Lunes 19.11.2018

Cambiando, repitiendo, aburriendo...

Revilla es de otro mundo, y de otro tiempo. Un mesías galáctico capaz de decir una cosa y hacer la contraria sin que se le altere el rostro. Hace unos días, llegando a Cantabria una gota fría, él troleaba a la AEMT y a la Delegación del Gobierno que pedían prudencia, y se hacía un tour de fotos por las playas de Santander demostrando que olé él y que no hacía tan malo.

Las Navidades cada vez llegan primero, tanto que acabarán juntándose con las del año anterior. Este fin de semana pasado ya han estado por Madrid colocando las luces en algunas calles. En Gran Vía no, que andan a marchas forzadas acabando las obras de agrandamiento de las aceras, que por supuesto tienen que estar para Navidades. Va a parecer Los Campos Elíseos, pero sólo hasta que se llenen de manteros y madrileños (y andaluces, y extremeños, y vascos, y alemanes, y japoneses...) calle arriba y calle abajo haciendo compras. Delante de Primark, que se ha convertido en destino turístico nacional, ha quedado espacio más que de sobra para que sufridos maridos, hijos y novios esperen a que salgan, cargadas con sus bolsas de cartón con prendas de a 2 euros, felices esposas, madres y novias. También alguna tarde, la sección de caballeros parece, al mismo tiempo, Chueca un sábado por la noche y Lavapiés un domingo por la mañana. Para cuando en la Plaza Mayor no quepa un alfiler, con gente a mansalva paseando entre casetas que venden figuritas para el Belén, petardos para Nochevieja, y pelucas de colores para todo el año, Madrid tendrá estrenado 'Madrid Central', el demonio de la derecha tramontana que de todo protesta desde que gobierna Carmena, y que dejará fuera del centro los coches de paso, los coches de los vagos y hasta los coches de caballos. De tan cambiado que va a estar todo entre Cibeles y Plaza de España habrá hasta quienes no lo reconozcan. Y quien lo niegue, el cambio y la comodidad, que todavía quedan Esperanzas Aguirres que quieren sacar dinero en los cajeros de Callao dejando el coche en el carril bus. O aseverando que los patinetes eléctricos aparcados en las aceras son más de Venezuela y de Cuba. La tontería siempre ha sido muy libre al expresarse.

Lo del MetroTUS acabó demasiado pronto, y demasiado caro, pero como a Revilla sus chocheces, a Igual le ha salido a coste cero

Y mientras aquí las cosas avanzan, en Cantabria Revilla vuelve a presentarse. Se lo han pedido a cientos, claro. No va a ser ese ego raro y viejuno que le adorna el que le empuja a otro sacrificio, que va. Revilla es de otro mundo, y de otro tiempo. Un mesías galáctico capaz de decir una cosa y hacer la contraria sin que se le altere el rostro. Hace unos días, llegando a Cantabria una gota fría, él troleaba a la AEMT y a la Delegación del Gobierno que pedían prudencia, y se hacía un tour de fotos por las playas de Santander demostrando que olé él y que no hacía tan malo. Revilla es así, un personaje a mitad de camino entre Cantinflas y Martínez Soria, pero en grosero. La falta de responsabilidad y tanta demagogia siempre le salen gratis. Su partido son él y sus circunstancias, y con cualquier meta electoral que se ponga busca solamente solazarse. Su discurso es palmario, y le retrata, cuando dice que se queda porque ganar es lo único que le falta. Los libros ya los tiene escritos, y de árboles dirá que ha plantado media Cantabria. Lo de gobernar es otra cosa, y parece que lo hacen otros, porque lo suyo suyo está en el show y en el circo. En Madrid mucha gente le sigue, aunque las filias se le han ido cayendo. Han ido evolucionado del asentimiento complaciente a las risas incontenibles, y de estas al abandono. Le han salido duros competidores en la política nacional diciendo sandeces y barbaridades y provocando carcajadas. El gagaismo se ha vuelto tendencia. Además, en España, desde que no viven Gila y Gracita Morales nos hemos vuelto muy promiscuos con los cómicos y con la comedia.

Y en Santander qué. Pues nada, que allá va la misma. Todo en orden, que es como decir que como siempre. Desde que se marchó el ministro efímero, la política local es un aburrimiento. La alcaldesa no le da chispa. Pasearse por las obras arracimada en un bolso de Louis Vuitton es ridículo, pero no es suficiente. Los barrios ya no son lo que eran, y los bailes para mayores no aplacan más ánimos que los de los que bailan. La juventud se le marcha a borbotones, y los cruceros apean los pasajeros pero sólo para meterles en autobuses camino de Bilbao. La ciudad es un muermo en bucle de funcionarios, jubilados, eso del sector terciario y politiquillos cociéndose en su propia salsa. Lo del MetroTUS acabó demasiado pronto, y demasiado caro, pero como a Revilla sus chocheces, a Igual le ha salido a coste cero. Dicen que sólo hasta las elecciones, que el fiasco le puede costar votos, que no serán los de los santanderinones y santanderinonas del centro y de El Sardinero, y hasta la candidatura. Aunque esta tampoco debería darla por segura, pero no por venirle grande. Gema Igual apoyó a Santamaría en esas peculiares primarias del PP que ganó perdiendo Casado. Así que ahora que doña Soraya no está "quién te cantará con esa guitarra...". La política es cainita, y Roma no paga traidores. Ni Roma ni los que ganan. Lo mismo De la Serna se tiene que estrenar en ese trabajo nuevo que le ha salido buscando dónde colocar al talento que dejó en la alcaldía...

Cambiando, repitiendo, aburriendo...
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