Martes 14.08.2018

¿Ética, dónde andas?

Aunque no se la cita de habitual, la cuestión ética resulta primordial para terminar de una vez por todas con comportamientos que los ciudadanos deploramos. No debería caber duda alguna sobre lo que es hacer algo que está mal y perjudica a lo colectivo, pero vivimos en un país en el que las falsas interpretaciones distorsionan lo que, a todas luces, es nada más que la verdad. Y ahí entra el periodismo para denunciarlo.

Dedicado a Tom Wolfe.

Acaba de morir Tom Wolfe. Los periodistas estudiamos con uno de sus grandes libros: El nuevo periodismo. Ni siquiera tras el éxito reiterado de sus obras fue arrollado con tantas entrevistas como en estos últimos años, preguntado a cerca de su opinión sobre el mundo, hacia dónde va y si los seres humanos tenemos solución. Al igual que usted o yo, Wolf veía mucha hipocresía a su alrededor, y lo relataba en sus increíbles reportajes con los que hoy se enseña en muchas universidades del periodismo. Cuando escribió La hoguera de las vanidades ya tenía suficientemente claro lo que diferentes poderes pueden hacer para distorsionar determinados hechos, que son sobre los que hablamos cotidianamente. Concreto más. Tienen que ver con la política y sus secuencias, la economía y sus avaricias, y las consecuencias de haber estudiado ética para luego no aplicarla. Es entonces cuando nos topamos con individualismos muy preocupantes relativos a corrupción, caciquismo, injusticias, discriminación y una disparatada educación que no ahonda para nada en auténticos valores que un día nos puedan salvar de nosotros mismos. Es eso que el desaparecido padre del nuevo periodismo señalaba como que, a menos que una persona se muera de hambre o esté en peligro inmediato, de alguna u otra manera está controlada por la preocupación hacia su estatus social.

Hemos avanzado poco a la hora de cambiar esas tendencias sociales que buscan atajos para casi todo

En general, hemos avanzado poco a la hora de cambiar esas perversas tendencias sociales que buscan atajos (trampas) para casi todo. Hace casi treinta años que en España se bautizó como la cultura del pelotazo –hacerse rico rápidamente y como fuera-, pero los debates actuales en los que estamos inmersos se parecen bastante a todo aquello. Solo tienes que oír a los jóvenes hablar de los mayores para darte cuenta de que, más que el buen ejemplo, cunde el malo. Oyen lo de los másteres universitarios, lo de los juicios interminables por corrupción que emiten a diario las televisiones, o el último caso que salta a la actualidad como la sociedad incansable que somos a la hora de dar la nota en todo. También ven ejemplos buenos, especialmente en el deporte, y ahí están los casos de Nadal, Iniesta o Torres, ensalzados tanto por una trayectoria como por un comportamiento siempre intachable dentro y fuera de la pista de tenis o el campo de fútbol. La escasa ética que se enseña en este país se hace a base de infringir a los alumnos sesudos exámenes, cuando de lo que se trata es de inculcarles lo que está bien o mal, lo que es ético y lo que no y también saber diferenciar, sin mentiras ni excusas idiotas, lo que es moral y lo que es amoral. Memorizando a todos los filósofos no se alcanza esta meta, que es realmente la que interesa. Porque luego hay que trasladar esos conocimientos-sentimientos a la política, a la empresa, a la educación, a la gestión de nuestras Administraciones, detrás de las cuales hay unos Gobiernos. No quiero dejarme a la banca, muy culpable de la última gran crisis económica que parece que no hubiera existido, pero sus consecuencias para largo ahí están. Cuando quebró Lheman Brothers y se llevó por delante la pensión de tantas personas, o cuando se denunciaron las Preferentes en España, mucho se propagó el mensaje de que había que recuperar la ética en todo. Transcurrido un tiempo, aún cabe preguntarse: ¿ética, dónde estás? No nos damos cuenta, o no queremos, de que hay muchas cuestiones sociales que están cambiando. Aunque seguimos afrontándolas con las viejas maneras de siempre. No hay término medio: o política de avestruz, de mirar hacia otro lado, nadie darse por aludido, o hacer todo lo contrario de lo que es entendido mayoritariamente como lo ético.

Los medios de comunicación son muy necesarios para denunciar lo que está mal y quien lo lleva a cabo

Nunca doy por hecho que tenga toda la razón en las cuestiones sobre las que escribo, pero hay comportamientos cotidianos que vemos y de los que nos enteramos, igual que pensaba Tom Wolf, que justifican sentir asco.  Es más fácil terminar viendo un perro verde que escuchar decir: “no, esto no se puede hacer porque no es ético”. Las excusas vacías que encontramos de habitual ante esas malas prácticas sociales, no habría ni que buscarlas a nada que nos planteemos lo que es ético de lo que no.  Por eso son tan necesarios los medios de comunicación, para denunciar lo que está mal y quien lo lleva a cabo. La libertad de información ha quedado un tanto mermada con la última gran crisis, y muchos de los contrarios a lo ético lo saben. Son los mismos que acostumbran a tergiversar las cosas; a embellecer con palabras biensonantes lo que es irregular; a escudarse en que hay una campaña montada contra ellos, o a buscar notoriedad en los platos de televisión, hasta que te pillan con una suculenta cuenta en Suiza. Esto es lo que ven y aprenden nuestros jóvenes, y es lo realmente preocupante, mucho más que Torra elija consejeros presos y huidos para el nuevo Gobierno catalán. Eso sí, reconozco que todos estos casos hay que medirlos por el mismo rasero que no es otro que tener o no tener ética.

¿Ética, dónde andas?
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