viernes 14/8/20

Vecino joven ayuda a vecino mayor

Reflexiones desde casa. Día 19.

Pepe Mújica no necesita presentación. En todo caso, que es el último Mohicano dentro de la extinción de referentes. Dicho lo cual, creo que Don José ya pensó que el coronavirus llegaría. “Sí, es posible un mundo con una humanidad mejor. Pero tal vez hoy la primera tarea sea salvar la vida”, pensó y dijo mucho tiempo atrás. Y ya lo estamos viviendo. Antaño no sé, pero en esta crisis sanitaria mostramos especial atención a nuestros mayores, ya que nos preocupan de verdad.  A los que están en hospitales les deseamos una pronta recuperación (¡si se puede!). Igual a los que viven en residencias, que en breve regresen a la normalidad. Otro escenario es que muchas personas de la bien llamada tercera edad viven solas. No son días animosos ni alegres, porque echan de menos a sus hijos, nietos o bisnietos, y lo mismo les sucede a estos últimos con respecto a sus padres o abuelos. En muchas comunidades de vecinos se viven momentos de auténtica camaradería. Sobran manos para hacerle la compra a alguien, llamarle por teléfono para constatar que todo está bien o dar un poco de conversación, porque nuestros mayores tienen que ver y sentir que importan. Tristemente, esta pandemia se está ensañando con ellos. Teníamos que haber estado preparados para esto, pero nuestra prepotencia y soberbia como mundo y como sociedad nos impide ver más allá de las ambiciones personales. Sin cambiar de tema, un amigo me propone algo que yo podría hacer tras acabar el confinamiento. Le digo que no voy a pensar en nada, que solo voy a vivir. Ahora es cuando regresan a mi memoria cosas que me contaban ancianos, de su pasado, lo que padecieron, y bajo ningún concepto querían revivir. De concordia nadie sabe más que ellos, aunque el coronavirus ha roto sus deseos. El ex presidente uruguayo, persona ante todo que es Pepe Mújica, ¡caray!, parece que tiene en la cabeza una bola de cristal: “Nos tenemos que juntar por el susto, para hacer algo en el mundo que se nos viene”. Ese mundo, puesto al revés, llegó. Nuestra civilización no ha perecido, pero tenemos que reiniciarnos. No poco hay que reconstruir cuando nos pongamos a ello, aunque seguiremos estando en deuda con los mayores que nos dieron la vida y una sociedad de bonanza que nos hemos cargado. Hace nada, hablábamos de ellos y ellas como una generación de tal robustez, que llegaban sin despeinarse a los 90 años o más. El coronavirus, el maldito coronavirus, ha truncado este bienestar que, aún en estado de alarma y de conmoción, saca lo mejor de nosotros, como esto de vecino ayuda a vecino, máxime si goza del respeto de la edad.  
 

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