domingo 27/9/20

Padres e hijos en la lucha común frente al coronavirus

Da igual que sean mayores de edad. Los padres debemos exigir y controlar a nuestros hijos para que extremen las prevenciones frente al coronavirus en sus salidas, sobre todo si son nocturnas. De no darse ese necesario trabajo en equipo de las familias, lo único que podemos esperar son los rebrotes que ya tenemos encima, y mucho antes de lo previsto. Para con este horroroso 2020, solo nos queda extremar cuidados y recomendaciones, hasta que acabe el año y decirle adiós, muy buenas. 

No sé muy bien si asistimos ya al “Quédate en casa 2”, o a puntito de ello. Con nuestro irresponsable comportamiento, la estamos pifiando bien pifiada en lo de mantener a raya al Covid. Los unos, por la demostración permanente de que la pandemia no va con ellos. Los otros, por hacer mal uso de la reglamentaria mascarilla y mantener la pertinente distancia social. El caso es que Europa, mientras nos da dinero para la reconstrucción, mira de reojo a España, tan capaces como somos de lograr imposibles, lo mismo que dispararnos al pie por hacer mal lo fundamental.  

Conversación recurrente es hoy la responsabilidad que tenemos los padres sobre el comportamiento de nuestros hijos, especialmente en las salidas nocturnas, que dan pie a la fiesta, el jolgorio y el contacto social con amigos habituales y otros por hacer. Que todos hemos sido jóvenes es lo primero que argumentamos. Que ya tienen edad suficiente para ser responsables en su conducta en la calle es lo que sigue. Pero también encuentras cuantiosas opiniones paternas con la pregunta de ¿a ver quién es el guapo que les dice a sus hijos mayores de edad lo que tienen que hacer? Pues nos equivocamos en cada cuestión, de lo que se deriva que los primeros en no enterarnos de que estamos de pandemia, de Covid, de coronavirus, como queramos llamarlo, somos los padres. 

“De poco sirve la seguridad que se dan los mayores contra el virus, si lo traen a casa hijos o nietos, con una irresponsabilidad a partes iguales” 

En la medida en que nuestros hijos comparten hogar con sus padres, hay en estos momentos unas reglas de convivencia comunes, a cumplir en tiempos de pandemia. De poco sirve la seguridad que se dan los mayores en la prevención contra el virus, si al final se lo traen a casa hijos, nietos o amigos de estos, con una irresponsabilidad que hay que repartir a partes iguales, es decir, la culpa es de toda la familia. 

En marzo, cuando la pandemia se encontraba en su peor momento de número diario de muertos y contagiados, no era normal escribir que el Gobierno erraba al mostrar de manera tan bondadosa la crisis sanitaria, sin imágenes de sus consecuencias, como la auténtica realidad vivida en los hospitales, residencias de ancianos y los lugares donde a cientos se almacenaban los ataúdes. Ya pocos albergan dudas de que fue un error contar la pandemia como se ha hecho, precisamente porque una gran parte de la sociedad española no ha asumido la extrema gravedad de lo que pasa en realidad.

Se están tomando medidas drásticas, como el cierre de locales nocturnos a las dos de la madrugada. Va a ser un mazazo brutal en la economía y el empleo del sector turístico y hostelero, pero no podemos dejar de pensar en todo lo que hemos hecho mal, desde que superamos las fases tras el confinamiento, desoyendo, una y otra vez, las recomendaciones político-sanitarias. No hay vacuna aún (que se sepa) contra el Covid, pero sí un antídoto que se ha mostrado eficaz en su control. Ese antídoto es el orden. El verano y su ocio es de por sí un reto titánico en la lucha contra el coronavirus. Hay que reconocerlo: hemos suspendido en el intento. 

Lo que queda por delante no es menos peliagudo. Una vuelta segura a las aulas. Un final de los ERTE, con el consiguiente regreso a los puestos de trabajo. Y unas Administraciones Públicas trabajando al máximo de rendimiento y eficacia. La reconstrucción y el reparto de las ayudas europeas al mismo necesitan, en primer lugar, de la responsabilidad de cada ciudadano. De no ser así, no hay nueva normalidad de la que jactarse, ya que seguiremos estancados en las cifras de contagios con el temor de que nuestro sistema sanitario vuelva a vivir un colapso.

“El verano y su ocio es de por sí un reto titánico en la lucha contra el coronavirus. Hay que reconocerlo: hemos suspendido en el intento” 

Por lo tanto, muchas de las medidas que se están tomando desde la política son impopulares, pero responsables con la situación de rebrotes que padecemos, y eso en verano, sin llegar aún el otoño, como periodo en que el peligro estará nuevamente muy presente. 2020 no hay por donde cogerlo, pero ya solo nos queda terminarlo bien, y esperar mejores tiempos y vacunas. A los españoles nos tiene que entrar en la cabeza que nuestras vidas han cambiado, y con ello adquirimos una nueva responsabilidad cotidiana que se llama mascarilla y prevención. Hemos conocido en muy poco tiempo un confinamiento, una desescalada, unas fases, una vuelta a la normalidad e incluso, antes de lo previsto, los malditos rebrotes del Covid. Creo que deberíamos haber aprendido adecuadamente la lección, y también que nos la hubieran impartido mejor. No se lo hemos sabido explicar bien a los jóvenes, por ejemplo. Que no debemos fijar solo nuestra atención en ellos y su comportamiento, y menos dicho por los padres, no es aceptable. Si antes no lo quisieron o supieron hacer, los poderes públicos deben llegar con su mensaje a toda la población, a toda, y hacer comprender lo que está en juego, empezando y acabando por salvar nuestras vidas.


 

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