sábado 14.12.2019

2019, la amenaza del retroceso

Las estrategias de la derecha hablando de “violencia doméstica” quitando la perspectiva de género o plantear diferencias entre abuso y violación, quieren crear la idea de problemas individuales y encerrarnos de nuevo en nuestras casas donde estamos solas, cuestionando a las víctimas de violencia de género.

Cualquier sociedad democrática debe proteger a su ciudadanía e impulsar valores de respeto, igualdad y convivencia. Vemos cómo desde las instituciones del Estado fallamos a las mujeres, que son asesinadas, violadas, explotadas sexualmente, discriminadas e invisibilizadas; vemos cómo el desembarco del partido de ultraderecha en el Congreso de los Diputados amenaza con un retroceso de derechos y que no quepa duda, los primeros en los que se ocuparán son los concernientes a las mujeres.

El 25N es una fecha hace tiempo resaltada en el calendario, no es una fecha de celebración sino de recuerdo triste por todas y cada una de las asesinadas (expresión más visible), por todas y cada una de las mujeres que sin haber sido asesinadas sufren violencia de género.

El movimiento feminista ha estado inmerso en un proceso de acumulación de fuerzas que le ha permitido pasar de la resistencia a la ofensiva

El movimiento feminista ha estado inmerso en un proceso de acumulación de fuerzas que le ha permitido pasar de la resistencia a la ofensiva, un proceso de construcción de unidad popular y de internacionalismo feminista. Desde las movilizaciones en 2014 contra la reforma del aborto, que provocaron la dimisión del exministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón; hasta las huelgas feministas del 8 de marzo; pasando por las multitudinarias manifestaciones contra la sentencia de la manada, la sentencia de Manresa, o la solidaridad con las jornaleras marroquíes de la fresa, demuestran que el feminismo es imparable. El feminismo se ha convertido en un grito  global, con una sororidad sin fronteras que ha ampliado la mirada para analizar lo sistémico de nuestras opresiones y las diferentes discriminaciones por cuestión de clase, raza, procedencia, estatus migratorio, diversidad funcional e identidad sexual en todas partes del mundo.

Las estrategias de la derecha hablando de “violencia doméstica” quitando la perspectiva de género o plantear diferencias entre abuso y violación, quieren crear la idea de problemas individuales y encerrarnos de nuevo en nuestras casas donde estamos solas, cuestionando a las víctimas de violencia de género. No podemos equiparar la lucha feminista sólo a la lucha contra las violencias, sino explicar que es la punta del iceberg de una desigualdad sistémica, por lo que la violencia machista es el síntoma no es la enfermedad.

Este auge del feminismo está teniendo una reacción patriarcal y el patriarcado no es una opinión, es un sistema que nos oprime

Insistir en la idea de que el feminismo es igualdad, decir solo que luchamos por la igualdad, es decir que queremos la explotación capitalista que sufren los hombres. Compartimos con el neoliberalismo el discurso de la igualdad pero, a diferencia de ellos, nosotras exigimos la igualdad desde la desigualdad que nos aplasta en la realidad social, jurídica y política que vivimos. Desde esta desigualdad es necesario cambiar las bases de nuestra sociedad, es necesario cambiarlo todo.

Este auge del feminismo está teniendo una reacción patriarcal y el patriarcado no es una opinión, es un sistema que nos oprime y junto con el capitalismo, sacan beneficio de nuestra posición subalterna que en gran parte es mantenida por la idea de progreso que está interiorizada.

 

En el proceso antifeminista que está llevando a cabo la derecha, primero han intentando neutralizarnos, luego absorbernos queriendo hegemonizar el discurso con el feminismo neoliberal (si todo es feminismo, nada es feminismo) y ahora somos un enemigo al que destruir. En esta lucha contra las derechas, ellos quieren situarnos dentro de su marco discursivo en donde nos quieren volver a posicionar a la defensiva. Quieren que sigamos defendiendo derechos como la Ley de Violencia de Género que a pesar de resultar insuficiente e ineficaz, es una conquista. Nos quieren a la defensiva, pero debemos estar a  la ofensiva, no podemos dejar de mirar hacia nuestro objetivo y frente a su “nosotros primero” debemos decir “nosotras juntas”. El debate de fondo es que nosotras hemos planteado una alternativa a la crisis neoliberal, y ellos quieren perpetuar la suya: Profundizar en la polarización de la sociedad entre ricos y pobres, dividir a la clase trabajadora, precarizar aún más y destruir la lucha colectiva a través el miedo y el odio. La alternativa pasa por la construcción de un modelo nuevo, sostenible para todas y todos desde la solidaridad.

La política y los medios de comunicación también nos están situando en ese marco de la ultraderecha como barrera ante el fascismo. Teniendo claro que el feminismo es antifascista, no podemos ocupar solas esa lucha contra sus discursos. Debemos hablar de la necesidad de que el movimiento ecologista sea antifascista, las luchas estudiantiles sean antifascistas, la lucha por la vivienda sea antifascista… Sólo a través de las alianzas de todas estas luchas se les podrá hacer frente.

Frente a quien nos quiere dar clases de costura nuestra respuesta es que nosotras ya cosemos. Tejemos redes amplias de contrapoder que nada tienen que ver con la individualidad de los botones.

2019, la amenaza del retroceso
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