viernes 10.07.2020

Nos vemos en las calles

Sigue siendo imprescindible un compromiso político más allá de los acuerdos y las palabras, que se traduzca en dotaciones presupuestarias para la puesta en marcha de los recursos necesarios para atender a las víctimas y sus hijos e hijas y para seguir desarrollando políticas públicas de igualdad.

Llega el 25 de Noviembre y otro año más saldremos a las calles, porque nos sobran los motivos.

En primer lugar por los datos que son obstinados; este año son ya 51 las mujeres asesinadas hasta la fecha en un 2019 especialmente desolador para Cantabria, que inauguraba las estadísticas oficiales en enero con la primera víctima, una mujer de 26 años asesinada por su novio en Laredo, seguida de otra segunda mujer en el mes de julio en el municipio de Escalante. Según el Observatorio Estatal de Violencia contra la Mujer desde el año 2003 -en que comenzó el recuento oficial de estadísticas- 1.027 mujeres han sido asesinadas por su pareja o expareja en España. En el otro plano del recuento oficial de víctimas están los y las 34 menores muertas desde el año 2013 a manos de su padre (en el 92% de los casos) o de la pareja o expareja de la madre. Esta es la cara más visible de la violencia de género, la de las que son asesinadas, la de las que sufren la consecuencia más brutal de una violencia física ejercida hacia las mujeres por el simple hecho de serlo, una lacra social que afecta a todo tipo de mujeres independientemente de su edad, su nivel cultural, su perfil profesional o su clase social y que tiene graves consecuencias para la salud física, psicológica, emocional, reproductiva, sexual, económica y social de las mujeres y de sus hijos e hijas.

El fenómeno de la violencia de género tiene un carácter estructural que nos afecta a todas, en todos los ámbitos de nuestra vida, todos los días

En segundo lugar porque sabemos que esto es sólo la punta del iceberg, porque el fenómeno de la violencia de género tiene un carácter estructural que nos afecta a todas, en todos los ámbitos de nuestra vida, todos los días.

Porque la violencia de género es una violencia cercana, que vemos a diario en aspectos cotidianos, que se perpetúa cuando la sociedad entiende que somos nosotras las que debemos renunciar a nuestra carrera profesional por el cuidado de nuestras hijas, hijos o familiares; o cuando observamos cómo se sigue socializando a niños y niñas en los roles tradicionales de género, demonizando y cuestionando la Coeducación, que es la herramienta fundamental para caminar hacia una sociedad igualitaria. La vivimos a diario cuando nos vemos cosificadas en los medios, en la publicidad, reducidas a simples cuerpos para la mirada y el disfrute de otros; cuando se dificulta la representación de las mujeres en los puestos de poder, en la política, en los medios de comunicación a pesar de los méritos sobrados; o cuando la credibilidad de una mujer que ha sido violada por cinco hombres es cuestionada por parte de una jurisprudencia machista y absolutamente ciega al enfoque de género. Y, por supuesto, las mujeres también nos sentimos agredidas cuando no se toma en serio la violencia machista y se desdibuja dando cabida a postulados que cuestionan su existencia, alentados por políticos y políticas ultraconservadores cuyo único fin es el de desmantelar todo el sistema de atención y protección a víctimas y de prevención de la violencia de género, poniéndola en cuestión, y haciendo retroceder a las mujeres a épocas pasadas en las que su papel se reducía a ser el callado y sumiso ángel del hogar.

Es absolutamente necesario un cambio estructural en la sociedad, trabajando con las generaciones más jóvenes

Todo esto es violencia de género, todo esto es violencia contra las mujeres y es intolerable dentro de una sociedad democrática.

La ciudadanía hoy conoce su existencia y el posicionamiento social general está a favor de la lucha para su erradicación. Para llegar a este avance en la concienciación de la sociedad actual han tenido que pasar décadas de muchísimo trabajo de sensibilización, en primer lugar por parte del movimiento feminista, que ha sido quien más ha luchado por sacar la violencia de genero del ámbito privado, pero también por parte de las instituciones, organismos, asociaciones de mujeres y medios de comunicación que han tratado de visibilizar y colocar la violencia contra las mujeres en el debate social y en la agenda política.

Y en este punto no podemos dar ni un paso atrás. No podemos permitírnoslo.

Sigue siendo imprescindible un compromiso político más allá de los acuerdos y las palabras, que se traduzca en dotaciones presupuestarias para la puesta en marcha de los recursos necesarios para atender a las víctimas y sus hijos e hijas y para seguir desarrollando políticas públicas de igualdad.

Es absolutamente necesario un cambio estructural en la sociedad, trabajando con las generaciones más jóvenes la prevención de la violencia de género a través de la Coeducación, herramienta fundamental para educar en igualdad de género en colegios e institutos y desde las edades más tempranas.

Y es imperioso que las mujeres y la ciudadanía en su conjunto se posicionen en frente de quienes con su machismo ideológico quieren sembrar dudas sobre la violencia ejercida contra las mujeres y la necesidad de seguir luchando contra ella desde los gobiernos y las administraciones, perpetuando así esta lacra social y frenando el avance de las mujeres y del feminismo.

Por todo ello es preciso salir a las calles este 25 de noviembre, para dejar claro nuestro mensaje: ¡BASTA YA!

Por las que estamos, por las que estarán y, sobre todo, por las que ya no están.

¡NOS VEMOS EN LAS CALLES!

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