Martes 14.08.2018

Yes, negados para el inglés

En España se hereda de padres a hijos el desinterés por hablar, al menos, otro idioma. Antes se recomendaba para convivir dentro de un mundo global, en el que la economía diserta mucho en inglés, francés y alemán. Hoy estas lenguas mandan también en Internet y redes sociales, mientras nuestra sociedad se hace cada vez más pequeña de miras por asumir, sin más, que no se le da bien eso de ser bilingüe.  

Solo el sol puede excusar la llegada anual de millones de turistas a España, sin que el país se haya puesto jamás las pilas respecto a hablar otro idioma universal, junto al español, como es el inglés. Hemos asumido con la mayor normalidad ser unos negados para el estudio de los idiomas, estereotipo que trasciende de una generación a otra. Como antes sus mayores, nuestros jóvenes no asumen la importancia de relacionarse con el resto del mundo en las lenguas prefijadas como esenciales a la hora de hacer negocios, sea en inglés, trátese del francés o compréndase en alemán. Llevamos más de treinta años dentro de la Unión Europea y lo más cerca que estamos del entendimiento con otros pueblos de nuestro entorno se llama Erasmus. La crisis económica casi se carga también el intercambio de estudiantes entre los diferentes países europeos, para ahondar así en un mayor sentimiento europeísta. La experiencia de estudiar y vivir en Milán, Praga o Nottingham resulta inolvidable, pero hay que reconocer que sirve para hacer de los jóvenes españoles auténticos poliglotas.

Los idiomas se aprenden en el exterior, pisando el propio terreno en el que se habla el idioma que buscamos comprender. En el interior, en la escuela, institutos y universidad, aprender idiomas en España es un desastre. Nunca ha habido convencimiento oficial sobre la importancia de exigir un bilingüismo necesario para entenderse en cualquier continente. El español es un idioma muy fuerte, pero la economía habla en inglés. Nuestro Gobierno Central ha estado siempre más preocupado por abrir sucursales del Instituto Cervantes para el asentamiento y expansión del español, mientras ha infravalorado sistemáticamente la enseñanza del inglés desde el mismo acceso a la escuela, dándole la importancia vital que tiene. Las comunidades autónomas, a través de sus programas educativos, han descuidado igualmente las lenguas extranjeras como proyección imprescindible del estudiante hacia un escenario laboral. Cantabria podría haber sido el mejor ejemplo nacional de comunidad europea bilingüe, y ha perdido también este tren, como otros tantos que dentro de este articulo no vienen a cuento.

Cantabria podría haber sido el mejor ejemplo nacional de comunidad bilingüe, y ha perdido también este tren

Yes, es cierto que somos un país negado para el estudio de otros idiomas, pero no lo es menos que nunca ha habido una exigencia familiar, oficial, educativa o administrativa para cambiar esta conducta. Contamos con una televisión pública y otras privadas, que no contribuyen en absoluto al conocimiento del inglés desde la infancia, mediante la costumbre de ver películas en versión original. Aquí a todo se le pone voz en castellano, catalán, gallego o vasco, mientras que se da la espalda a los idiomas preponderantes en el mundo. Solo un cambio profundo, verdadero, de hechos, no de palabras vacías, dentro del sistema educativo nacional podrá crear generaciones bilingües, que nos hagan olvidar la rareza que ahora nos parece que alguien se desenvuelva perfectamente el inglés. Mientras sigamos perdidos en el laberinto de estudiar una cosa en Galicia o Cantabria y otra diferente en Madrid o Andalucía, no hay nada que hacer, porque el déficit nacional de una población que hable idiomas está provocado precisamente por el individualismo con el que se acometen aquí casi todas las cosas.

Veríamos lo que cambiarían las cosas si para ocupar cualquier cargo, empezando por los públicos, fuera obligatorio el inglés

Solo con los años de experiencia en turismo ya tendríamos que ser uno de las naciones del mundo donde sus ciudadanos hablaran más de un idioma. Los habitantes de países como Suecia, Finlandia o Noruega se defienden perfectamente en las lenguas que hay que entender, y es que sus niños lo maman desde pequeños, tanto en casa como en los colegios. Así, hasta que van proyectándose en mayor medida en sus estudios para llegar a ocupar  el día de mañana un puesto de trabajo. Aquí no pasa, desgraciadamente. Porque hay condescendencia a la hora de no exigir el estudio y uso de idiomas. Ni siquiera la comunicación global que es Internet y las redes sociales nos hace mejorar notas en inglés, francés o alemán. Estamos permanentemente suspendidos en idiomas, y lo asumimos con total naturalidad porque nos autocalificamos de negados para ello, cuando la realidad es que es falta de trabajo y constancia para ampliar conocimientos, de lo que tiene mucha culpa un sistema educativo nefasto que no obliga a pensar y hablar en diferentes lenguas internacionales. Veríamos lo que cambiarían las cosas si para ocupar cualquier cargo, empezando por los públicos, fuera obligatorio el inglés.

Yes, negados para el inglés
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