sábado 04.04.2020

Empleo, reformas y derechos

Lo laboral es un campo de minas ideológico en el que siempre pierde el empleado. Para la derecha, los trabajadores son la excusa de los empresarios para hacerse ricos. Para la izquierda, la patronal es la causa de todos los males de los obreros.

Desde que Adán y Eva fueron expulsados del edén y tuvieron que ganarse el pan con el sudor de la frente, el trabajo es el eje de funcionamiento de cualquier sociedad, y la condición misma de la subsistencia. El dinero no crece en los árboles, como las manzanas, y hay que salir a buscarlo, porque la lotería es un invento de los estados para obtener recursos, y el contexto para los sueños que nunca se cumplen, y vivir del cuento es un arte que se les da bien solamente a 4 (615 si hablamos de diputados y senadores). El caso es que trabajar es una necesidad que, además, se articula en cualquier país democrático moderno como un derecho que debe regularse desde la ética, la responsabilidad, la igualdad y la libertad. Y protegido desde los poderes públicos con lealtad social y con sincero compromiso. Cualquier otra cosa es una canallada inaceptable que compromete el desarrollo personal y colectivo de la ciudadanía, y retrata a empleadores y administraciones como el punto de partida de la miseria y la desvergüenza.

Haciendo lo mismo que los trabajadores de plantilla, los de ETT cobran más tarde, no tienen vacaciones y les chulean derechos porque están en otro convenio

Lo laboral es un campo de minas ideológico en el que siempre pierde el empleado. Para la derecha, los trabajadores son la excusa de los empresarios para hacerse ricos. Para la izquierda, la patronal es la causa de todos los males de los obreros. Seguramente hay un punto intermedio en el que quepa satisfacción para todos, que en España es tan fácil de encontrar como leer la Constitución y legislar a partir de ella con buen juicio y equilibrio. Desgraciadamente somos un país de excesos y de extremos, y sucesivamente, quien ha gobernado ha decidido que su visión sobre el empleo (y sobre la educación, y sobre la sanidad, y sobre la cultura...) es perfecta, y la única, y ha fijado reglas y normas para beneficiar (o creer que lo hace) a los que acampan en una u otra orilla. La derecha, flexibilizando el despido, ajustando los salarios a la baja, y criminalizando el movimiento sindical. La izquierda, siempre acomplejada, retocando lo que les deja hecho la derecha, y mirando de reojo al capital, por si acaso. Desde lo del paraíso, el dueño manda y el proletario aguanta, y se jode, aunque manden los suyos.

Conozco una empresa que optó hace tiempo por las ETTs como atajo para contratar y quitarse problemas de encima. Que de tanto no ser suyos, lo son de todos los que le prestan servicios desde las empresas temporales. Haciendo lo mismo que los trabajadores de plantilla, los de ETT cobran más tarde, no tienen vacaciones y les chulean derechos porque están en otro convenio. A la empresa le sale muy barato movilizar recursos y desmovilizarlos sin sonrojos ni conciliaciones ni indemnizaciones. Y la ETT por rellenar papeles y dar la cara se lo lleva caliente. Porque no hacen más, que la selección y la formación corre por cuenta del cliente. Las ETTs se han convertido en la industria cárnica del mercado laboral, vendiendo picadillo a empresas sin escrúpulos donde lo que importa es el beneficio que a fin de año se reparten sus dueños.

Lo de la inseguridad y la precariedad de las ETTs es un ejemplo de la degradación del sistema

Y si esta empresa hace esto, es porque puede y alguien quiso que pudiera, beneficiándola frente a los trabajadores, que siguen siendo el patito feo de cualquier reforma laboral. Y porque la legislación laboral ampara la injusticia como pauta, y atiende con pellizco de monja los derechos de los trabajadores. Porque los empresarios han perdido del todo los escrúpulos y maltratan a sus empleados sin esconderse. Porque los sindicatos han bajado la guardia y están más a las subvenciones y a las horas sindicales que a la pelea descarnada y directa por los derechos de los obreros. Porque la necesidad aprieta, y la mierda llega tan alto, que por cada trabajador que reviente hay tres que tragan lo que haga falta. Y todo mientras las administraciones públicas miran para otro lado y sostienen la paz social con subsidios cortoplacistas, y migajas, sin afrontar la realidad con soluciones de Estado.

Lo de la inseguridad y la precariedad de las ETTs es un ejemplo de la degradación del sistema, que lo es de la capacidad misma de la sociedad para alcanzar la excelencia. Colocar gente en puestos estables que les permita vivir con dignidad es lo de menos. Importan las cifras de nuevos empleados y de cotizantes a la Seguridad Social para adornar las estadísticas, y los beneficios empresariales que se reparten a fin de año los explotadores. Los derechos, la estabilidad, los proyectos de vida, quedan al albur de la suerte y al capricho de los dueños de empresas como esta que conozco. Dios se ha mutado en empresario, y nosotros seguimos siendo Adanes y Evas sudando como cabrones para llegar a fin de mes, si acaso.

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