Martes 18.12.2018

Nutrición deportiva o nutrición saludable

Partimos del error generalizado de confundir dieta, conjunto de las sustancias alimenticias que componen el comportamiento nutricional de los seres vivos, con régimen alimenticio que constituye una modificación más o menos temporal de la dieta con un fin específico como curar una enfermedad.

Cuántas veces escuchamos a personas de nuestro entorno “estoy haciendo una dieta pero no consigo adelgazar”, cuando no nos manifiestan el efecto rebote “hice una dieta y perdí unos cuantos kilos, pero al mes los recuperé con creces”. Partimos del error generalizado de confundir dieta, conjunto de las sustancias alimenticias que componen el comportamiento nutricional de los seres vivos, con régimen alimenticio que constituye una modificación más o menos temporal de la dieta con un fin específico como curar una enfermedad. Pues bien, muchas personas se entregan periódicamente a estrictos y sufridos regímenes como fracasado remedio a un sobrepeso que nace de una dieta desequilibrada y no saludable a lo que se suele sumar una vida excesivamente sedentaria. La dieta, por lo tanto, resulta un hábito y debe constituir una forma de vivir, un estilo de vida que se debe alcanzar progresivamente incorporando hábitos saludables, no solo alimenticios,  a nuestra forma de ser, pensar y actuar. Fruto de este error de partida observamos como las múltiples operaciones bikini, o promesas de año nuevo terminan cada vez en un nuevo fracaso después de un importante esfuerzo por controlar nuestro apetito desatado. Este fenómeno no es ajeno al mundo del deporte popular (eximo a los deportistas profesionales que requieren un control absoluto de su vida, no solo su dieta, para lograr el máximo rendimiento deportivo), de modo que vemos como cada día crecen los deportistas que se suman a un plan de nutrición deportiva, que conlleva además de regímenes alimenticios más o menos acertados la incorporación de suplementos, complementos y demás ‘entos’. He mencionado expresamente regímenes, porque precisamente se suele partir del planteamiento de aplicar un nuevo régimen alimenticio en función de una carrera o de un objetivo deportivo concreto, al que se someten durante un periodo y que abandonan, una vez afrontado el reto en cuestión, en espera de una nueva cita de mayor dificultad deportiva.

El principio básico de una vida mejor en su conjunto es una nutrición saludable, es decir una dieta adecuada en cualquier momento y con independencia de factores exógenos

Pues bien a mi modo de ver, este enfoque es erróneo, ya que el principio básico de una vida mejor en su conjunto es una nutrición saludable, es decir una dieta adecuada en cualquier momento y con independencia de factores exógenos. De ahí el titular de esta tribuna, que trata de visualizar una contraposición donde no debería haberla. Porque para mí seguir un plan alimenticio temporal y exclusivamente enfocado a resultados deportivos carece de sentido, como tampoco los tienen las famosas “dietas de adelgazamiento”. ¿No es más lógico que en lugar de recurrir a costosos y sufridos regímenes, incluso a veces dañinos para la salud, simplemente cambiemos los hábitos para progresivamente incorporar otros nuevos que sean coherentes con el tipo de vida que queremos y que realmente nos conviene y que ese esfuerzo signifique transformar nuestras rutinas?.

¿Cuál es, entonces, el camino a seguir según mi visión y experiencia personal? Pues al igual que hacemos con las carreras, reconocer cual es nuestra verdadera meta, nuestro objetivo último, que no debe ser otro que una vida saludable que nos permita encontrarnos mejor tanto física como mentalmente, y nos capacite para afrontar en las mejores condiciones nuestra actividad, tanto la que conlleva la vida cotidiana como la posible vida deportiva. Ahí es donde entra la nutrición saludable, que junto a otras dos patas como el bienestar sicológico y una actividad física adecuada conformarán el triángulo perfecto para alcanzar un alto grado de equilibrio en nuestra vida. Una vez en este escalón, estaremos preparados para afrontar cuantos retos deportivos nos propongamos y a considerar en determinados niveles de dificultad el adecuado asesoramiento de los profesionales del deporte para mejorar nuestro rendimiento y garantizar una mayor probabilidad de éxito.

Por tanto, empecemos la casa por los cimientos, creando una fuerte estructura de hábitos alimentarios saludables, que vayamos incorporando progresivamente hasta que formen parte de nuestra rutina diaria. Solo después de alcanzar ese status, podríamos pensar en planes más específicos si la dimensión del objetivo deportivo así lo aconsejase, planes que por otra parte deberían ser coherentes y alinearse con nuestra condición física, edad y alimentación saludable. 

Me gustaría pues ofrecer unas pocas claves sobre los primeros y principales pasos para iniciarse en la senda de una alimentación SEN: saludable + energética + nutritiva. Incorporando paulatinamente este tipo de decisiones a nuestra dieta, estaremos sentando los cimientos para mantener una condición física vital, enérgica y con un peso adecuado a nuestra edad y actividad cotidiana. Desde mi experiencia personal, este es el camino antes que recurrir a regímenes insostenibles en el tiempo, cuando no dañinos para nuestra salud.

Empecemos cambiando hábitos con el ánimo de que se queden para siempre con  nosotros. Y los pasos básicos a seguir son:

1.    Eliminar los alimentos refinados. El blanco no es un buen color para la dieta, así que la sal refinada, la harina no integral y el azúcar blanco deben ir disminuyendo hasta desaparecer.

2.    Evitar los alimentos procesados y reducir en la medida de lo posible los envasados. Los platos preparados para simplemente calentar en el microondas suelen ser una bomba de azúcares, colorantes, conservantes y grasas.

3.    Incorporar las verduras con mayor asiduidad, consumirlas preferentemente en crudo o vaporizadas, intentando conservar al máximo sus propiedades. Son seres vivos que no conviene matar y que nos ayudarán a quemar grasas, eliminar toxinas y alcalinizar nuestro organismo.

4.    Conservar espacios de ayuno de al menos 10 o 12 horas, lo que implica no cenar tarde para dejar descansar nuestro sistema digestivo y facilitar el trabajo de depuración que realizan nuestros órganos.

5.    Comer con tranquilidad, masticando adecuadamente, saboreando los productos e incluso los olores que en muchos casos nos resultan atractivos para degustar mejor. Evitar trasladar el estrés y las prisas al momento de las comidas, haciendo de ellas, siempre que sea posible, un acto de socialización.

6.    Intentar potenciar la calidad. Vivimos en una sociedad de consumo, que finalmente se manifiesta en la drástica reducción de la calidad a favor de la cantidad y el precio. Tu salud se merece un pequeño esfuerzo de doble efecto, mejorar la calidad y disminuir la cantidad.

7.    Deja que el color de los alimentos naturales sea un gran guía para tu dieta. Diferente color, implica diferentes propiedades. Unos refuerzan el sistema inmunitario, otros ayudan a nuestras células a regenerarse, otros favorecen la limpieza de toxinas, otros son poderosos antioxidantes o con gran poder energético. En fin mezclar los colores será garantía de mejorar todos los aspectos de una dieta saludable.

8.    Engañar a la tentación. En ocasiones el hambre se precipita sobre nosotros en el momento más inesperado entre comidas. Evitar la tentación de los productos fáciles en formato de alimentos procesados y recurrir a las frutas o frutos secos, que no solo ayudarán a saciarnos, sino que nos aportarán sus valores nutritivos.

Introducir estos hábitos de forma paulatina y permanente nos servirá para tener una buena base de alimentación saludable, una dieta que nos facilite controlar el peso sin perder nada de vitalidad y sin grandes esfuerzos. A partir de ahí, podremos dar un salto en mejores condiciones a la incorporación de regímenes alimenticios especiales enfocados a la superación de grandes objetivos deportivos. Pero recuerda que en este caso, necesitarás la supervisión o asesoramiento de profesionales del sector para que te puedan proponer un adecuado programa que combine adecuadamente alimentos, cantidades y tiempos. Y sobre todo no recurras a la “automedicación” consumiendo superalimentos o complementos nutricionales sin ningún criterio.

Nutrición deportiva o nutrición saludable
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