jueves 12.12.2019

Peligrosamente cabalga Vox

La ultraderecha encontró a su hispano caudillo, cabalgando a caballo como en una de sus fotos más iconográficas y con una pistola en su cartuchera de su vida pasada en el País Vasco. El autoritario Santiago Abascal es el clásico tipo que puede ser simpático en un bar tomando unos vinos, pero ya en la calle recupera su chip del odio.

La peor extrema derecha que campa por las instituciones europeas, la más desalmada y que más atenta contra los derechos humanos tuvo que salir en España, donde se decía que el país estaba vacunado para la irrupción de un partido neofranquista de masas, representado nada más y nada menos que por 52 diputados en el Congreso de los Diputados y situándose como tercera fuerza política. Vox se ha beneficiado del blanqueo de los medios y del desplome de Ciudadanos, una fuerza política inconsistente que el Banco Sabadell le extrajo de Cataluña para frenar el avance de Podemos y que con el visto bueno del IBEX35, al que pertenece, ha dejado caer a Rivera, ya completamente desquiciado y yendo a su bola con sus mariachis. Es en Vox donde están quienes abogan peligrosamente por desmontar el sistema autonómico, por reducir a su mínima expresión el Estado de bienestar y por atacar el grueso de las políticas que combaten la violencia de género. El fenómeno se venía cociendo de un tiempo atrás a fuego lento y finalmente flameó en las autonómicas, donde su influencia desde los escaños es sobredimensionada a los cada vez más descarados PP y Cs en Andalucía, Comunidad de Madrid y Murcia: el llamado trifachito. En las elecciones generales del pasado 28 de abril con la publicidad mediática de una demoscopia manipuladora, para condicionar el voto, no consiguió un resultado que atemorizara a la población de bien. Su entrada en el parlamento estatal fue buena, 24 diputados, pero por debajo de sus expectativas.

Vox es un partido peligroso porque enmienda a la totalidad del sistema desde la ultraderecha

Vox es una escisión por la derecha más radical del PP y no se debe olvidar que este partido, antes llamado Alianza Popular y fundado en 1977 por ministros del franquismo denominados en la jerga de la época ‘los siete magníficos’. Manuel Fraga se erigió en el líder que llevaría el timón de esta formación ultraconservadora y que no renegaba de las bondades del franquismo sin llegar al fanatismo de Blas Piñar en Fuerza Nueva que en sus mítines recordaba al mismísimo Adolf Hitler. La reconversión al liberalismo conservador iniciada tibiamente por Fraga, la culminó Aznar en la refundación orgánica e ideológica ya como Partido Popular que gobernaría por primera vez el país en 1996 tras derrotar a Felipe González lastrado por todos sus flancos: GAL, corrupción, retroceso en las libertades.

XENÓFOBO, ANTIFEMINISTA, EURÓFOBO

El impacto de Vox hoy en la actualidad informativa es doble por su carácter extremista. Jamás un partido tan explícitamente xenófobo, antifeminista, homófobo, eurófobo, nacionalista español o partidario de derogar el estado de las autonomías había logrado reunir, en apariencia, tantos votantes (3,7 millones). Vox es un partido peligroso porque enmienda a la totalidad del sistema desde la ultraderecha. Es algo que ya habíamos visto en Francia, Estados Unidos o Alemania. No en España, donde los partidos que comparten algunas de sus ideas lo hacen desde dentro del consenso constitucional. Su líder Santiago Abascal que vivió en el País Vasco y estuvo amenazado de muerte repara siempre que puede en dos aspectos del ideario de Vox: es un partido monárquico y neoliberal. Esto último es verdaderamente insólito porque las formaciones de extrema derecha o populistas de derechas homologables en Europa como el Frente Nacional de Marine Le Pen; Alternativa por Alemania de Jörg Meuthen; La Lega, de Matteo Salvini o el Partido de la Libertad del holandés Geert Wilders, son más proteccionistas con sus compatriotas, de ahí que sean votadas por obreros de cinturones industriales periféricos.

La raíz de Vox es a un tiempo nacionalista y religiosa, sintetizada en una versión pop del nacionalcatolicismo franquista

El conservadurismo y machismo del partido y de sus políticas en contra de la violencia de género, atraen más a los hombres. El votante de Vox tiene trabajo, pertenece a la llamada Generación X y su edad media es de 47 años, aunque la franja de la que más votos recibe es de la de 25 a 34 años, según el CIS. Además, son la comunidades andaluza y valenciana las que concentran un mayor porcentaje de votos para esta formación, cuyo electorado es de los más fieles con respecto a las elecciones del pasado 28 de abril.

La única diputada del PP por Barcelona, la polémica Cayetana Álvarez de Toledo, ha asegurado que Vox representa "una nueva forma de nacionalismo español", aunque la formación que lidera Santiago Abascal "no lo diga ni lo reconozca", la candidata popular ha considerado que los "latigazos nacionalistas" de Vox se hacen evidentes cuando pronuncian frases como "franchute vete fuera".

En relación a Cataluña, el conflicto político más relevante del último lustro, Vox volvería a suspender su autonomía por el artículo 155. Es una prioridad. Abascal quiere limitar al máximo la función ejecutiva del Govern, con más dureza a todos los responsables independentistas y, en última instancia, ilegalizar a "los partidos o asociaciones que persigan la destrucción de la unidad territorial de la nación y de su soberanía". Esto incluiría a formaciones como el PNV, tal y como expresó Javier Ortega Smith, el número dos del partido ultra.

‘LOS ESPAÑOLES, PRIMERO’

Identificando al feminismo como un enemigo natural de su proyecto político, Abascal aspira a recabar el voto de aquellos hombres resentidos

La inmigración es el elemento demagógico más afín al resto de partidos ultraderechistas que han triunfado en el continente europeo. Abascal parafraseó a Trump declarando que, en materia migratoria, "los españoles, primero", y copia el argumentario del Frente Nacional o de Alternativa por Alemania. “Me identifico con la identidad cultural europea y me gustaría que se preservarse. No tengo ningún problema con el color de las personas sino con lo que tienen dentro de la cabeza". Preocupante.

La raíz de Vox es a un tiempo nacionalista y religiosa, sintetizada en una versión pop del nacionalcatolicismo franquista. De ahí que otro pilar clave para entender a la formación sea el cultural, enrocado en la defensa de la familia tradicional y el ataque frontal a fuerzas culturales vanguardistas como el feminismo. Abascal es explícito en este reconocimiento, recalcando que "hay un feminismo asociado a una ley que convierte a los hombres en culpables por el hecho de ser hombres". Identificando al feminismo como un enemigo natural de su proyecto político, Abascal aspira a recabar el voto de aquellos hombres resentidos por su retórica o planteamientos, y que están predispuestos a juzgarse como "víctima" de sus excesos (de ahí el acento en la Ley de Violencia de Género, una suerte de criminalización institucional del hombre, en su mirada).

La ultraderecha encontró a su hispano caudillo, cabalgando a caballo como en una de sus fotos más iconográficas y con una pistola en su cartuchera de su vida pasada en el País Vasco. El autoritario Santiago Abascal es el clásico tipo que puede ser simpático en un bar tomando unos vinos, pero ya en la calle recupera su chip del odio al que piensa diferente o pertenece a otra cultura. Urge cuánto antes un cordón sanitario de quien se relaciona con neonazis y posfascistas como España 2000, Democracia Nacional y Hogar Social.

Peligrosamente cabalga Vox
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