lunes 21.10.2019

La importancia de los símbolos: VOX, el Lábaru y la rojigualda

Mientras una bandera sirve para construir una identidad colectiva basada en la expansión de derechos, otra es utilizada siempre como ariete contra el anhelo de libertad de otros pueblos y como muro de contención frente a las nuevas demandas sociales que quieren traducirse en nuevos derechos.

El debate simbólico adquirió relevancia esta semana en Cantabria. Todo comenzó con un comunicado del partido ultraderechista VOX en el que anunciaba la presentación de una Proposición No de Ley  en el Parlamento de Cantabria instando al Gobierno autonómico a instalar la bandera rojigualda oficial de España junto a la blanquirroja oficial de Cantabria en todos los actos oficiales. 

Pero el partido ultraderechista no se quedó ahí. Sino que definió en su texto a la bandera rojigualda como "una parte esencial de la identidad nacional, que transciende, como todo símbolo, a la realidad material inmediata", contraponiéndola al Lábaru cántabro, un símbolo al que consideraban "nacionalista" y "no oficial" (a pesar de haber sido reconocido por el Parlamento Cántabro como "símbolo identitario del pueblo cántabro" en 2016).

Este comunicado suscitó una gran polémica, especialmente en redes sociales, donde muchísimas personas respondieron a la formación de extrema derecha mostrándose orgullosas de identificarse como cántabras con el símbolo al que VOX tildó de "nacionalista y no oficial". 

Y a raíz de esto me resultaba interesante escribir un breve texto aclarando, de forma genérica, qué son y para qué sirven los símbolos que representan a una comunidad humana y política determinada. Y, de forma más específica, el significado, el sentido y el uso que en nuestras sociedades se le dan tanto al Lábaru como a la bandera rojigualda.

Hoy en día el Lábaru es un símbolo con el que nos identificamos como un pueblo consciente de sí mismo y con voluntad de construir un futuro en común con todas aquellas personas que quiera formar parte de él
 

En primer lugar, entendiendo que las banderas que encarnar a las comunidades humanas y políticas (pueden ser nacionales, regionales...) son representaciones gráficas que configuran y definen la identidad de esa comunidad a lo largo del tiempo. Desde el recuerdo de su historia colectiva hasta el esbozo de un horizonte compartido hacia el futuro.

De esta forma, son símbolos que contribuyen a otorgar a los miembros de la comunidad a la que representan un sentimiento de pertenencia e identidad colectiva. Y actúan como un marcadores que ayudan a imaginar -y por lo tanto crear- la imagen de esa comunidad, diferenciándola del resto.

Por otro lado, estos símbolos están sujetos a una constante evolución a lo largo de la historia. Evolución que los lleva a ser objetos de una continua disputa entre diferentes actores políticos que pretenden convertir sus valores ideológicos particulares en aquellos que hegemonicen la totalidad de la comunidad a la que ese símbolo representa.

De hecho, cuando un la interpretación y el significado de un símbolo que representa a una determinada comunidad permanece estático a lo largo del tiempo y es incapaz de adaptarse a las nuevas visiones que surgen en la sociedad, así como de agregar a un conjunto de ciudadanos mayor y más diverso, deja de ser útil como emblema a través del que los miembros de ese grupo humano se identifiquen como tal. 

En ese sentido, entiendo que el Lábaru es exitoso a la hora de servir para construir una identidad colectiva cántabra hegemonizada por valores democráticos y progresistas. 

Y lo creo porque, para comprobarlo, solo hace falta observar en qué contextos podemos ver el Lábaru siendo utilizado por las gentes de Cantabria. Sin ir más lejos, durante estos días, una marcha de pensionistas en defensa de un sistema de pensiones público y de calidad camina desde Bilbao hacia Madrid. Entre elllos, se encuentran varios pensionistas cántabros a los que hemos podido ver orgullosos, Lábaru en mano.

Y si miramos a las diversas movilizaciones producidas en Cantabria durante los últimos años, comprobaremos como estaba presente en las movlizaciones feministas, en defensa de los servicios públicos, contra los atentados al medio ambiente y nuestro territorio, en solidaridad con las luchas de otros pueblos del mundo o en defensa de los derechos de las personas refugiadas. Además de ser una bandera que ha sido asumida por aquellos colectivos que defienden los derechos de la comunidad LGTBI.

Es decir, el Lábaru, hoy en día, es una bandera asociada a la expansión de derechos y a la construcción de una identidad colectiva abierta y no excluyente. De la que puedan formar parte todas aquellas personas que lo deseen.

Además, por otro lado, a pesar de ser un símbolo sin un respaldo estatal detrás y sin ser oficial en igualdad de condiciones con la rojigualda o la rojiblanca, es ya ampliamente utilizado en contextos a priori no vistos como políticos. Como pueden ser fiestas populares o eventos deportivos. Utilización “despolitizada” fundamental para que un símbolo triunfe a la hora de ser sentido como suyo por la gente de la comunidad a la que representa.

En definitiva, hoy en día el Lábaru es un símbolo con el que nos identificamos como un pueblo consciente de sí mismo y con voluntad de construir un futuro en común con todas aquellas personas que quiera formar parte de él, sin tener que renunciar a su identidad individual o a cualquier otra identidad colectiva. Sin ningún tipo de discriminación. Porque no se utiliza contra nadie, sino para identificarnos en nuestra diversidad como miembros de una comunidad humana y política llamada Cantabria que se proyecta hacia el futuro orgullosa de sus valores democráticos.

En contraposición a lo que acabo de explicar, podemos encontrar el tipo de valores a los que frecuentemente vemos unida a la actual bandera oficial del Reino de España. Así como es habitual ver el Lábaru presente en movilizaciones por la expansión de derechos, lo es también ver la rojigualda en manifestaciones y eventos políticos marcados por la exigencia de demandas que restringen los derechos civiles, sociales y políticos del conjunto de la población española.

Así, con tan solo pensar un instante, podemos recordar su presencia en movilizaciones  y actos de partidos políticos en defensa de un modelo de familia excluyente, en contra del aborto o de la inmigración, en recuerdo al dictador, en contra de la diversidad lingüística o contra los derechos de otros pueblos a decidir su futuro. 

Mientras una bandera sirve para construir una identidad colectiva basada en la expansión de derechos, otra es utilizada siempre como ariete contra el anhelo de libertad de otros pueblos y como muro de contención frente a las nuevas demandas sociales que quieren traducirse en nuevos derechos.

Mientras una bandera sirve para construir una identidad colectiva basada en la expansión de derechos, otra es utilizada siempre como ariete contra el anhelo de libertad de otros pueblos


Por último, no pretendo que este texto sea visto como una construcción simple en la que Cantabria representaría el bien absoluto en contraposición a una España negra y autoritaria. Sino que he intentado reflejar como los símbolos son importantísimos a la hora de construir uno u otro tipo de sociedad. Y como, hoy en día, por desgracia, dejando a parte sus usos banales, la bandera rojigualda de la que VOX se siente tan orgulloso y contrapone al Lábaru es mayoritariamente utilizada en actos políticos que representan a la España uniforme, reaccionaria y contraria a la expansión de derechos. Seguramente para la construcción de otra idea de España progresista y respetuosa con su diversidad nacional esa bandera sea inútil.

Quizás lo que a las gentes de VOX les asuste del Lábaru no sea su supuesto caracter nacionalista confrontado a España como idea y sentimiento colectivo, sino su capacidad para aglutinar tras de sí a una sociedad dispuesta a conquistar su futuro en clave democrática y sin tener que hacerlo enfrentándose a nadie. Eso sí, dejando claro que la Cantabria con la que cientos de miles de personas nos identificamos a través de la bandera sobre la que expulsan toda su bilis es incompatible con su idea de España excluyente y autoritaria.

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