domingo 29/11/20

La carretera de Anievas: Una agresión más al Patrimonio de Cantabria

Siguiendo los pasos de Hormaechea que también tiró, entre otros testimonios, el ábside la iglesia de Espinama, los actuales responsables van superando al maestro de ceremonias y dan con los huesos de la historia, en la cárcel del derribo y el olvido.

El acoso y derribo del Patrimonio en esta tierra para favorecer la obra pública, en ocasiones totalmente innecesaria y sobreactuada, sigue galopando "sin bridas y sin estribos", ignorándolo los propios actores, y haciendo sobre este patrimonio cuanto les viene en gana, teniendo una visión totalitaria tanto sobre la decisión como en la ejecución, tomándose la potestad de ser exclusivamente suya, sin consultar a aquellas organizaciones o personas más competentes que ellos como políticos o técnicos, la decisión sobre las actuaciones finalmente ejecutadas.

Viene este pseudo prólogo a propósito de la ya citada en varias ocasiones, como es la descomunal obra de "arreglo" de la carretera de Anievas, una actuación cubierta como una implacable helada de un gélido e insensible comportamiento con la historia, la etnografía o la belleza del lugar.

Empezó con un desmesurado proyecto ante el cual, quien esto suscribe y como miembro de Ecologistas en Acción (mi propia organización me desautorizó para actuar como su representante) presentó una cumplida alegación o protesta ante la Consejería de Obras Públicas, cuyo titular ya había dejado de ser D. José María Mazón y sustituido por otro consumado tecnócrata, el actual Sr. Goichicoa. La respuesta –educada, eso sí–  fue una declaración contundente sobre el "defendella y no enmendalla, con la intención de seguir y perseverar en la incomprensible destrucción. No hubo ninguna posibilidad o "apaño" utilizando las limitaciones que pone la Ley de Carreteras, la del Paisaje, y la del propio Patrimonio. La obra siguió embistiendo contra el monte, como las nueve cabezas que, según Machado, de diez embisten.

La insensibilidad imperante, el interés interesado, el  mal entendido progreso supera cualquier intento de raciocinio

Lo primero fue el desarbolado de robles, castaños, avellanos..., y toda la flora asociada a una carretera comarcal. Vinieron también los derribos de cercas de fincas, los pontones y los trazados de la antigua carretera con las ligeras curvas que producía el perfil de montes y taludes. Alguien supo hacer leña del árbol caído, tirando incluso más árboles de los inicialmente marcados. Después llegó ¡insólito! la destrucción del antiguo Camino Real que la renombrada Doña Urraca usó para llegar a sus propiedades de Cotillo, de la que tan caramente se habla de ella en este valle. No les importó: siguieron horadando, devastando y destruyendo las laderas: En su lugar unos inmensos muros de contención amenazan con caer sobre los usuarios y, de hecho, alguno ya se ha argayado con las lluvias por el empuje de las pronunciadas pendientes sobre la nueva carretera. Se ha hecho, además, una entrada-salida totalmente desproporcionada al pueblo de Calga, propio de una gran vía de comunicación. Y más arriba, en los últimos kilómetros de la obra, después del pueblo de Cotillo, para anular una curva de muy escaso radio hicieron –a todas luces ilegal para ser un arreglo– un nuevo trazado, arrasando más prados y más monte. Y al fondo del éxito de la obra, cuando ya el desastre –de momento– llega a su fin, realizan en el pueblo de Villasuso una enorme plazoleta como el gran patio de carga y descarga de una macrosuperficie.

Por si fuera poco, durante la obra aparece ante la iglesia románica de Raicedo una necrópolis medieval, lo suficientemente importante para ser conservada. Se ocupa de su excavación una empresa de arqueología que suele trabajar para la Administración. Al pedirle a uno de sus responsables que hiciera un buen informe ante la Consejería, respondió "yo soy empresa", frase que repitió con inistencia por lo que, visto lo visto, y ante el poco deseo de  que esta necrópolis fuera conservada decidimos escribir personalmente a la Dirección General de Patrimonio Cultural y Memoria Histórica y, como suele suceder –salvo el caso aislado y escurridizo del Sr. Gochicoa– se produjo la callada por respuesta. No sabemos si es el miedo a perder los cargos y los encargos, la despreocupación por la Historia, el desprecio por el Patrimonio u ocultos intereses, lo que ha instado a no moverse del sitio, no sea que les quiten la silla. Hoy la necrópolis ya ha sido levantada y su lugar cubierto con el material y los escombros de la obra. Y todo para hacer una gran y amplia entrada –suponemos que con carril de desaceleración incluido– a un barrio que, "grosso modo", no tiene más de 4 edificios contados, similar tratamiento al de la futura entrada a Bostronizo y el urgente derribo del puente del siglo XIX con arco escarzano y nobles sillares. Y así, siguiendo los pasos de Hormaechea que también tiró, entre otros testimonios, el ábside la iglesia de Espinama, los actuales responsables van superando al maestro de ceremonias y dan con los huesos de la historia, en la cárcel del derribo y el olvido.

¿Qué será lo próximo? Ya da igual, nada se opone al vandalismo de Atila. Recordemos el impropio puente atirantado con su rotonda incluida –no hay obra nueva que se precie que no tenga su rotonda– frente al hermoso rincón del Santuario de Virgen de la Peña. La insensibilidad imperante, el interés interesado, el  mal entendido progreso supera cualquier intento de raciocinio. La necrópolis de Villordún, el despoblado de Montabliz, la calzada romana del monte Fresneda, etc, ese es el legado que se deja al futuro..., con todo destruido y el "consuelo" de un Centro de Interpretación. Las eufóricas palabras en una TV dichas por la responsable que mueve la falacia de "Barriopalacio, pueblo de leyendas", entonando el himno de que ahora con la nueva carretera habrá más visitantes, nos lleva a secundar su optimismo e invitar a los cántabros y a los foráneos a que vayan una tarde de excursión a ver la obra. Asi darán la razón a tan visionaria señora.

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