Martes 13.11.2018

Te perdono

Dije, “te perdono” pero no a nadie, sino a mi.

Existe una ley no escrita en la que dice así: “Todos merecemos ser perdonados, una segunda oportunidad”. Por lo tanto, hay que ser justos. El problema de la justicia en sí, es que nos equivocábamos por pensar que sabíamos utilizarla. Es decir, en el momento en el que se pone en manos de humanos comienza progresivamente a carecer de sentido. Por lo que, Justicia es aquella  mujer que perdió el equilibrio de su balanza. O mas bien, que hicimos que lo perdiera. 

A lo largo de la vida te encuentras con muchas personas, de las cuales vas a querer a solo unas pocas, y solo a una darás tu corazón. Porque sí, eso sí que es ley de vida, enamorarse. Te enamorarás, y en el momento que lo hagas la justicia y el corazón serán sinónimos. “Corazón es aquella razón que perdió el equilibrio de un ser humano”. Pero nada, absolutamente nada, tiene más peso que uno mismo. Por lo que la balanza nunca puede estar a favor de aquello que pueda consumirte o hacerte un daño irreparable.

Me declaro culpable de haber llorado cuando merecía ser feliz

Hubo una vez una madrugada que llovía tanto que yo tenía la sensación de que el cielo se iba a caer de un momento a otro. Y siempre lo diré, no hay nada más placentero que conducir bajo la lluvia. Así pues, cogí las llaves del coche y salí por la puerta, porque necesitaba un juicio en el que la soledad fuera testigo y yo, sería víctima y acusado a la vez. Así que me fui hasta una playa cercana, para buscar un veredicto y como no, una condena.

Me declaro culpable de haber llorado cuando merecía ser feliz. Amor, desde el momento que te di, comencé a ser débil. Pero no, esa madrugada había sido el momento en el que más triste salí de casa y el momento en el que, pasadas unas horas, más feliz volví. ¿A cuántos nos han hecho daño por amor?, ¿cuántos nos han dicho de otorgarles una segunda oportunidad? Dije, “te perdono” pero no a nadie, sino a mi. Me perdoné porque nadie merece más mi perdón que yo misma. Y justo desde ese momento, fui feliz y dormí feliz, y a la mañana siguiente, seguía siendo feliz. Me condené a la felicidad.

Te perdono
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