domingo 15.12.2019

Fin de año, fin de fiesta

Si las cosas van como parecen, vamos a terminar el año gobernados por las izquierdas, con las derechas centrándose, ladrando y en descomposición respectivamente. El experimento sociológico de hacer que unas elecciones generales sean como escoger libro en un club de lectura le ha salido mal a Sánchez.

Se acaba el año, y casi casi estamos como empezamos. O peor. Hemos pasado dos veces por las urnas, que ha sido como ir al dentista, y seguimos a día de hoy con un gobierno provisional, que es como si el dentista fuera tu casero. Esta política de ahora es tan rara que parece hasta normal que nos hayamos tirado desde marzo gobernados por decreto, y con un parlamento entrante y saliente que solo ha servido para que sus señorías se lo hayan llevado crudo. De tan democracia consolidada que somos, se nos mean en las piernas a diario y nos está empezando a importar un bledo.

La izquierda que siempre pierde, que dice Rufián, lo ha vuelto a hacer aunque gobierne

Si las cosas van como parecen, vamos a terminar el año gobernados por las izquierdas, con las derechas centrándose, ladrando y en descomposición respectivamente. El experimento sociológico de hacer que unas elecciones generales sean como escoger libro en un club de lectura le ha salido mal a Sánchez. Ahora, por esa culpa que no tiene porque se la tapa la soberbia, tanta como la de Iglesias y sus mesiánicos, los ultras son más para dar golpes en las mesillas del Congreso cuando se hable de derechos y de libertad. La izquierda que siempre pierde, que dice Rufián, lo ha vuelto a hacer aunque gobierne, porque se les ha colado Franco por la puerta abierta de la arrogancia.

Y mientras tanto, vemos la vida pasar. Los sueldos siguen siendo raquíticos, los trabajos precarios, llenar la cesta de la compra es caro, y a mediados de mes ya no quedan sobras en las cuentas corrientes para cultivarse, para entretenerse en algo, o para viajar. Mientras los políticos que nos gobiernan están yendo y viniendo a ninguna parte, nosotros apuramos la economía doméstica para ir tirando. El bloqueo institucional en el que tan felices son ellos, por mucha cara de apuro que pongan cuando nos lo cuentan como si fuera culpa nuestra, es en realidad el bloqueo normalizado de nuestro discurrir cotidiano. Su desvergüenza es nuestro hastío, y en nada, terminarán convirtiéndola en abandono.

Este año quedó amortizado en abril. En realidad, ya nació amortizado. En España vivimos en funciones desde que Rajoy salió presidente a la segunda en 2016. Tan ricamente, con los partidos enredados en sus tonterías y haciendo gala, día tras día, de una mayor insolvencia intelectual, inversamente proporcional a su interés por mejorar algo que no sean ellos mismos. La política nacional no puede caer más bajo, ni sus actores pretenden menos. En las turbulencias de la nada sin futuro ellos se mueven como peces en el agua mientras nosotros, entre perplejos y asustados, aguantamos el tirón sobreviviendo. No soy optimista, pero tampoco pesimista. Es con lo que hay que vivir porque no queda otra, pero dándole la distancia que merece, que es mucha, porque los dineros a primeros de mes no nos los traen ellos. Por fortuna, que viendo cómo se comportan, igual no nos llegaba nada. ¡Vaya tela!

Fin de año, fin de fiesta
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