Lunes 20.08.2018

Gracias al cine

En pareja o con amigos, es un buen plan, el cine siempre es un buen plan.

Ya era septiembre, y sin darme cuenta el verano había pasado tan rápido que tenía la sensación de que ni siquiera lo había disfrutado del todo, o más bien como me hubiera gustado. Despedirse del verano y las vacaciones nunca es fácil, pero la llegada del otoño empatiza contigo, y deja la rutina en tonos cálidos, como las hojas que caen. Luego el invierno, la estación de los cafés y la buena compañía, porque con tanto frío, no apetece dormir solo.

Los años vienen, pero nunca vuelven. Nunca se podrá repetir el ayer, pero sí hacerse una idea del mañana. Por eso es necesario que todos los años, mudemos nuestras hojas. Para que nuestro cambio interno tenga repercusión en nuestra piel. Cambiar por dentro y que se note por fuera. El otoño nos brinda esa oportunidad o tal vez, nos enseña a seguir su ejemplo. Septiembre es el mes en el que todo cambia, todo vuelve a la llamada normalidad. También el mes de las despedidas, las lágrimas y los “te echaré de menos” pero “volveremos a vernos”.

Este arte tiene algo conmovedor, y es que al igual que el otoño, es capaz de empatizar

Es sin duda el mes menos apetecible de todos, pero tiene algo especial. Llegaron los momentos de planes alternativos, de volver a ocupar las salas de cine, que en verano hace mucho calor como para estar ahí dentro, y claro, apetece más disfrutar del sol. En pareja o con amigos, es un buen plan, el cine siempre es un buen plan. La película puede ser un desastre, no lo niego, pero planificar una tarde, estar todos juntos en silencio, reír, disfrutar y pasar un rato acogedor, sentados y por supuesto, sin molestar. Así es el cine, un lugar donde las carcajadas coinciden, como también las lágrimas. Donde siempre vas a pasar un rato agradable en la mejor compañía.

Por otra parte también es inspirador, no puede haber un mundo sin cine, sin el séptimo arte. Ojalá la cultura fuera más asequible para todos los públicos, porque no me cabe la menor duda, de que las salas estarían todos los días llenas. Y no solo eso, sino que también las mentes serían mucho más abiertas, más capaces de razonar con argumentos convincentes. Este arte tiene algo conmovedor, y es que al igual que el otoño, es capaz de empatizar. Cuando estés triste siempre habrá una película, en un amplio horario, esperando a que cojas la entrada; al igual que si estás feliz. Pase lo que pase, compra una entrada de cine, disfruta de la película y coméntala de la forma que desees. 

Gracias al cine
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