Lunes 20.08.2018

La ignominia del Monumento a los Italianos

La intervención de Mussolini en España tuvo un alto precio en vidas humanas. Los muertos italianos pronto se convirtieron en mártires, trofeos de la causa fascista. El Monumento se mantiene aún erguido con una 'M' monumental de Mussolini: «¡Creer! ¡Obedecer! ¡Combatir!».

La Ley de Memoria Histórica equivale a papel mojado en Cantabria. El callejero de Santander todavía está plagado de nombres vinculados al bando franquista en la Guerra Civil. Pero olvidado junto a la antigua carretera nacional N-623 Burgos-Santander, en la cima del puerto de El Escudo, cuyo tráfico es escaso desde la inauguración de la Autovía de la Meseta, se mantiene en pie un monumento dedicado a las legiones fascistas italianas que colaboraron con las tropas de Franco. Allí yergue fastuoso para humillación de los miles de represaliados republicanos durante la contienda civil y la dictadura que todavía yacen sin identificar en fosas comunes.  

A la mente sobrevienen las pirámides construidas en tiempos de los faraones en Egipto o en las culturas precolombinas como la maya y la azteca. Pero sí, excepciones las hay y no tan lejanas en el tiempo. En el puerto del Escudo se asienta una grandilocuente pirámide que honra a los soldados italianos que murieron en batalla en la campaña de la toma de Santander. En los más de trescientos nichos, ya no quedan ni los huesos que fueron expatriados hace cuatro décadas. El Monumento a los Italianos fue mandado construir por el golpìsta y dictador Francisco Franco.

La pirámide fue mandada levantar por Franco en 1937, y en su construcción participaron, como era habitual, prisioneros republicanos

Noam Chomsky, a sus cortos doce años, escribió una pequeña historia sobre la Guerra Civil Española que más bien, era «un lamento por el surgimiento del fascismo». Benito Mussolini, el 'Duce', envió soldados italianos para ayudar a la victoria de la sublevación militar contra la II República encabezada por el general Franco. En el puerto de El Escudo, una vez superada la cima a 1.011 metros de altitud, se alza una fantasmagórica pirámide, conocida como el Monumento a los Italianos. De aquella ofensiva en 1937 para la toma de Santander ('liberar' según la terminología de los nacionales) fallecieron en combate más de tres centanares de soldados trasalpinos. Franco ordenó levantar en 1939 esta mole donde serían enterrados los súbditos de Mussolini. En los nichos y tumbas ya sólo queda un lúgubre recuerdo, porque a mediados de los 70 fueron repatriados los huesos a Italia.

MUDO TESTIMONIO

La pirámide, que se yergue como mudo testimonio de una guerra fraticida, aún no ha sido demolida, incumpliendo la Ley de Memoria Histórica. Semejante monumento a la gloria del fascismo, está situado en un descampado, sutilmente rodeado por pinos y circundado por alambre de espino. Varios carteles recuerdan que se trata de un coto privado de caza, por lo que el paso está, en un principio, prohibido. No es necesario acercarse al pie de la construcción para sentir escalofríos por su singularidad y por lo que representa. Sus dimensiones, unos 20 metros de altura, y preguntarse qué hace un monumento así en un lugar como ese o cuál es el significado de la gigantesca letra 'M' que preside el conjunto, convierten a la pirámide en una visión lisérgica de la historia de España. La respuesta la encontrarán aquéllos que se acerquen hasta la estructura y accedan al interior. La imagen es sobrecogedora: ante los ojos del visitante se desplegan 360 nichos, todos vacíos, pertenecientes a otros tantos soldados italianos que, en el verano de 1937, colaboraron con las tropas golpistas de Franco en lo que debía ser la conquista de Santander. En el sótano se localizan otras 12 tumbas, más espaciosas, pertenecientes a los oficiales que también fenecieron en la batalla que tuvo lugar en estos mismos terrenos del puerto de El Escudo. Conocido esto, el significado de la citada 'M' de la pirámide queda al descubierto: es la 'M' de Mussolini, ideólogo del fascismo dentro de Italia, y dictador que durante su mandato estableció un régimen cuyas características fueron el nacionalismo, el militarismo y la lucha contra el comunismo, combinadas con la estricta censura y la propaganda estatal. Mussolini se convirtió en un estrecho aliado de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.

Se intentó, a través de monumentos, capillas votivas, epitafios, pinturas, cipos, cruces y símbolos fascistas, perpetuar un recuerdo selectivo, el de los vencedores sobre los vencidos

El conde Galeazzo Ciano, yerno del dictador y ministros de Exteriores, se acercó a estos parajes aledaños al embalse del Ebro en 1939 para supervisar los entierros de los soldados fascistas italianos. La pirámide fue mandada levantar por Franco dos años antes, en 1937, y en su construcción participaron, como era habitual, prisioneros republicanos. La construcción poliédrica es un vestigio del pasado más cercano, un túmulo que, desprovisto de su significado político, puede parecer una excentricidad de las que pueblan las carreteras de España. Debido a su valor estratégico en la proximidades del puerto tuvieron lugar significativas acciones militares. La más importante de ellas fue durante la contienda civil, en el que un importante frente republicano de 22 batallones estuvo apostado en las alturas del Escudo para impedir el paso a Cantabria del bando nacional. Tras la caída de Bilbao y de su 'Cinturón de Hierro' y durante la batalla de Santander fuerzas nacionales apoyadas por tres divisiones italianas capturaron la posición el 17 de agosto de 1937 permitiendo el avance hacia Santander, que es tomada nueve días después. Luena fue zona de paso de contingentes militares republicanos hacia las líneas del frente de la zona de Burgos. Además sufrió en su suelo la batalla por el control del puerto de El Escudo en la que la División 23 de Marzo italiana venció a la División 55 Montañesa de Choque. Antes de llegar a la capital cántabra, los italianos alcanzaron la capital municipal, San Miguel de Luena.

La intervención de Mussolini en España tuvo un alto precio en vidas humanas. Los muertos italianos pronto se convirtieron en mártires, trofeos de la causa fascista. Sus lugares de reposo fueron, muy pronto, convertidos en 'ambientes de memoria' y presencia fascista en España. Las ceremonias funerarias y los homenajes de agradecimiento por su contribución a la causa de los rebeldes fueron auténticos esfuerzos para mantener viva una memoria de los vencedores, una historia y un recuerdo que era la que le interesaba perdurar y mantener al régimen franquista. Fueron unos espacios en los que se intentó, a través de monumentos, capillas votivas, epitafios, pinturas, cipos, cruces y símbolos fascistas, perpetuar un recuerdo selectivo, el de los vencedores sobre los vencidos, para intentar que nunca cayera en el olvido. El Monumento a los Italianos del puerto de El Escudo, un ejemplo auténticamente paradigmático, se mantiene aún erguido con una 'M' monumental de Mussolini: «¡Creer! ¡Obedecer! ¡Combatir!».

La ignominia del Monumento a los Italianos
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