Viernes 19.04.2019

Trump no va de farol

Parece que la historia se repite

No sé si es un populista de ultraderecha, o simplemente un ultraderechista de la rama más extrema del Partido Republicano quien ocupa el despacho oval de la Casa Blanca. Pero desde los escasos días en que Donald Trump se ha convertido en el 45º presidente de Estados Unidos está cumpliendo algunas de las medidas estrella de su polémico programa que derrotó a la tenebrosa Hillary Clinton, candidata del Partido Demócrata, aunque hubiera sido épico un enfrentamiento en las urnas con el izquierdista Bernie Sanders, un gran político de elevada estatura moral. Si es populista, se está cargando la máxima de prometer en campaña lo que no se puede cumplir.

Alberto Garzón, ha escrito este tuit: “Este tipo asegura que torturar a los prisioneros ahogándolos en agua funciona. Sorprende la sinceridad, no el contenido. EE UU ya era así”

El pureta caballero del tupé que Elvis hubiera firmado mantener a los 70 años en sus shows de Las Vegas ya ha firmado órdenes ejecutivas como la eliminación del Obamacare que contenía mejoras en el elitista sistema sanitario; la salida de EE UU del Tratado Transpacífico (TTP); luz verde a las construcción de dos oleoductos paralizados por la Administración Obama por sus perjuicios al medio ambiente; restricción de entrada a refugiados y musulmanes y la construcción del muro en la frontera de Estados Unidos con México que pagará el país azteca. Vaya ritmo de rock’n’roll.

Si fuera una película de la factoría de Hollywood podría ser desternillante: un presidente multimillonario de la primera potencia del planeta con maneras ordinarias, estética hortera y con una primera dama modelo, mucho más joven y nacida en Eslovenia, un país de la antigua Yugoslavia que no sabrían situar la mayoría de los estadounidenses.

En España, imaginen que el difunto Jesús Gil hubiera sido presidente del gobierno y que su ministro del Interior fuera el personaje encarnado por Santiago Segura en la saga ‘Torrente’. Tampoco hace falta tirar de imaginación: el magnate Silvio Berlusconi, también un personaje singular y aficionado a las mujeres jóvenes, ha sido primer ministro italiano. Pero basta de risas: Trump es real. El coordinador general de IU, Alberto Garzón, ha escrito este tuit: “Este tipo asegura que torturar a los prisioneros ahogándolos en agua funciona. Sorprende la sinceridad, no el contenido. EE UU ya era así”. Cierto.

El monstruo de la extrema derecha

Desde mi punto de vista las novedades que trae en su mochila el nuevo inquilino de la Casa Blanca son la xenofobia, el proteccionismo y el nacionalismo. Sobre estas tres básicas ideas pivota la primera potencia mundial. ¿Esto quiere decir que EE UU dejará de ser el guardián del mundo occidental y se centrará en su política doméstica? ¿Entramos de lleno en el fin de la era neoliberal y la globalización y se regresará a una situación con un acusado paralelismo con el periodo de entreguerras del Siglo XX? Antonio Gramsci acuñó la frase certera: "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos".

La irrupción de Trump ha llenado de optimismo a la extrema derecha en la vieja y decadente Europa: desde Holanda a Hungría. Hace unos días se celebró una cumbre en la ciudad alemana de Coblenza y mostraron una diáfana sintonía con el nuevo presidente de Estados Unidos.

"El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos"

El Brexit en el Reino Unido ha sido la primera piedra, pero otra potencia del calibre de Francia amenaza con llevar al Eliseo a una presidenta de extrema derecha: Marine Le Pen. Recuerdo que hace cuatro años lo vaticiné después del triunfo del melifluo Hollande. Sería conveniente analizar en un próximo artículo la rendición de la socialdemocracia como el factor geopolítico de la Rusia de Vladimir Putin.

Solo el sur de Europa con la excepción de Italia está por el momento a salvo de la extrema derecha. En Portugal gobierna una coalición de izquierda (socialistas, Bloco de Esquerda y comunistas) que preside el exalcalde de Lisboa, António Costa. Grecia, pese al fracaso de Syriza al negociar sola ante la Troika, solo cuenta con la desagradable anécdota de los neonazis de Aurora Dorada. Y en España gobierna la derecha convencional del PP con el apoyo de los neoliberales de Ciudadanos pagados por el Ibex y un PSOE cada vez más derechizado. El voto antiestablishment se lo lleva Podemos y sus confluencias con un discurso contra la austeridad sin apelar a la xenofobia y al nacionalismo. En definitiva, los hechos se suceden a velocidad de vértigo. El capitalismo no tiene antídoto para luchar contra la extrema derecha, nunca lo ha tenido. Por ello, la victoria de Trump ha vuelto a descoser el espejismo democrático del capital y amenaza con volver a diluirse en un ideario neofascismo. Parece que la historia se repite.

  

Trump no va de farol
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