Martes 18.12.2018

Que te graben sin saberlo

Ahora asistimos al serial por entregas del ex comisario Villarejo, que lo mismo genera quebraderos de cabeza a empresarios que a ministros, aunque en realidad es un chantaje al Estado. Tan pestilente asunto lleva a la conclusión de urgir una investigación sobre tantas grabaciones ilegales, para poder garantizar mejor el quebrado derecho a la intimidad que tiene todo ciudadano, un tanto alarmado de que la tendencia actual sea grabarlo todo con el móvil.

En los tiempos actuales, a uno no le queda más remedio que plantearse seriamente lo de tener un carácter abierto y extrovertido, a la hora de hablar distendidamente con conocidos y desconocidos. Los audios del ex comisario José Manuel Villarejo sobre todo quisqui siembran la duda en estos días sobre lo que hablas y con quien lo hablas, no te lo vayan a grabar para después divulgarlo malamente. El móvil utilizado en modo grabación lleva camino de cargarse las comidas de trabajo o institucionales, donde antes podías compartir ideas, chismes y críticas constructivas o destructivas, para pasar ahora directamente a comentar temas banales como el tiempo reinante o lo bonita que está la ciudad donde tiene lugar el almuerzo, café o cena.

Según como se miren, las nuevas tecnologías han traído cizaña a aquella idea de Carl Rogers, iniciador del lado humanista en la psicología, en concreto al señalar que “cuando miro al mundo soy pesimista, pero cuando miro a la gente soy optimista”.  Internet, el móvil y las redes sociales han replanteado todo, porque la pelota está mayormente en ese tejado tan resbaladizo que no quiere distinguir entre lo que es público y lo que es privado. Se empezó por contar las intimidades en los Sálvame televisivos que gozan de audiencias millonarias, y se ha llegado a que tu imagen o tu voz pueda aparecer en los canales internautas, porque Mortadelos y Filemones al estilo TIA tienen como dedicación exclusiva diaria grabar a quien quieran. 

Internet, el móvil y las redes sociales han replanteado todo, y no se distingue entre lo que es público y lo que es privado

La frase de que la información es poder se atribuye a Francis Bacon, pero no creo que imaginara al extremo al que se llegaría con el paso de los siglos. Hoy, extremar la discreción obliga, y la discreción es prudencia y sensatez para formar un juicio y tacto para hablar u obrar. Pronto se pondrá de moda que cuando un ciudadano vaya a ver a su alcalde, antes le requieran que deposite su móvil y tablet en la secretaria del político, para que no exista la menor tentación de que la entrevista pueda ser grabada sin el previo consentimiento de las partes.

Es mucho lo que puedes hacer hoy con un teléfono móvil, incluido el daño. No ganamos para disgustos en temas como el acoso escolar, y que todos quieran ser influencers con miles de seguidores, y terminar cobrando de las marcas ante cualquier cosa que recomiendes en tu sitio web, Facebook, Twitter o Instagram. Entontecemos por momentos, al tiempo que creamos una sociedad con muy baja autoestima ética y moral. Con la amplitud inmensa que es y tiene Internet resulta cómodo apelar a la seriedad de los medios de comunicación que gozan de reputación. Que por parte de máximos responsables de un Gobierno se hable de restringir la libertad de expresión, también se las trae a estas alturas de la película. Un Estado tiene que reforzar constantemente sus resortes democráticos para que no suceda lo de las cintas de Villarejo con el consiguiente chantaje a personas e instituciones. Esto sí que requiere de una Comisión de Investigación, porque los españoles queremos saber cómo es posible llegar a semejantes extremos, el por qué, quién está detrás, y con qué fines.

Un Estado tiene que reforzar constantemente sus resortes democráticos para que no suceda lo de las cintas de Villarejo

Dudo mucho que los jóvenes que hacen de un Smartphone la parte principal de su ocio sepan lo que son las cloacas del Estado. De lo que no dudo es que los mayores les estamos dando el peor ejemplo posible, lo que les lleva a no creer en casi nada y dudar de todo. Cuando no es un máster, es un doctorado; cuando no es un plagio es un presunto fraude a Hacienda o grabar la sobremesa de una comida entre altos cargos, cuyo contenido jamás tendría que haber llegado a la opinión pública. Cuando el mal ya está hecho es cuando nos rasgamos las vestiduras, y los portavoces encargados de dar explicaciones echan más leña al fuego, porque no hay peor cosa frente a una crisis que encima mantener una mala o pésima comunicación. Verdaderamente, hay días en que en este país es mejor no levantarse de la cama, bien ante una nueva polémica que a buen seguro surgirá en esa jornada, bien ante la prevención de que cualquier panoli te saque una foto o te grabe con su móvil para luego intentar hacerte daño público. Por cierto, al hablar de daño lo mismo me refiero a un colegio, una clase, un instituto, la universidad, en el trabajo o por Whatsapp.

Que te graben sin saberlo
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