Viernes 19.10.2018

Tren 2024 con destino Cantabria

La historia de la llegada a Cantabria de un tren de altas prestaciones, que no AVE, resulta ya rocambolesca por diferentes causas. La principal es el déficit tradicional en que el Estado tiene sumida a esta región con respecto a las infraestructuras que necesita imperiosamente, algo que afecta negativamente en su economía y desarrollo. Como muestra está la vieja red ferroviaria, cuyas mejoras se reivindican desde el siglo XX, sin que diferentes generaciones de cántabros terminen de ver una solución creíble y definitiva.  

En la película de Robert Zemeckis, Regreso al futuro III, hay una escena en la que el doctor Emmett Brown, papel interpretado por Christopher Lloyd, viaja del pasado al futuro en la máquina de un tren alucinante. Al encontrarse en el presente con los otros dos protagonistas de la cinta, Marty MacFly (Michael J. Fox) y su novia Jennifer Jane Parker (Elisabeth Shue), les advierte que “el futuro no está escrito” y que, por tanto, “vuestro porvenir solo depende de vosotros”. Se trata de una predicción aplicable íntegramente al viejo problema de Cantabria con respecto a sus infraestructuras, aún sin resolver, a pesar de los años y años transcurridos.

Siempre que se ha hablado de la dedicación de Cantabria a un sector productivo determinado, como la industria, el turismo o los servicios, el gran inconveniente venía de su falta de comunicaciones por carretera y ferroviarias, principalmente. En el pasado, la comunidad ha perdido tantos trenes de impulso a su desarrollo, coincidiendo con la justa reclamación para Cantabria desde hace más de 20 años de un tren de alta velocidad o altas prestaciones, que da igual que da lo mismo, porque solo se ha conseguido que el proyecto no pase de tal. Al utilizar el verbo conseguir quiero significar que realmente los cántabros puedan creer, sin lugar a dudas, que se vislumbra una fecha concreta para ver totalmente mejorada la vía ferroviaria que nos conecta con el centro de España. Han sido tantos los anuncios y tantos los incumplimientos, que pedir fe en cuestión tan primordial choca frontalmente con las fuertes inversiones que el Gobierno Central ha llevado a cabo en otras regiones de la Cornisa Cantábrica o limítrofes, mientras ha sumido tradicionalmente a Cantabria en la dejadez y el olvido.

La comunidad ha perdido tantos trenes de desarrollo, coincidiendo con la reclamación desde hace más de 20 años de un tren de alta velocidad

Si se pregunta a cualquier cántabro por este hecho, difícilmente podría eludir el sentimiento del agravio comparativo sobre por qué Galicia, Asturias, País Vasco o Castilla y León tienen AVE, y Cantabria no. Desde que tengo uso de razón, he venido escuchando (dentro y fuera) la excusa relativa a la especial dificultad de la orografía cántabra, a la hora de recibir inversión estatal para acometer infraestructuras. Lo lamentable es que tan estúpido argumento siga vigente para muchos, ya que, a lo que se ve, las comunidades de nuestro entorno, que si cuentan con mejores comunicaciones, son una planicie sin apenas relieve montañoso. No menos de cinco ministros de Fomento han dado fechas sobre las mejoras a ejecutar, aunque el tiempo pasa inexsorablemente, y nos vamos haciendo viejos como dice la canción de Pablo Milanés. Ahora se anuncia que Cantabria tendrá su tren rápido para el año 2024, aunque uno no sabe ya qué pensar.

No debería extrañar que surja un sentimiento de rechazo al Estado, alimentado tras tantos años de vernos los últimos en todo

El conformismo y la abulia han sido dos características tradicionales de Cantabria a la hora de no reivindicar, especialmente la sociedad civil, todo aquello que necesita imperiosamente para crecer. Para mejorar y para que nuestros hijos encuentren preferentemente trabajo aquí, en vez de tener que marcharse fuera, como ocurre mayormente ahora. Muchos padres lo saben por la triste escena que se produce cada final de fin de semana, al acompañar a sus hijos a la estación del tren, y despedirles porque su trabajo está fuera del lugar en que nacieron. No han podido elegir, vienen dadas así, y también nos cruzamos de brazos. Eso sí, no dejamos de hablarlo y comentarlo en palabras que se lleva el viento. Nadie debería extrañarse de que un día surja un nuevo sentimiento social de rechazo a esta política de Estado, a su  desigual financiación territorial, alimentado tras tantos años de vernos detrás de los demás, los últimos en todo, y desde luego en materia de carreteras, catenarias y averías continuas de trenes Cantabria podría hacer con todos estos olvidos un master, ahora que están tan de moda. El viejo refrán sobre que quien no llora, no mama, es la realidad de este país, vía Presupuestos Generales del Estado, donde el poder de los votos es el que habla a la hora de que unas comunidades reciban más que otras. Para muestra un botón, como es la famosa Y vasca que va a llevar la alta velocidad a las principales capitales de Euskadi, red que estará además conectada con el resto de Europa, a través de Francia. Ya en marcha, con obras muy avanzadas, el AVE estará en el País Vasco en 2023; allí se llama TAV. En Cantabria, sin nada iniciado, se prevé un tren de altas prestaciones para 2024. Al final de esta historia eterna, entrego mis esperanzas a algo que dijo el gran poeta Khalil Gibran, y que viene muy a cuento: “La duda es un dolor demasiado solitario para saber que la fe es su hermano gemelo”.

Tren 2024 con destino Cantabria
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