martes 14.07.2020

Del “Quédate en casa” a no hacer puñetero caso

Hablar tan a la ligera de postcovid es una irresponsabilidad, pero la economía manda. Tras la cuarentena, el desconfinamiento y las fases, asistimos ahora al pasotismo de mucho insensato, que actúa de manera irresponsable frente al coronavirus. Lejos de cambiar en positivo, se aprecia falta de consideración hacia muertos y contagiados, que no son más por la heroicidad sanitaria y de miles de trabajadores que siguieron en sus puestos, mientras los demás coreábamos el “Quédate en casa”.

No hay postcovid, porque todavía estamos en el ojo del huracán de la pandemia, aunque muchos no lo quieran aceptar. Sucede tal como lo dijo el gran José Saramago: “Cada uno ve el mundo con los ojos que tiene, y los ojos ven lo que quieren, los ojos hacen la diversidad del mundo y fabrican maravillas, aunque sean de piedra, y las altas proas, aunque sean de ilusión”. Ahora toca no dar sensación de shock y colapso por todo lo sucedido, y, verdadera y desgraciadamente, los españoles olvidamos demasiado pronto.

Durante la cuarentena, aunque se habló mucho de ello, especialmente por la multitud de cursiladas emitidas por todas las televisiones españolas, no hemos cambiado, para bien, en nada. Al menos, yo no lo aprecio por ninguna parte. Lo que veo es a mucha gente que no cumple con las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Veo muchas mascarillas tiradas por los suelos. Y veo también que algunos negocios actúan bien y otros van a su puñetero aire. Especialmente, lo de las salas de fiestas, es para intervenir ya. Todo esto es mayormente lo que veo.

“No hemos cambiado para bien. Veo a mucha gente que no cumple las recomendaciones y negocios que actúan bien y otros que van a su aire”

En medio de todo, tampoco comprendo la actitud de los más jóvenes, corriendo los riesgos que corren. En realidad, a los pocos días de iniciarse el confinamiento, en este mismo periódico, ya predije que íbamos a pagar caro la información tan light que Gobiernos y medios de comunicación estaban haciendo en el día a día del coronavirus. Ahora ya es opinión generalizada que hubiera sido necesario mostrar las imágenes de la cruda realidad de lo sucedido realmente en España, porque como mantengo, el mal comportamiento de mucha gente da para pensar que han olvidado todo, si es que alguna vez percibieron el golpe tremendo que multitud de familias, las de los muertos principalmente, se han llevado por causa del Covid-19.

Entiendo que hay que abrir la economía porque es la que tira de nuestros empleos, generadores del dinero que necesitamos para vivir. Pero es que este bendito país pasa del todo a la nada, de un día para otro, dando la sensación de no haber aprendido nada de todo lo malo que nos ha sucedido. No es posible olvidarlo porque el coronavirus sigue entre nosotros, al acecho dañino, y nos puede volver a dar un susto morrocotudo que lleva por presagio el nombre de rebrotes. 

De ninguna manera se puede permitir que el egoísmo nos lleve a olvidar todo lo que han hecho los héroes sanitarios, el Ejército, las diferentes policías, Protección Civil y toda la relación de trabajadores de diversos sectores estratégicos que se han jugado la piel por los demás, mientras la mayoría disfrutábamos del “Quédate en casa”. Por eso de que estamos en momentos aún muy delicados, no se puede bajar la guardia por nada, ni por fiestas, ni por quedadas, ni por ocupar en multitud espacios urbanos.

“Trabajadores estratégicos se han jugado la piel por los demás, no se puede bajar la guardia por fiestas, ni por ocupar en multitud espacios” 

Si algo he aprendido de lo ocurrido es lo esencial de la distancia social, y el uso de mascarillas cuando veamos que la inseguridad es patente. Los malos comportamientos van a ser habituales, porque lo queremos todo. Es nuestra forma de ser, equivocada, pero lo es. Ya que he empezado citando a Saramago, termino igualmente con él. Este Premio Nobel de Literatura apreció que “el humano es un ser que está constantemente en construcción, pero también, y de manera paralela, siempre en un estado de destrucción”. Desolación es Covid o coronavirus y muchos los interrogantes sobre el qué y quién lo ha provocado. Cuando de verdad llegue el postcovid, las preguntas serán muchas en busca de la verdad. Deberíamos exigir a los gobernantes todas las respuestas, para dar un ejemplo a la única manera de cambiar este penoso mundo actual sin rumbo: la educación. Una educación que ha de volver a las aulas con garantías de seguridad y de que realmente todo se ha superado. Pensarlo ahora, creer que el bicho está muerto y enterrado, es un simple espejismo. En cambio, que muchos ciudadanos pasan olímpicamente de extremar los cuidados en las calles, en las empresas, en los bares y en restaurantes, eso sí que es una realidad.


 

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