miércoles 5/8/20

Gracias a quienes hacen posible llenar la bolsa de la compra para comer

Reflexiones desde casa. Día 31.

Pequeña se queda la palabra excepcional para lo que están haciendo por los demás los trabajadores de supermercados y tiendas de alimentación. Tal actividad laboral fue declarada esencial, desde el primer momento del estado  de alarma. Luego, hay que situarse tras una caja, un mostrador, reponer estanterías, atendiendo al público. Salvo descerebrados que ponen carteles en ascensores, los españoles estamos valorando como se merece lo que están haciendo millones de trabajadores del sector alimentario, que ya llevan tiempo desempeñando su labor con mascarilla y guantes. Lentamente, regresan a sus puestos laborales otros muchos ciudadanos, pero sin los de la alimentación este confinamiento hubiera sido impensable. No queramos ni imaginar quedarse en casa por obligación, preocupados además por un desabastecimiento de comida y productos de primera necesidad. Pero no ha sido así. El Gobierno puede decretar lo que sea, pero luego los trabajadores han de estar comprometidos con medidas ante las que se pueden jugar literalmente el tipo. Lo quieran o no las televisiones, a las que les preocupa más Trump y los muertos de Estados Unidos, lo que está ocurriendo en España es un drama mayúsculo, con el que vamos a cargar ya  siempre. Esto solo ha hecho que empezar, y ahora estamos en la fase pandémica. La post-pandemia dará para todo, y no solo estoy pensando en materia política o económica. La atención que no se presta suficientemente ahora a los dramas personales, tendrá su protagonismo, caso por caso, el día de mañana. Mientras tanto, con su profesionalidad, atención, reparto a domicilio, cariño, detalles o conversación, el papel del sector de la alimentación en esta etapa coronavirus ha sido y es todo un ejemplo de cómo hay que ir por la vida. ¡Chapo! El bicho ha demostrado que somos más iguales de lo que acostumbramos a demostrar. Esta cuarentena ha dejado a la intemperie que sobre profesiones, riquezas o posesiones, al final, vale lo que vale, ser persona. Sucede así con el vecino que se preocupa por el de la puerta de enfrente, el tendero de barrio, el trabajador y la trabajadora del  supermercado en el que sueles comprar, agricultores, ganaderos y productores, conductores de autobús, taxistas o transportistas, sin dejar de citar - pese a lo mucho que son destacados por méritos propios- todo el cuerpo sanitario y farmacéutico. Yo, que a fin de cuentas respondo de lo que digo y hago, me sentiré en deuda para el resto de mis días. Para nuestra desgracia, quedaremos señalados como la generación coronavirus. Aunque unos van a quedar mejor retratados que otros. Todo, por el bien hacer y servicio a la comunidad, anteponiendo la propia seguridad, como todos los trabajadores de alimentación en general. Cuando me sigan atendiendo en el futuro, tendré oportunidad de darles las gracias personalmente. Sabrán que no es una simple palabra, ¡gracias! Esta expresión atesora mucha más profundidad que el mero gesto cortés hacia una persona que te atiende en tiempos de pandemia contagiosa y mortal. Casi nada.

Gracias a quienes hacen posible llenar la bolsa de la compra para comer
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