Domingo 21.10.2018

Los estudios que son y no inventados

Las polémicas sobre los masters suman contenido al hecho de que mentir en España sobre los estudios no sale ya gratis, debido a un claro rechazo social que el guante de la política ha recogido de manera nítida. Los jóvenes deben impulsar una regeneración que abarque otros tantos ámbitos en los que la transparencia se hace de rogar. Con esta premisa nada puede escapar a los cambios a mejor en gobernanza,  economía, educación, igualdad o la justicia, tan señalada ahora.

Más que por el engaño, la deslealtad, la falsedad o la traición, por lo que más te la juegas en España, desempeñes cargo público o privado, es por falsear el curriculum. En Estados Unidos es sagrada la bandera, el himno y, ahora con Trump, Twitter; en Inglaterra se acaba mal en todo Gobierno si hay de por medio infidelidad matrimonial; Francia es muy firme con respecto a los valores esenciales de la República; y nos queda España, país en estado catatónico permanente. ¿Por dónde empezar? Por la autoflagelación crónica con la Conquista de América, vericuetos legales como nación de naciones, o que la paz interior parece inalcanzable por culpa de la Transición, la Monarquía, la unidad o la independencia, y el concepto que unos y otros tienen sobre la Memoria Histórica. Nadie puede negar, salvo los obtusos que no son precisamente minoría, que cada una de estas cuestiones son asuntos de gran calado nacional que pueden llevar en un momento dado, como el actual, al desmembramiento de un país que no sabe lo que es, lo que quiere ser y hacia dónde pretende ir

Cada vez es más patente que nuestros jóvenes se alejan de los debates interesados que en un momento dado pone encima de la mesa la política, porque lo que quieren apreciar es que su esfuerzo tiene recompensa en forma de puesto de trabajo que proporcione sueldo y condiciones dignas, dos anhelos que no aporta una Reforma Laboral que está en cuestión, una vez superada la crisis económica. Los estudios, y la seguridad plena de cómo se llevan a cabo, sin arbitrariedades, forman parte esencial de esta nueva rigurosidad que busca una juventud a la que le preocupa, ¡por supuesto!, la exigencia de los curriculums o el desarrollo de masters que han de ser claros en la convalidación de asignaturas o la custodia de exámenes y trabajos. Sin invenciones.     

Nuestros jóvenes se alejan de debates interesados, porque lo que aprecian es que su esfuerzo tiene recompensa en forma de puesto de trabajo

Puede que tiempo atrás este peculiar país lo fuera también por la tendencia general a escribir en nuestro curriculum esa mentira piadosa de hablar y escribir un inglés alto. Ya no es así, porque España, con la aceptación masiva de los españoles, ha convertido en poco más que sagrado lo que se estudia y lo que luego se dice que se ha estudiado, penalizando la falsedad mediante un notorio rechazo público. Alguien que ocupa un cargo público y es pillado in fraganti en la exageración de sus estudios, dimite de inmediato y es además su formación política la que se lo exige. Vemos también la cara factura que puede terminar pasando las escasas o inciertas manifestaciones sobre la realización de un master concreto. Son asuntos a los que no se da carpetazo mediático, porque son del interés general de los ciudadanos, al exigir ética, honradez y transparencia en cualquier persona de las que nos representan, que obviamente no pueden plasmar en su curriculum lo que no son. 

No deja de ser curioso que pese a comprobar las consecuencias de mentir sobre una trayectoria personal y profesional, cada poco tiempo aparece un nuevo caso que se ve abocado a dimitir por la misma razón. Cuando los cambios en la conducta social son buenos, y este lo es, deben ser bienvenidos y además fortalecerlos para que ya no haya marcha atrás. El mentir en el curriculum poniendo lo que no se ha estudiado ha sido hasta hoy una consecuencia directa de un país que se había establecido en el pelotazo rápido, la ley del mínimo esfuerzo, y contar milongas en ruedas de prensa que luego no se cumplían y, todo hay que decirlo, los periodistas también hemos fallado a la hora de no seguir estas historias y exigir responsabilidades acerca de no haber hecho lo que se prometía.

Es de esperar que vayamos asumiendo otros rechazos frente a otras malas costumbres que son asumidas en este país con total normalidad

Todo empieza y acaba en la educación, y es de esperar que vayamos asumiendo otros rechazos frente a otras malas costumbres que son asumidas en este país con total normalidad, cuando no lo son ni en el fondo ni en la forma. Hablo de hacer de la transparencia una realidad y no solo puro marketing; pienso en hacer realmente públicas todas las decisiones que se toman en nombre de unos votantes, con los que luego se cuenta lo que se cuenta; y me decanto porque la justicia se amolde a lo que esperamos los ciudadanos de ella, sin las sorpresas continuas que nos llevamos ante sentencias que tienen como trasfondo violaciones y maltratos. En este punto final, no puedo por menos que escribir el nombre de Juana Rivas, a quien tengo por una mujer que jamás ha mentido en su desdichado curriculum personal  y, pese a todo, así le ha ido.

Los estudios que son y no inventados
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