miércoles 12/8/20

Un amigo me ofrece su perro para que lo pasee

Reflexiones desde casa. Día 2

Me levanto, tomo un café, y empiezo el día 2 de cuarentena pasando el trapo a todos los muebles de la casa. Una oportuna llamada de un amigo me ofrece la posibilidad de sentarme y charlar con él. Nos preguntamos cómo estamos y también nuestras respectivas familias. Estos días están siendo maravillosos para preocuparnos por los demás, desde los cercanos a los lejanos. Este es el virus que se nos debiera quedar y adiós al coronavirus, que venceremos más pronto que tarde. Mi amigo Javier es un tío fantástico. Obediente, solo sale de casa para pasear a su perro. Me hago eco de noticias que hablan de españoles que salen a la calle con un perro de peluche. ¡Este país es la monda! Las autoridades competentes han cerrado el espacio aéreo, y los extranjeros se van a perder, por unos meses, lo que nosotros: el aperitivo, el paseíto por las calles de esta bella España y las quedadas habituales. Todo volverá a su normalidad, pero ahora estamos comprometidos con otra cosa, quedarnos en casa. Como final de la llamada de mi amigo, me dice de cachondeo que me presta su perro para que sea yo el que lo saque a pasear. Con llamadas, o a través de los memes de wasap que tanta compañía nos hace en estos días de paro obligado, la gente es increíble. Prefiero mil veces la carcajada que produce esos mensajes orientados a que riamos, a  esos otros, que nos hablan del coronavirus, y si se está haciendo bien o mal. Ahora no es tiempo para esto. Tengamos pues cuidado con las fuentes de las que nos informamos. Tontos a las tres siempre ha habido, y en tiempos del Covid-19 no iba a ser diferente. ¡Hasta mañana!

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