Martes 14.08.2018

Comiditas

Ahora disponemos de mucha información, sabemos que hay que alimentarse bien y sabemos lo que no hay que comer, pero el caso es que alimentarse mal sabe mejor y, sobre todo, es más cómodo y barato que hacerlo bien.

A estas alturas de mi vida puedo decir que he comido de todo, me lo he comido todo. Un poco como ustedes, supongo, de esto nadie se libra. Antes nos comíamos más cosas, es verdad. Pero uno va envejeciendo y aprende a protegerse y a cuidarse; nada de excesos, lo mejor es comer lo de casa, nada de atractivos paquetes a los que dar un bocado en cuanto los ves. Ahora sólo algún día tonto a la semana, un capricho, una excepción, un recuerdo de lo que fuimos aunque luego vengan los remordimientos.

Sí, hablo de guarradas, claro. De comidas guarras, de guarrindongadas que dice David de Jorge. Hablo de donetes, panteras rosas, risketos, morenitos, pelotazos, patatas fritas o nubes. De hamburguesas con cocacola para echar fuera la resaca, de pizzas familiares aunque estés más solo que la una, de bollería y de morcilla frita. Y sí, que me lo he comido todo y he disfrutado mucho mientras lo hacía. Pero, ya les digo, las cosas cambian. Aunque confieso que hay viernes en los que mi familia me abandona para irse a las montañas y, sola, aprovecho para volver a disfrutar de las guarradas; voy a correr para no sentirme tan culpable y después ceno unas patatas fritas con sabor a huevo frito, unas gildas, unos triskis y de postre unos regalices bien gordotes. Luego me echo a morir. Pero esto está mal, lo sé, por eso lo hago a escondidas.

Hay viernes en los que mi familia me abandona para irse a las montañas y, sola, aprovecho para volver a disfrutar de las guarradas

Antes, en el siglo XX de donde yo vengo, nos decían que tuviéramos cuidado porque a las puertas de los colegios nos podían dar caramelos con drogas. No, joder, no había nadie repartiendo droga en las puertas de los colegios, nunca pasó eso. Ahora sí, ahora sí hay mierda buena, auténticas guarradas que te ponen en las manos constantemente. Raro es el día en el que no  llega algo a las casas: cumples, meriendas conjuntas, abuelos... Si hasta en las carreras por la vida sana se meten paquetitos de Martínez con una botella de Aquarius.

Los míos siempre serán de los que se meten un atracón de doritos o de chocolate blanco pero los tiempos han cambiado. Ahora disponemos de mucha información, sabemos que hay que alimentarse bien y sabemos lo que no hay que comer, pero el caso es que alimentarse mal sabe mejor y, sobre todo, es más cómodo y barato que hacerlo bien.

Por eso hay cosas raras, piezas que no encajan. En el instituto al que va mi hija de casi 12 años hay muchos carteles y normas para llevar una vida sana y también hay una cantina donde sirven ricas viandas a la hora del recreo. Casi 800 adolescentes hambrientos pueden comprar en media hora cosas que les saciarán el hambre. Algunas de las cosas que se sirven allí, por ejemplo:

Por 0,90 céntimos puedes comer un bocadillo enorme de huevo, salchicha y bacon, de jamón serrano y bacon, de tortilla con mayonesa o de chorizo. Por 1€ un gran trozo de pizza. O, también por 1€, mi favorito: bocadillo de tortilla con pizza, madre mía. Por 1,5€ te dan hamburguesa, perrito o cruasán relleno acompañado de cocacola. Con 0,50 céntimos compras una bolsa de 30 regalices. Venden patatas fritas con salsas, tacos rellenos de chorizo y carne, zumos o bebidas azucaradas. Todo esto a  las 11 de la mañana;  el instituto es un paraíso, ojalá yo allí pero sin granos y sin oler a sudor.

Los adolescentes suelen tener mucho hambre y, por mucho que les cuenten en casa, tiene que ser difícil aguantar la presión de no comer algo contundente y riquísimo a media mañana

También venden fruta (manzana y pera) a 0,85€ la pieza. Según mi hija la fruta sólo la compran los profesores viejos. No quiero saber qué es para ella ser viejo.

Los adolescentes suelen tener mucho hambre y, por mucho que les cuenten en casa, tiene que ser difícil aguantar la presión de no comer algo contundente y riquísimo a media mañana. Seis años en el instituto viendo esto todos los días, eso lo tienes que llevar adelante. Y no sé, que mucho cartelito y muchas recomendaciones para hacer en casa pero la cosa está regularcilla en el sitio en el que pasan siete horas al día y donde es tan difícil marcar la diferencia. Horror, me he convertido en el pesado del sinazúcar.

Mi hija, por cierto, hoy se ha llevado unas bolitas de melón muy pitis que hace ella aunque justo antes de salir de casa la ví acercarse a la hucha, a lo perro. Por si acaso, habrá pensado ella, que nunca se sabe si habrá que invitar al que te gusta a unas patatas con ketchup y alioli a media mañana. Yo lo hubiera hecho, seguro; y de postre unos corazones de melocotón, que también hay máquina de vending de donde sacarlos.

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