Jueves 18.10.2018

Dense prisa con las enfermedades

Solo con oír las palabras cáncer, SIDA o Alzhemier, le cambia a uno el semblante. La solución definitiva a estas enfermedades arrastradas desde el siglo XX es demasiado lenta. La ciencia y la investigación necesitan de total respeto, empezando porque cuenten con los recursos que precisan, dejando atrás recelos tradicionales de los países a la hora de invertir como es debido para erradicar estas y otras enfermedades tan mortales.

Siendo niño, y gracias a verlo en periódicos y revistas cuando daban importancia a la investigación médica, se me quedó grabado el nombre de Christiaan Barnard. El mundo se despertaba un 3 de diciembre de 1967 con la noticia de que este cirujano sudafricano había llevado a cabo el primer trasplante de corazón. Fue a un hombre de 56 años llamado Luis Washakansky. La donante, una joven de 25 años, de nombre Dénise Darvall, que falleció atropellada. Cuando se apuesta de verdad por la cienciase asientan en el tiempo, generación tras generación, nombres vinculados a grandes descubrimientos, de los que ahora estamos faltos porque los países, con sus crisis a cuestas (más morales que otra cosa), han decidido que el dinero empleado en la investigación no es lo suficientemente productivo a la hora de recoger votos en las urnas

La lista es más larga, pero tres de las grandes enfermedades que arrastramos y conllevan un terrible sufrimiento para millones de personas en todo el mundo son el cáncer, el SIDA y el Alzheimer. ¿Se hace todo lo que se puede para combatirlas y, voy más lejos, para erradicarlas de una vez por todas? La reciente crisis económica puso de manifiesto la gran fragilidad en que se movía la utilización de recursos presupuestarios públicos dedicados a la investigación y sus resultados, y creo que seguimos en esas mismas circunstancias de escasez de impulso hacia las cuestiones que bien podemos denominar como problemas angustiosos de la humanidad (en unos sitios más que en otros, como el ébola en África).

“¿Se hace todo lo que se puede para combatir el cáncer, el SIDA y el Alzheimer”

Cuando pienso que la gente habla de tener suerte o perderla ante estas enfermedades, ratifico mi creencia de que se puede hacer mucho más de lo que se lleva a cabo ahora, dentro de un marco mundial que cada vez dedica más dinero a rearmarse y provocar nuevos conflictos bélicos, en vez de asegurar un mayor bienestar social a millones de ciudadanos que tropiezan con estas y otras enfermedades mortales. Dentro de este escenario surgen nuevas preocupaciones como el rebrote de enfermedades de siempre entre los niños como es el caso del asma, las alergias, los viruso la diabetes. El medio ambiente y la alimentación preocupan como nunca antes habían preocupado, y estamos a la espera de nuevos estudios que arrojen luz sobre las incertidumbres que nos acechan. La ciencia, como es el caso de España, debería mantenerse al margen del mero marketing político, para dar un giro radical y servir de auténtica esperanza en el avance y resolución de tantas angustias en forma de enfermedad como vivimos. Cuando más ha interesado, ya que ahora parece que el asunto está olvidado, se ha hablado de una falta de financiación con fines científicos. Me doy cuenta de que esta dejadez no es solo española, es también de la Unión Europea y de las potencias que antaño fueron impulsoras de descubrimientos de todo tipo, aunque quiero subrayar especialmente a los médicos.

“La ciencia debería mantenerse al margen del marketing político, y servir de auténtica esperanza a tantas angustias en forma de enfermedad”

Todas estas preguntas se las hacen con más razón las familias que pierden a algunos de sus miembros, víctimas de las enfermedades que más temor producen. Los Estados no pueden escudarse únicamente en una sanidad universal, al frente de la cual se encuentran los grandes hospitales que, ciertamente, son un ejemplo junto a sus profesionales de esta asistencia general. Pero hay que ir más lejos y aquí entra dejar atrás definitivamente las dudas y recelos a cerca de lo que los diferentes países tienen que invertir en innovación de todo tipo para dar respuestas a los desasosiegos más comunes. Como dijo Carl Sagan, uno de mis preferidos por su contribución a la divulgación científica, “en algún lugar, alguna cosa increíble aguarda a ser descubierta”. El problema viene en nuestra forma de actuar muchas veces, algo que en palabras de otro grande como Isaac Newton se escribiría así: “Construimos demasiados muros y no suficientes puentes”.

Dense prisa con las enfermedades
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