Miércoles 26.09.2018

Es nuestro relato

ETA no nació en el pueblo y, por supuesto, no se disuelve en él. El paso del tiempo les convertirá en un sedimento de nuestra memoria.

Acostumbrados como estamos en los últimos tiempos a pasar nuestra vida con la misma rapidez que el muro de Twitter, olvidamos de la importancia del relato de nuestras vidas.

Hace unos días ETA anunciaba su disolución y lo hacía de la única forma posible en una banda terrorista, con arrogancia, prepotencia y mucha cobardía. Como antes, como siempre, a través de plasmas, de lecturas lejanas que impidan el mirar a los ojos a la sociedad que les venció. Cierran la persiana inanes, fatuos, humillados y sin aliento.

ETA no nació en el pueblo y, por supuesto, no se disuelve en él. El paso del tiempo les convertirá en un sedimento de nuestra memoria.

ETA no nació para combatir el franquismo porque mató a quienes sí se jugaron la vida en defensa de la democracia

Porque en este relato sí hubo vencedores y vencidos. Sí hubo buenos y malos, sabios y zafios. No hubo conflicto, sólo verdugos y víctimas. En el relato de ETA y de la izquierda abertzale no hay épica ni ética, sólo secuestros, tiros, miedo, falta de libertad y víctimas. Las que lloramos porque ya no están y las que lloran a los suyos arrebatados por la ignominia del terrorismo. Que jamás nos arrebaten esa memoria, siempre presente en nuestras mentes y en corazones llenos de las muescas de las ausencias indebidas. La memoria que se erija como el impedimento de que haya quienes vuelvan a tener la tentación de imponer las ideas a tiros.

ETA no nació para combatir el franquismo porque mató a quienes sí se jugaron la vida en defensa de la democracia. La lucha por la democracia fue una gesta lejos de las posibilidades de una simple banda de asesinos. ETA fue una dictadura en sí misma, e igual que la franquista, sucumbida por el estado de derecho.

Pero incluso el relato del final de ETA está lejos de ser una versión edulcorada del cuento de príncipes, princesas y mazmorras. Es verdad que el estado de Derecho venció a la banda, pero quienes abanderaban esa lucha tenía nombres y apellidos: Jesús Eguiguren, José Luis Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba, Patxi López y todos los equipos que les acompañaban. Las rosas que acompañaban en las lágrimas por las ausencias se convirtieron en el símbolo de la paz para las siguientes generaciones.

El PP usaba el terrorismo como el pico y pala con los que destrozar políticamente al Gobierno traspasando esa gruesa línea que separa la política de la ‘camorrería’

La épica no vestía la magia y la fantasía de los reinos lejanos de la imaginación y, además, no soporta la versión de la unidad en la lucha contra ETA. Mientras quienes estaban en el Gobierno se dejaban muchos pelos en la gatera y muchas canas en las cabezas buscando con denuedo la paz, el PP usaba el terrorismo como el pico y pala con los que destrozar políticamente al Gobierno traspasando esa gruesa línea que separa la política de la ‘camorrería’. Nada importaba más que seguir asestando acusaciones tan graves como falsas con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero si con ello se sembraba dudas de un proceso que el mejor de los jueces, el tiempo, ha demostrado que era el único que aseguraba la paz.

En nuestras memorias aún resuenan el “ustedes traicionan la memoria de las víctimas y se arrodillan ante los terroristas”. Las víctimas. Sólo las suyas, las que podían instrumentalizar. El relato de la memoria debe recordar siempre que el PP pudo ser parte del proceso de paz y decidió ser villano, decidió empezar a ser el PP que hoy es, un detritus político con hedor insoportable. Decidió instrumentalizar el dolor como quien utiliza una inmensa bola para terminar de derribar las conciencias de lo que se dolían de las pérdidas de los suyos, de quienes tenían miedo y de quienes simplemente sentían rabia por la falta de libertad.

No ha sido la única ocasión en la que hemos visto al PP utilizar a la banda terrorista como argumento que justificara tragedias como las del 11-M arrojando a las víctimas que no genuflexionaban a sus intenciones de instrumentalizar el dolor ajeno para beneficio electoral sin escrúpulos propio.

Mis héroes lucharon por la paz y lo consiguieron. Los villanos no deben apropiarse de una historia que no les pertenece.

Es nuestro relato
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