Miércoles 15.08.2018

Correr, de la salud a la adicción

Cuando la práctica del deporte se convierte en el eje central de nuestro día a día, algo está pasando en nuestra vida que merece una pausa y reflexión.

Los retos deportivos se están convirtiendo en el leitmotiv de un creciente ejercito de corredores que cada temporada planifican objetivos que crecen exponencialmente como si los cuerpos no tuvieran límites. La liberación de endorfinas en nuestro cerebro que actúan como un opiáceo endógeno que nos genera bienestar, junto con la mejora de imagen que se proyecta gracias las redes sociales, constituyen un cóctel a veces difícil de controlar para algunas personas. La continua llamada a la superación con motivadores slogans, “No limits”, “Supérate a ti mismo”, “Lo difícil se consigue, lo imposible se intenta”, “Conoce tus límites y luego desafíalos”, constituye la última cadena que nos ata, so pena de ser unos mediocres, a un mundo en el que solo los constantes desafíos llegan a hacernos sentir valiosos y admirados.

Me parece oportuno cuestionar determinadas conductas que pueden llegar a traspasar la frontera de lo saludable

Soy consciente que abordar este tema puede ser el camino más rápido para ser un hereje, el mejor antídoto para que ningún runner de pro continúe leyendo mis artículos. Porque de pronto algunos pensarán que he abandonado la pasión por este deporte y me he sumado a la tropa de ánimas de sofá que nos critican para menguar su propia conciencia. Sin embargo al igual que hice en otras ocasiones en relación con la nutrición y otros temas vinculados a una vida saludable, me parece oportuno cuestionar determinadas conductas que pueden llegar a traspasar la frontera de lo saludable y adecuado para una vida plena, y proponer un debate que pueda rescatar a muchas personas de un camino irreal que termina en un cuerpo machacado y una vida desierta. Los monocultivos no son buenos en ningún ámbito de nuestra vida. Si dedicamos  nuestro cuerpo y alma a esa actividad, dejando paulatinamente a un lado  otro tipo de emociones y cuestiones tan valiosas como familia, amigos, trabajo… estamos en riesgo de traspasar la “puerta del no retorno”.  Como siempre, hago la exclusión de quienes se dedican profesionalmente a un deporte, y me dirijo a quienes son simplemente amateurs cuyas vidas se deben centrar en las cuestiones importantes y prioritarias.

Es indudable que el running, como cualquier actividad física, es en sí mismo un elemento positivo para el desarrollo de una vida saludable. La cuestión por tanto es discernir cuál es el punto en que empieza a convertirse en una dependencia, o dicho de otro modo cuando traspasamos la línea entre los saludable y lo patológico. Desde la perspectiva meramente física, la cuestión puede resultar más clara, ya que los profesionales de la medicina y la fisioterapia están en condiciones de determinar, según los parámetros de edad y trayectoria deportiva, cuál es el umbral razonable de un deportista. La cuestión más compleja es concretar desde el punto de vista sicológico cuando el comportamiento de un corredor es patológicamente adictivo. Más difícil aún cuando este tipo de patologías de la sociedad postmoderna son un fenómeno de muy reciente aparición, y existe escasa literatura científica al respecto, y ni tan siquiera una catalogación médica. Un estudio de mucho interés es el presentado por la sicóloga Virginia Antolín bajo el título “Adicción al deporte: el peligro de la sobredosis de ejercicio”, en el que obtiene resultados asombrosos en base a las encuestas realizadas a unos cuantos deportistas hombres y mujeres. La muestra sirve para analizar diversos tipos de comportamientos, y llega a la conclusión de que cerca del 20% de quienes practican asiduamente deporte muestran síntomas de adicción, siendo los ejercicios aeróbicos, como el running, los que más dependencia generan. Este estadio de dependencia se alcanza, según la autora de la investigación, en tres etapas: “una primera en la que se hace por placer; una segunda, en la que el objetivo es mejorar la belleza física, el bienestar, liberarse del estrés o relacionarse con otras personas; y una tercera en la que aparece el abuso y la necesidad de hacer deporte a toda costa, a pesar de que se sepa que puede traer consecuencias negativas”.

La cuestión más compleja es concretar desde el punto de vista sicológico cuando el comportamiento de un corredor es patológicamente adictivo

La liberación de endorfinas puede constituir un refuerzo para hacernos sentir mejor con nosotros mismos, pero llegado el punto en que pasa a ser el único refuerzo, corremos el riesgo de depender de él para encontrarnos bien. Es entonces cuando corremos el riesgo de pasar a la tercera etapa de abuso y necesidad como dice Virginia Antolín. El proceso que se inicia lleva caminos paralelos, y mientras por una parte comenzamos poco a poco a abandonar las actividades habituales con familia y amigos, por falta de tiempo o de deseo, incluso a alterar nuestras pautas en el trabajo, por otra el running se convierte en el marcapáginas de nuestro calendario, estrechamos nuestro círculo relacional a personas que comparten la misma actividad al tiempo que nos fijamos metas cada vez más altas, poniendo constantemente a nuestro cuerpo en situación de esfuerzo máximo y sufrimiento físico. Si uno sale a correr por encima de molestias o lesiones, si aparecen las disputas con la pareja y otros familiares, si unas vacaciones resultan prescindibles cuando coinciden con una carrera, entonces debemos estar alerta porque algo está pasando. Un indicador para darse cuenta de que traspasamos el límite es cuando solo logramos sentirnos bien si hacemos deporte. A partir de ahí el running puede acabar por cercenar una vida plena y saludable, convirtiéndose en el eje central de nuestros días, robando paulatinamente tiempo a otro tipo de desarrollo personal como las relaciones en familia o con amigos, el cultivo de otras experiencias culturales e incluso la dedicación al trabajo, hasta llegar a un punto en que nuestro comportamiento adictivo pueda llegar a desbaratar todo el entorno personal y afectivo construido durante años. 

Mi consejo para esta semana: Corre con moderación, corre saludable, sé feliz en todos los aspectos de tu vida

¿Quieres hacer tu propio text de comprobación? Puedes hacerte a ti mismo una serie de preguntas, y sin necesidad de decírselo a nadie contestarte con sinceridad y autocrítica. Si contestas muchos síes, atento y comienza a replantearte tu relación con el deporte antes de que la situación se vuelva insostenible.

Un indicador para darse cuenta de que traspasamos el límite es cuando solo logramos sentirnos bien si hacemos deporte

1.    ¿Practicas ejercicio más de 5 días a la semana o por más de 10 horas semanales?

2.    ¿Te cuesta plantearte una actividad de una semana, incluso siendo vacaciones, en la que no puedas correr?

3.    ¿Has seguido haciendo ejercicio aún teniendo molestias o dolores, o sin terminara de curar bien una lesión?

4.    ¿Necesitas hacer ejercicio intenso y con asiduidad para sentirte bien?

5.    ¿Si por cualquier circunstancia me tengo que perder un entrenamiento programado, me irrito, me siento culpable o hago culpable a aquello que me li impidió?

6.    ¿Alguna vez personas próximas de tu entorno familiar o de amigos te han cuestionado la excesiva dedicación al deporte?

7.    ¿Hacer ejercicio te alegra incluso aunque haga mal tiempo, y en cambio si no puedes hacer ejercicio te sientes triste o irritable?

8.    ¿Si analizas tu histórico de 2/3 años ha habido un crecimiento importante en dedicación al deporte y en la dificultad de los objetivos?

9.    ¿Haces ejercicio para sentirte bien con tu cuerpo, o para liberar estrés o ansiedad?

10.    ¿He quitado tiempo a mi familia, amigos, trabajo para realizar ejercicio o para pensar en cosas relacionadas con el ejercicio y las carreras?

Correr, de la salud a la adicción
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