Jueves 13.12.2018

Lo que vaya a ser de Cantabria

Cuando los planes a futuro se eternizan, dejan de ser planes y se convierten en meros deseos que no han llegado a concreción ni realización alguna. Parecemos conformados con que Cantabria dé síntomas de estancamiento, sin que se hable ya nada sobre lo que queremos hacer a medio y largo plazo, principalmente para dar empleo a los jóvenes que se marchan de batallón en batallón. Se tiende mucho a oficializar las culpas, pero lo realmente preocupante, a mi entender, es la ausencia total de debate social con respecto al futuro de esta comunidad y sus habitantes.

Si el porvenir es una incógnita, pensar en ello como hacemos de habitual ocupa mucho de nuestro tiempo y genera dos tipos de incertidumbres suficientemente estudiadas: lo que sientes por dentro y lo que proclamas abiertamente por fuera. Desde bien pequeños, nos encarrilan por el camino de lo que vamos a hacer para ser alguien en la vida. Durante los estudios básicos es una constante, pero con el salto a los superiores llega el agobio de tener que elegir profesión y destino. Es lo que se conoce como estar preparados para el futuro. Tan larga como es ya nuestra historia estrechamente unida a los avatares de este mundo, lo que no tenemos aún del todo solucionado es alcanzar un punto idóneo de conexión entre los planes de desarrollo que formula un país, una región o una ciudad, para que alcancen de lleno las ambiciones de prosperidad que  tienen sus ciudadanos y, en especial, los jóvenes que empiezan, tras haber acabado unos estudios y aprendido una profesión concreta.

Hasta que no se evidencie lo contrario, Cantabria está en esa fase de lo que quiere hacer y demostrar dentro del ámbito nacional y europeo. La economía, especialmente por la rapidez en los cambios tecnológicos que se producen constantemente, necesita de visión, concreción y ejecución. Hace cuatro años se anuncio a bombo y platillo la necesidad de llevar a cabo un plan estratégico de Cantabria a futuro. De inicio, debía definir lo que quiere ser y a qué se quiere dedicar esta región del norte de España. Para ello, como premisa de salida, se ponía encima de la mesa esta pregunta: ¿en qué somos buenos?  A estas alturas de la película la duda podría ser kafkiana, pero siempre será mejor abordar el problema que evitarlo sine die, como parece suceder ahora.

Hasta que no se evidencie lo contrario, Cantabria está en esa fase de lo que quiere hacer y demostrar dentro del ámbito nacional y europeo

¿Hay que dedicarse a la industria?; ¿debemos centrar esfuerzos en el turismo?; ¿es mejor impulsar polígonos industriales?; ¿el futuro son más puertos deportivos?; ¿se ha de situar al Puerto de Santander entre los mejores del país? Opino que un plan propio de desarrollo debe contemplar los pros y contras de lo que nos pasa en realidad, y por eso dentro del mismo caben estas y otras tantas preguntas, que se desprenden de lo que produce y aporta cada zona concreta de Cantabria, desde la ganadería a la alimentación, pasando por la artesanía y el turismo o la gastronomía rural y todo lo que conlleva la prestación de servicios.

A la demanda de concreciones y con ellas soluciones, siempre se le achaca el paso del tiempo sin respuestas, junto a la desidia en tomar acuerdos que resulten a la postre beneficiosos para todos, y, lo vuelvo a decir, en especial para nuestros jóvenes que ahora se marchan de Cantabria porque aquí no encuentran su oportunidad. Hemos asumido que vamos para abajo y ya está. Esta actitud no es admisible en absoluto. Cuando hablamos del cansancio que muestra la economía, se quiere explicar como la falta de inversión o creación de negocios y empleo, cuando resulta que es nuestra propia inacción la que genera todas estas situaciones de hastío.

Hay una falta  alarmante de voces sociales que reclamen públicamente un cambio en lo que a todas luces es un deterioro en la tendencia económica

¿Quién piensa ahora en Cantabria sobre el camino que hay que seguir? Tenemos nuestro propio autogobierno, una universidad pública que siempre ha sido creativa, aunque con una falta  alarmante de voces sociales que reclamen públicamente un cambio en lo que a todas luces es un deterioro en la tendencia económica. Este es el auténtico déficit y también el origen del cansancio real, que no es una cuestión abstracta y sí personal, porque proviene de las personas, sus hechos y acciones. Por eso la pregunta ya no es a qué nos queremos dedicar. Es esta otra: ¿lo queremos hacer realmente?

Lo que vaya a ser de Cantabria
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