Sábado 20.10.2018

Ida y vuelta al Puntal con “Los Reginas”

Aparecía ante mí la bahía tal y como es, hermosa, grande, vigilada por Peña Cabarga, con alguna chalupa pescando. Así es como yo la recuerdo, sin centro cultural-mirador como ese al que se le caen las “escamas” y por supuesto sin esos diques, cicatrices de hormigón y piedra.

Reginas. Colección Paco Pis
Reginas. Colección Paco Pis

Andaba yo el pasado verano curándome de venenos, puñaladas y traiciones cuando leyendo eldiariocantabria.es  me enteré de que Los Reginas cumplían cien años y sí, la verdad, llego un poco tarde para felicitar a esta empresa veterana en Cantabria, heredera de los “Diez Hermanos” (alguna vez he escuchado el dicho popular de “te mueves más que la lancha de los Diez Hermanos”).

Por eso hoy quiero felicitar a Los Reginas y recordar de paso también aquellos días de verano en los que sacabas el billete para ir al Puntal; billete que entregabas a un marinero muy atento que ayudaba también a las señoras a subir las bolsas de playa cargadas de tortilla de patata, pimientos fritos  y filetes de lomo empanados.

Se mezclaba en el aire el olor del gasoil de la lancha con el del salitre, mientras a la hora indicada la sirena del barco sonaba haciendo correr a  los pasajeros rezagados que se apresuraban a bajar la rampa del embarcadero.

La maniobra de atraque coincidía con el rugir de motores para aproximarse y la tripulación te ayudaba a desembarcar

Ese mismo marinero, del que hablábamos antes, soltaba el chicote del noray dando una sacudida a la maroma para zarpar al instante (como se nota que soy de costa…)

En ese momento aparecía ante mí la bahía tal y como es, hermosa, grande, vigilada por Peña Cabarga, con alguna chalupa pescando. Así es como yo la recuerdo, sin centro cultural-mirador como ese al que se le caen las “escamas” y por supuesto sin esos diques, cicatrices de hormigón y piedra. Cioli ¿qué están haciendo con tu playa? 

A mí me parecía que aquel paseo en barca duraba muy poco, me lo sigue pareciendo hoy. Viajabas acompañado por la brisa y el movimiento del barco y salpicado por alguna ola, si te sentabas en la popa sacando las piernas entre los asientos como yo hacía de niño. Ya casi llegamos, hay viajeros que ya se levantan mientras yo me dedico a ver los mules que nadan tranquilos cerca de la playa.

El Puntal tenía dos pantalanes, el primero de madera (el actual) y otro metálico. La maniobra de atraque coincidía con el rugir de motores para aproximarse y la tripulación te ayudaba a desembarcar diciéndote: ¡Cuidado, deme la mano señora que ya cojo yo la bolsa, no se preocupe!

El día de playa tenía su ritual, primero mi madre me embadurnaba de Nivea (no había protector solar nivel 50 ni nada de eso) después un baño, luego el bocata y una Mirinda en el chiringuito de la playa aquel en el que en la barra tenia un cartel con la leyenda; “Prohibido consumir comida que no sea de este establecimiento.” Tras las sagradas dos horas de digestión, otro baño y de nuevo a la lancha repleta de pasajeros en aquellas tardes de agosto de mi niñez.

Los Reginas forman parte de la historia de Santander y también de la mía

No quiero olvidar el helado de dos bolas de heladería “El Buen Gusto” que te encontrabas al salir del embarcadero y de allí a casa, todavía teníamos que ir a la Plaza de las Estaciones a coger un autobús o el tren, ¡que excursión!

Escribo este artículo en un día de lluvia, ganas de playa, de Puntal, de lancha... ganas de navegar con Los Reginas que cumplieron cien años. No pude felicitaros entonces pero lo hago ahora.

Los Reginas forman parte de la historia de Santander y también de la mía. Muchas felicidades.

Ida y vuelta al Puntal con “Los Reginas”
Comentarios