero no sé por cuánto tiempo.       

Y en París nació en 1938 su segundo hijo: Rodolfo Valdor Peña. La guerra estaba ya perdida para el Gobierno de la República y fue entonces cuando, según testimonio de Rodolfo hijo:

-A mi hermana y a mí, junto con mi tía Rosario,  nos mandaron a vivir con nuestros abuelos cuando yo solo tenía 3 meses y mi hermana 17 meses y, en 1947, nueve años más tarde, cuando se abrieron las fronteras por primera vez fuimos los dos a Hendaya a conocerlos por primera vez.

Rodolfo Valdor Rodríguez. 1936 Rodolfo Valdor Rodríguez. 1936

En cuanto el Gobierno francés reconoció al Gobierno golpista de Burgos Rodolfo Valdor Rodríguez se vio obligado a abandonar su puesto de funcionario en la Embajada para buscar alguna manera de poder sustentar a su familia. Como tantos otros miles de españoles puso sus ojos en América y, más concretamente, en México, cuya embajada en París entre los meses de octubre-diciembre de 1940 recibió cerca de un centenar de peticiones de asilo de personas, entre las cuales hemos podido localizar la firma de Rodolfo Valdor Rodríguez y la de Eleofredo García García, alcalde de Santander entre 1932-1933 y fugazmente en 1936, quien acompañado de sus cuatro hijas también se hallaba refugiado en Francia. Ninguno de los dos saldría a México.

-Nos criamos con nuestros abuelos paternos Celestino y Rosario, pues cerraron la frontera y no volvimos a ver a nuestros padres hasta que yo tuve 9 años, cuando abrieron la frontera mi hermana y yo fuimos a Francia con mi abuela Rosario Rodriguez Gutiérrez para conocerlos. En 1947 vivimos con ellos en la localidad de Arcachón durante un año, pero regresamos a España y nos separamos nuevamente.

¿Cómo sobrevivió el matrimonio Valdor-Peña en París, en los momentos difíciles anteriores a la invasión nazi y a la declaración de la Segunda Guerra Mundial?

En 1956, habiéndose acogido Rodolfo a la ley de Amnistía para los que no tuvieran delitos de sangre, pudieron regresar a España

La fábrica en la que trabajó mi madre durante la ocupación se dedicaba a hacer uniformes para el ejército alemán, pero en algún momento que ignoro se trasladaron de París a Arcachon. Cuando yo los conocí en 1947, ambos trabajaban en una granja con 2.000/4.000 gallinas que atendían ellos dos solos. El dueño tenía a la vez una tienda en donde vendía los huevos y los pollos, y mi madre trabajaba allí como dependienta. La granja estaba entre los pueblos La Teste y Cazeaux, a pocos kms. de Arcachon, y mis padres vivían en una casa en Arcachon, aunque algunos días se quedaban en la granja.

En 1956, habiéndose acogido Rodolfo a la ley de Amnistía para los que no tuvieran delitos de sangre, pudieron regresar a España, y mi padre no tuvo que entrar en prisión para cumplir la condena que tenía pendiente, siéndole además cancelados los antecedentes penales. En ausencia suya, fue su padre quien se encargó de realizar todos los trámites oficiales.

En un principio, trabajó en las obras que como arquitecto dirigía Ciuco Lastra, recién casado con su hermana Cuquina; durante algunos meses fue práctico en Sevilla, también intentó montar un criadero de ostras en Castro Urdiales, empeño en el cual fracasó debido, principalmente, a que hubo gentes que entraron en el mismo y se las robaron, además de que en otra ocasión rompieron las protecciones y los peces se las comieron.

Se acordaría entonces de que sus antepasados más remotos, aquellos que se remontaban a mediados del siglo XVII cuando, procedentes de la localidad belga de Lieja llegaron a España sesenta familias flamencas para trabajar en las fábricas de cañones de La Cavada y Liérganes, y que por su carácter de ser extranjeros y de otra profesión religiosa hubieron de sufrir el acoso, los ataques y hasta la extorsión de parte de los naturales del lugar.

Familia Lastra-Santos. 1942 Familia Lastra-Santos. 1942

Su familia en España, gracias a los desvelos de los abuelos, trataba de superar el drama de tan larga separación: su hermana Sarín Valdor Rodríguez, casada con el médico Gregorio Pérez Castañeda había emparentado políticamente con una rama de los Lastra; su hijo Rodolfo seguía los estudios de ingeniería; y su hija Cuquina había estudiado Magisterio y se había casado con uno de los jóvenes que fueron al exilio francés: el arquitecto santanderino Domingo Indalecio Lastra Santos (1920-1998), quien en el año 1941 había regresado de Francia con su padre el también arquitecto Deogracias Mariano Lastra López (1889-1955), habiendo pasado en España por un campo de concentración durante año y medio.

Mientras las familias de los hermanos Juan José y Serafín Lastra López se dividían entre el exilio en Cuba y México, Mariano, residente en aquel momento en Marsella, coincidiendo con el fallecimiento de su gran amigo el pintor Ricardo Bernardo López (1897-1940), estuvo tentado en dirigirse a México hasta que ya lo tenía todo preparado para instalarse en Brasil, cuando le surgió la oportunidad de regresar a España, donde una vez hubo asumido las responsabilidades políticas por ser perdedor de una guerra que él no había iniciado, mediante la incautación de bienes, el pago de una multa y una breve inhabilitación profesional pudo integrarse en la vida social santanderina hasta su fallecimiento. Aunque tanto su imaginación creativa como su pensamiento político no podían ser ya iguales a los del periodo anterior, intentó mantener sus antiguas relaciones, integrando dentro de alguno de sus proyectos al escultor Jesús Otero Oreña (1908-1994), una vez a este le fueron conmutadas sus dos penas de muerte por el franquismo.

Otra de sus amistades artísticas y personales, el pintor Antonio Quirós (1912-1984), permanecería en el exilio francés hasta los años 50, para volver definitivamente a España en los años 70. De él le quedaría como recuerdo el cuadro titulado El cajista (1933), que Cuquina Valdor y su familia donarían al Museo Municipal de Bellas Artes de Santander, cuyo anteproyecto de edificio fue firmado por Mariano Lastra en el año 1936, cuando era teniente alcalde de la Corporación municipal en representación del Partido Radical-Socialista.

La impronta ideológica familiar permanecería vigente en su hijo Domingo, por cuanto –como se ha dicho- además de ayudar a su cuñado Rodolfo Valdor Rodríguez en su regreso después de casi veinte años de exilio y mientras se le reconocía su titulación, sino que en los años 60 favorecería al pintor y ceramista Miguel Vázquez Pesquera (1920-2010) y el escultor Joaquín Fernández Palazuelos (1925-2011), ambos detenidos en el año 1960 acusados de pertenencia al Partido Comunista y que, después de haber sido torturados en la Comisaría santanderina, pasaron algún tiempo en el Penal de Burgos, de donde salieron amnistiados en 1963. Al primero no solamente le encargó algunos murales para sus obras arquitectónicas, sino que puso a su disposición unos locales donde poder crear y almacenar las figuras de cerámica que le hicieron famoso; el segundo, entró a trabajar en su estudio en calidad de delineante hasta su traslado a Madrid, solventando así los problemas de subsistencia que acompañaban a las víctimas de la dictadura de Francia.

Con Domingo Lastra Santos mantuve alguna polémica político-urbanística mediados los años 70, relacionada con su intervención en la redacción del nonnato Plan Bahía, y aunque dada mi amistad con Palazuelos ya había visitado su estudio de la calle Juan de Herrera en la década anterior, en los años 90 me entrevisté con él nuevamente para proporcionarme los materiales informativos necesarios para publicar en la revista Historias de Cantabria un trabajo sobre la colaboración de su padre en la creación en 1932 de la Universidad Internacional de La Magdalena. Era lo menos que podíamos hacer por la memoria de alguien que tanto había dado a Santander y Cantabria, sacrificando por ello su presente y hasta su porvenir.

-El tío Ciuco siempre fue para nosotros el jefe de familia.

Gánguil Raos Gánguil Raos

Son palabras de su sobrina la pintora Luisa Valdor Torre (Violeta), a quien en la década de los 60 conocí en el Ateneo de Santander, sin saber que diez años más tarde se convertiría en una de las últimas exiliadas del franquismo, obligada por su militancia clandestina en el PC(i). La sombra de la familia se mostraba alargada, tan alargada como era su sentimiento inconformista.

Pero volvamos a la persona de Cuquina, con la cual habíamos iniciado este relato. Yo la conocí hacia el año 1970, cuando al filo de las dos de la tarde acudía acompañada de un reguero de hijos a recoger algún libro a Puntal. Su marido había construido en el número 48 del Paseo Menéndez Pelayo un edificio destinado a sede del Colegio Deogracias, nominación en homenaje a de su padre. Cuquina fue su directora-propietaria y la que aportaba en su función docente a sus propios hijos como primer alumnado, en una decisión que posiblemente estaría muy influida por las carencias personales que desde la más tierna infancia se vio obligada a sufrir, separada de sus padres desde los primeros meses de vida hasta bien avanzados los  años 60, al igual que su hermano Rodolfo: los libros de los pedagogos progresistas franceses Celestín Freinet y Jean Piaget y el Summerhill del inglés A.S. Neill, eran objeto de su curiosidad e interés.   

El mismo sentimiento de gratitud me llevó a proponer el nombre de Mariano Lastra López para rotular una calle de la ciudad. No sé si su nieto, el también arquitecto y pintor Domingo Lastra Valdor sería conocedor de los pormenores de esta historia que ahora ampliamos en alguna de sus ramificaciones cuando, en el año 2012, algunos componentes universitarios cántabros, con Raquel Rodríguez Sebastián y José Manuel González Herrán a la cabeza, tuvieron la generosidad de manifestarme su afecto mediante la convocatoria de un entrañable acto de homenaje, al cual se sumó Domingo Lastra Valdor haciéndome entrega de un retrato mío pintado a la acuarela que conservo con gran cariño por cuanto para mí significa. Pocos meses antes habían fallecido tanto Cuquina como la tía Sarín.

Ahora, en el momento más propicio para recuperar esta historia, ha hecho su reaparición la figura de un prestigioso ingeniero industrial llamado Rodolfo Valdor Peña, posiblemente para así contribuir a reparar con su memoria truncada alguna de cuantas ausencias ha habido en nuestras vidas. Y para estrechar aún más el círculo familiar, Juan José Lastra y Rodolfo Valdor, dos niños de la guerra, se han convertido en consuegros.

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