sábado 24/10/20

La nueva Ley del Suelo o cómo poner aún más difícil el futuro de nuestros pueblos

Dentro de esta incertidumbre aparece la única propuesta revillista para sacarnos de la crisis, y como no, viene vestida de ruralidad, una nueva ley del suelo que presuntamente ayudará a fijar población en los pueblos del interior, pero que no es más que una huida hacia adelante, un repetir el modelo que nos llevó a la nada y destrozó nuestro litoral.

Cada vez que una persona se tiene que ir de un pueblo se pierde una historia, se olvida una canción, se extingue un oficio, se agota una parte de esa esencia que nos une y nos define como cántabros. Cuando un ganadero tira la toalla, cuando un albarquero se jubila, Cantabria es un poco menos Cantabria y sus habitantes somos un poco más globales y un poco menos cántabros.

Estando en juego nuestra esencia como pueblo, el objetivo principal de un partido que se define como regionalista debería de ser mantener el medio rural a toda costa, apostar por conservar lo que nos define como región, comunidad, nación… o como cada uno quiera llamar a nuestra tierra.

El PRC, aunque presuma de ruralidad, no es más que parte del problema y ahora se empeña en demostrarlo con su proyecto de Ley del Suelo

En los pueblos no esperamos mucho, son muchos años ya desde que con Mendizábal las leyes se tornaran hostiles con los habitantes del medio rural. Han pasado muchas décadas, muchas promesas, muchas propuestas y muchas leyes que con la excusa de ayudarnos ponen un palo más en nuestras ruedas. Y es que el PRC, aunque presuma de ruralidad, no es más que parte del problema y ahora se empeña en demostrarlo con su proyecto de Ley del Suelo.

Nos enfrentamos a una crisis sin precedentes, la situación global no permite el optimismo, pero dentro de esa crisis mundial la situación de la tierruca no puede ser más desalentadora. La buena gente que ha estado al frente de Cantabria durante estos años un día decidió dejar de lado la economía productiva tradicional, que tan buenos resultados nos dio y apostar por una economía basada en el consumo. El resultado aquí lo tenemos, pérdida progresiva de PIB, de población, de poder adquisitivo… y para colmo llega el Covid.

Dentro de esta incertidumbre aparece la única propuesta revillista para sacarnos de la crisis, y como no, viene vestida de ruralidad, una nueva ley del suelo que presuntamente ayudará a fijar población en los pueblos del interior, pero que no es más que una huida hacia adelante, un repetir el modelo que nos llevó a la nada y destrozó nuestro litoral, una ley que no solo no va a fijar un solo habitante en ningún pueblo de Cantabria sino que además va a contribuir a estancar más aun la economía de nuestros valles.

Proponer construir en suelo rústico para atraer población es reírse de los que amamos y vivimos día a día la ruralidad cántabra

Proponer construir en suelo rústico para atraer población no solo es demostrar un desconocimiento absoluto de los problemas que están despoblando Cantabria, es reírse de los que amamos y vivimos día a día la ruralidad cántabra, es minusvalorar y humillar una vez más al sector primario y poner otra zancadilla a los jóvenes que realmente quieren venir a vivir y trabajar en nuestros valles, es volver a situar el suelo agrícola como objeto de especulación y volver a negar el acceso a la tierra a los jóvenes emprendedores. Vender un prado a precio de solar no es vitalizar la economía, es impedir el acceso a la tierra a quien quiere trabajarla.

Vivo en un pueblo a la orilla del Pas, aquí no hay trasporte público, ni tiendas, ni bares, no tenemos colegio ni un médico de urgencias lo suficientemente cerca, sabemos lo que es trabajar sin internet, lo que es poner la radio y que solo suene una emisora con reggaetón en bucle, sabemos que lo que en Santander es ordinario aquí solo es un sueño y por todas esas cosas y más, sabemos por qué nuestros vecinos se fueron para no volver.

Con todas las cosas que nos faltan en el pueblo sí que hay una que nos sobra: casas vacías. Muchos marcharon y muy pocos vinimos, por lo que de las 50 casas que lo forman poco más de la mitad están habitadas, el resto son residencias de fin de semana, están a la venta o se alquilan por temporadas.

Las oportunidades por aquí son pocas, la principal economía está ligada al sector primario y el sector primario está ligado al territorio. Un territorio que tiene precio y aunque su valor real no va más allá que unos pocos miles de euros sus propietarios tienen la esperanza de que aquel terreno que heredaron en el pueblo algún día lo recalifiquen y alcance el valor de los terrenos de la costa.

Ese “valor teórico” hace que los terrenos improductivos no cambien de manos, vender un terreno por 6000 € no le soluciona la vida a nadie pero ¿y si algún día lo recalifican y se convierte en urbanizable? Esa esperanza de valor futuro ha hecho que ningún emprendedor pueda acceder a la tierra, nadie se puede permitir el lujo de ser agricultor si la bajada de bandera son 150.000 €.

Hoy nuestro sector primario es casi inexistente, su aportación al PIB cada vez es menor, teniendo un potencial único en Europa no es una alternativa real para miles de parados porque el precio de la tierra está distorsionado por leyes que favorecen la especulación. Éstas leyes han cerrado la puerta a los jóvenes que quieren labrarse un futuro en el campo cántabro y la futura ley del suelo será la guinda del pastel.

Me fascina también la idea de facilitar la construcción de edificaciones destinadas al turismo en nuestras brañas. Cuando llenemos nuestras campas de cubos de hormigón ¿Qué turista vendrá? ¿Realmente cree Revilla que quienes visitan los valles vienen a ver chalets?  

¿Y cuándo se construyan las segundas residencias? ¿Cómo pagaran los pequeños ayuntamiento infrafinaciados el asfaltado de caminos para llegar a ellas? ¿Cómo darán servicios a los nuevos vecinos que pagan sus impuestos en la ciudad?

¿Es necesaria una nueva ley del suelo? Sí, rotundamente, pero una que proteja el suelo y sus usos y que deje claro de una vez y para siempre que lo que hoy es rústico, también lo será mañana.
 

La nueva Ley del Suelo o cómo poner aún más difícil el futuro de nuestros pueblos
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