martes 29/9/20

De mi memoria ya evanescente: XVI.-De Cine y Festivales de Cine

Rivadedeva en corto nació en el año 2004 y, desde entonces, soy portavoz de un jurado compuesto por el ex director de la Filmoteca de Asturias Juan Bonifacio Lorenzo Benavente, los cineastas Vivi Cuenca y Fran Vaquero, los críticos David Caldevilla y el santanderino Paco España, el diseñador Samuel Álvarez del Valle y la concejala de Cultura María Luisa Fernández Rodríguez, 

La pandemia no me ha impedido visionar un lote de trece cortometrajes seleccionados para competir  en la edición del presente año del Festival Rivadedeva en Corto (REC), cuyo mayor éxito ha sido en esta ocasión poder celebrarse, aunque enormemente condicionado por sus muchas restricciones debido a los cuidados sanitarios que ha sido preciso seguir para evitar que el mal se propague a mayor velocidad de la que nos amenaza

Javier Sampedro, director de la Casa de Cultura de Colombres y también entusiasta creador del Festival que desde hace veinte años se celebra en la villa asturiana, me comunica que fueron suprimidos los actos oficiales y, por lo tanto, también aquellos en los cuales siempre participábamos los componentes del jurado. Se limitó, entonces, a programar las proyecciones en el marco tradicional del Museo de la Emigración del Archivo de Indianos de los títulos finalistas en esta edición, seleccionados entre una participación que no sé si en esta ocasión, con las dificultades adherentes a nuestra delicada situación sanitaria, ha sido menor o mayor que la acostumbrada.

Rivadedeva en corto nació en el año 2004 y, desde entonces, soy portavoz de un jurado compuesto por el ex director de la Filmoteca de Asturias Juan Bonifacio Lorenzo Benavente, los cineastas Vivi Cuenca y Fran Vaquero, los críticos David Caldevilla y el santanderino Paco España, el diseñador Samuel Álvarez del Valle y la concejala de Cultura María Luisa Fernández Rodríguez,  encargado de fallar los premios a los cortometrajes ganadores de cada una de las secciones de que consta el festival. Y aunque desde la distancia solamente conocemos una pequeña muestra formada por aquellos films que han pasado la criba efectuada por el comité seleccionador, nos encontramos ante una ocasión privilegiada para estar al día de la infinidad de obras de breve duración que anualmente se producen en nuestro país, con el aliciente añadido de que esta opción creativa no se halla supeditada a los criterios por los que se rige el cine comercial y, por lo mismo, funciona sin otra censura que no sea la que sus autores consideren oportuno aplicarse a sí mismos.

Rivadedeva en corto

El de Colombres es un festival modesto en sus pretensiones, puesto en funcionamiento en una localidad que, curiosamente, no cuenta con ninguna sala de exhibición cinematográfica desde hace infinidad de años, en un panorama nacional que contempla inerme la desaparición paulatina de los cines hasta conseguir su extinción. Así que esta no es una excepción porque, según recuerdo, cuando por gentileza de mi amigo Ángel-Santos Garcés Constante, director del Festival Internacional de Cine de Huesca, solía acudir en el mes de junio a sus ediciones, también pude cerciorarme de que allí el único cine público apto para las proyecciones era uno datado de cierta antigüedad y con bastante parecido a nuestro desaparecido Cine Kotska, el cual llevaba cerrado mucho tiempo y solamente abría sus puertas para tan señalada oportunidad.

Lo más parecido con que contamos en Cantabria es el Festival Internacional de Cortometrajes Piélagos en Corto, creado y dirigido en 2008 por el realizador cántabro Álvaro García Gutiérrez,

Este año, la dirección del Festival ha estado debatiendo hasta el último momento sobre la posibilidad de celebrarlo durante la primera quincena del mes de agosto, tal y como se viene haciendo siempre en coincidencia con las fiestas patronales del lugar, y ha adoptado finalmente la decisión de mantenerlo pero sin la parafernalia añadida de la presencia de las autoridades, premiados y jurados, guardando la limitación de aforo y las naturales restricciones que en estas proyecciones al aire libre se consideran idóneas hacer para una mayor seguridad sanitaria del público asistente, cuya presencia acostumbra a ser muy numerosa.

Lo más parecido con que contamos en Cantabria es el Festival Internacional de Cortometrajes Piélagos en Corto, creado y dirigido en 2008 por el realizador cántabro Álvaro García Gutiérrez, con sede oficial en el Cine Vimenor de Vioño de Piélagos,  del cual también he sido jurado en alguna de sus ediciones. Como también lo he sido en el I Festival de Cine de Santander Corto y Creo (2011), creado por la realizadora Isabel Giménez García, donde, a modo de homenaje, en el año 2014 tuvieron la gentileza de entregarme un premio honorífico. Se trataba de un festival que, en medio de cierto misterio, pronto desapareció de nuestro panorama para, según parece, verse sustituido en la actualidad por la Semana Internacional de Cine de Santander (SICS), que en estos días se celebra en el Centro Botín.

Festival Corto y Creo (2014) Festival Corto y Creo (2014)

Mantener con vida un evento de estas características no es tarea sencilla. Y, sin embargo, en el año 2000 nació el Festival Internacional de Cortometrajes de Torrelavega, cuyo creador y director fue hasta el último momento de su vida el realizador cinematográfico torrelaveguense Américo Gutiérrez Hoyuela (1948-2018), y, después de algunos cambios (ahora denominado Torre en Corto), continúa su andandura y las proyecciones celebradas en el Teatro Municipal Concha Espina concitan la presencia de un público numeroso. 

A propósito de su funcionamiento, recuerdo una anécdota interna que no ha trascendido demasiado: desde el principio se estableció un premio especial para reconocer la trayectoria artística de una figura cinematográfica española, galardón que lleva el enunciado de Metrio, Pisondera en memoria de Demetrio García Rodríguez, el popular proyeccionista que durante muchos años se encargó de la cabina del Teatro Principal, y en el año 2002 se hizo entrega de tal distinción al actor torrelaveguense Julio Núñez Merino (1930-2008), quien se llevó un  disgusto al saber que tenía que recibir una denominación que le recordaba al hombre que por denuncias derivadas del final de la Guerra Civil había sustituido en la cabina de proyección a su padre: Sixto Núñez Pidal (+1947). Supongo que la profesora de baile Rosa Núñez, sobrina y nieta de ambos, recordara un episodio que se solventó solapadamente.

Desde mi juventud y, sobre todo, a partir de la colaboración en la organización del Curso Orientaciones del Cine Actual celebrado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo durante el verano de 1960, he podido acudir a bastantes festivales entre los que existen en España, unas veces como simple espectador y otras en calidad de jurado, una función que me ha permitido viajar (de mochilero o a lo patapollo) y conocer diferentes escenarios y distintas figuras de la profesión. Recuerdo muy especialmente la precariedad de mi presencia en el San Sebastián de 1960, donde, debido a la falta de habitaciones disponibles, tuve que pasar algunas noches al raso en los jardines públicos; o en Valladolid 1962, cuando acudimos en grupo José Antonio García Solana, Víctor González Díez (1935-2014) y yo, coincidiendo en aquellas jornadas con otro cinéfilo como era el sacerdote Esteban Castrillo Bravo (1925-2013): allí pudimos asistir al espectáculo un tanto insólito de unas salas de proyección ornamentadas con la presencia de monjas de diversas órdenes religiosas, puesto que el Certamen era entonces de Cine Religioso y Valores Humanos, y que con sus tocas dificultaban impedían la visibilidad de las pantallas. Después ya se fueron cambiando los hábitos, dicho sea observando el mayor de los respetos por las monjas y también por los espectadores en general.  

Encuentro con directores de cine cántabros (1990) Encuentro con directores de cine cántabros (1990)

Quizás los desplazamientos más reiterados hayan tenido lugar a finales de los años 60, correspondiendo a mi etapa como miembro de la junta directiva de la Federación Nacional de Cine-Clubs, lo cual hizo, dado el grado de disponibilidad personal que tenía, que viajara a festivales que eran siempre de segunda categoría, colijo que porque los más glamurosos tenían novios de mayor poderío que un directivo provinciano como era yo: Benalmádena (1969), Gijón y Bilbao (1970) son los que yo recuerdo ahora, sobre todo este último, debido a que nuestro  jurado decidió dejar desierto el premio que otorgaba la Federación Nacional de Cine-Clubs, en protesta por cuestiones relacionadas con la política y el Régimen, supongo que sería por las condenas a muerte de algunos de los implicados en el conocido como proceso de Burgos. Por cierto, que acudir al Festival de Teatro de San Sebastián (1970) (volvería a hacerlo en el de Vitoria de 1975) y participar en la mesa de dirección trajo como consecuencia que en el primer Estado de Excepción del tardofranquismo fuera conducido a la cárcel santanderina a pasar un par de semanas, en cuyas celdas coincidí con Veridiano Rojo, los hermanos López Coterillo, Pedro Argüeso, Joaquín Cuevas Cianca, Julio Vázquez Gutiérrez, Jesús González y otros presos políticos cántabros que fueron detenidos y torturados en el otoño de 1968.  

Años más tarde participe en la edición de 1983 de la Semana de Cine de Valladolid, invitado en calidad de productor del largometraje Géminis (Garay/Revuelta, 1981), y en la III edición del Festival Internacional de Las Palmas de Gran Canaria (2002) como ponente de una de las secciones: la dedicada a Cine y Maquis, que coordinaba nuestro paisano y gran cinéfilo Jesús Ángel Sierra, y en la cual también intervenía la escritora Yolanda Soler Onís

En Santander, presidí durante tres años consecutivos (1988-1990) el Certamen Nacional de Cine Rural Amateur convocado por el Instituto de Estudios Agropecuarios, sucediendo en el cargo al cineasta amateur José María Martín Llanos (1920-2001), a Cristóbal Márquez y al fotógrafo Pablo Hojas Llama (1914-1991). Su creador y principal animador fue el ingeniero agrónomo Ángel de Miguel Palomino, contando con la colaboración de su esposa Ana María Escalada Junco (1932-2014), también funcionaria del Gobierno de Cantabria, y  asistido como secretario por Juan Azcuénaga Vierna, quien en el nº 9 de los Anales del Instituto de Estudios Agropecuarios publicó un trabajo sobre la XII edición y la historia de este certamen. ¿Dónde estarán las copias de todas las películas y videos presentados a concurso, me pregunto ahora, que serían un buen material para preservarlo en la Filmoteca de Cantabria?

Lo he sido también de algunas de las secciones del I Festival Internacional de Cine y TV de Sanidad, Consumo y Calidad de Vida (1990), creado y dirigido por Nieves Álvarez Martín, además de ocuparme de la oficina de prensa y la coordinación de un encuentro con los directores cántabros Mario Camus, Jesús Garay y Paulino Viota, coincidiendo con la presentación de mis libros El cine de los realizadores cántabros y Jesús Garay, cineasta (1990). Aquel Festival contó como plato fuerte con la presencia de Gina Lollobrigida, Alberto Sordi y Franco Nero, cuya personalidad tiempo atrás habíamos barajado como posible intérprete del mítico personaje Pin, El Cariñoso, con un guión basado basado en el libro de Isidro Cicero.

Gina Lollobrigida con Santiago Diaz de Velasco y las hermanas Carmen y Alejandra Aguirre Gina Lollobrigida con Santiago Diaz de Velasco y las hermanas Carmen y Alejandra Aguirre

Creo que, de todos los intentos festivaleros que Santander ha conocido, este ha sido el único que ha tenido cierta entidad internacional para poder situarse entre la variada oferta existente en el Norte de España: San Sebastián, Bilbao, Gijón y La Coruña; pero se cambió la dirección acusando a su organizadora de despilfarro en la gestión, algo que no solamente no se llegó a probar sino que en la segunda edición, celebrada ya bajo la dirección del concejal de Sanidad, las cuentas de gestión nunca casaron, por lo cual no volvió a convocarse y Cantabria perdió la oportunidad de contar con un Festival Internacional de Cine y Televisión, en el cual participaban el Ayuntamiento de Santander, el Gobierno de Cantabria, el Ministerio de Sanidad y la Comunidad Europea. Desde la distancia en el tiempo, me vuelvo a preguntar qué habrá sido de las copias cinematográficas y videográficas que dejamos en el despacho que coyunturalmente ocupé en el edificio de la Oficina Municipal de Consumo.  

Que una villa pequeña como es la asturiana de Colombres, sin contar con más subvenciones públicas o privadas que la municipal, haya conseguido mantener en estos tiempos durante más de quince años su Festival de Cine me hace pensar en las posibilidades perdidas que Santander ha tenido de contar con un festival estable que haya servido para prolongar su historial de capital de una provincia tiempo atrás excelente plató cinematográfico natural, hasta el punto de que en los años 70 en los medios periodísticos era considerada “la Almería del Norte”. Una treintena de cine-clubs funcionando en toda la región proporcionaba una buena muestra de la afición cinematográfica existente, que exhibían como buque-insignia poder contar con dos nombres tan importantes en el panorama cinematográfico internacional como son Mario Camus y Manuel Gutiérrrez Aragón.

Y no es por haber faltado intentos y oportunidades, como los que voy a reseñar aquí después de consultar el primer volumen mi Diccionario cinematográfico de/en Cantabria 1896-2000 (20014), porque ya entre los años 1952-1954 la Universidad Internacional Menéndez Pelayo organizaba Cursos de Cinematografía en su sede, proyectando las películas en el Gran Casino del Sardinero.

A raíz del paulatino cambio de posición de una parte de la jerarquía de la Iglesia Católica respecto a la influencia del cine en los espectadores y la creación en el año 1956 de la Semana de Cine Religioso de Valladolid (después con un apéndice añadido de reconocimiento a los Valores Humanos), la orden de los jesuitas, con el padre Carlos María Staehlin Saavedra, jugó un papel determinante apadrinando la presentación en España de una parte de la obra del realizador sueco Ingmar Bergman (1918-2007), debidamente retocada en sus diálogos para hacerla más apta a los oídos españoles.

El éxito obtenido por este experimento político-religioso abrió las puertas al reconocimiento de la trascendencia social del cine y el uso que podía hacerse del mismo, cambiando el sentido prohibicionista que hasta la fecha había tenido la pantalla desde las autoridades eclesiásticas, quizás recordando la frase que V.I. Lenin (1870-1924) había pronunciado a poco de triunfar la Revolución Soviética de 1917: 

-De todas las artes, el cine es para nosotros la más importante.

El padre José Vela, jesuita asturiano destinado en Santander a partir de 1953, decidió tomar la antorcha de esta nueva visión del cine y creó la Semana Internacional de Cine Educativo de Santander, destinada a formar cinematográficamente tanto a maestros como a padres de familia. José Antonio López Solana y yo, fundadores ambos de un precario CineStudio´60 y siempre en busca de un salón más o menos parroquial que nos acogiera, mantuvimos un encuentro con el padre Vela para tratar de organizar un ciclo destinado a exhibir  cine francés en versión original, algo que conseguimos venciendo alguna reticencia mostrada por parte del religioso, como demuestra una breve conversación que mantuvimos paseando por el patio exterior del Colegio Kostka, cual si de una confesión se tratara, y que una vez transcurridos sesenta años no me resisto a reproducir en síntesis, más o menos al pie de la letra:

-Es que vosotros no sabéis las cosas que hay que escuchar en el confesionario.

-Mire, Padre: si nosotros tuviéramos acceso a un confesionario ya no nos interesaría para nada el cine.

Desde entonces, hasta la fecha, vencida la principal batalla entablada con la censura y aceptada ya la presencia necesaria de la versión original subtitulada, se han registrado una serie de intentos que, sumados a los ya mencionados con anterioridad, nos hablan de la necesidad de contar con este tipo de eventos, y que cuando surgen en algún lugar de la región, por modestos que sean, han de verse cuidados por parte de la autoridad, ya sea esta pertinente o, siguiendo cierta arisca tradición, a menudo bastante impertinente.  

1959: I Semana Internacional de Cine Turístico.

1963: I Certamen de Cine de Aficionados, de Torrelavega.

1965: I Ciclo de Cine y Temas de la Mar

    : I Festival Nacional de Cine Amateur, de  Torrelavega. 

1968: I Ciclo de Cine Subacuático.

1971: IX Certamen Nacional de Cine Industrial.

1983: I Certamen Nacional de Cine Amateur, en Cabezón de la Sal.

1990: I Festival Internacional de Cine y TV sobre Sanidad, Consumo  y Calidad de Vida.

2000: Festival Internacional de Cine Deportivo

 

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