Jueves, 18 de Enero de 2018
El Tiempo

En estos tiempos donde la cultura de lo fácil, de la crítica ácida y la sal gorda que fluye por las redes sociales y los programas de TV, descubrir programas amables y personas como Alfred y sus compañeros es de agradecer.

Hay pocas cosas más difíciles en la vida que vencer a nuestros fantasmas y miedos internos. Quién no los ha tenido en algún momento, esta angustia que te paraliza, te inhabilita. Y es entonces cuando uno está más débil, cuando más necesita el afecto y la comprensión para escalar el pozo y ver la luz.

Ver sufrir a unos chicos de 20 años, que son los elegidos entre miles, cuando dicen que están disfrutando de su gran oportunidad, que tocan su sueño con la mano, no deja de ser extraño. Ya sabemos que existe un mundo particular, un espacio en la nube que todos vemos, pero lo que aparece detrás del plasma es complicado discernir si lo que está sucediendo es producto de un guion, de la ficción, de la publicidad, o simplemente de la emoción del momento. Hay quien transmite verdad, realidad, bondad, puede estar más o menos acertado, ser el mejor o el diferente, mas deja huella en cómo hace las cosas. Hay personas con aura que te llegan directo al corazón, personas que se expresan a veces vacilantes, temblorosas, a borbotones... palabras que les salen del alma.

"Hay quien nunca lo entenderá" porque nunca lo ha sufrido

Enfrentarse tantas veces a las dificultades cuando el miedo y la ansiedad te agarran, te atrapan, apretando y haciendo un nudo en el estómago, sintiendo que no eres capaz ni de hablar, cerrando los ojos, temblando de miedo, mareado y sudando, notar la presión en tu pecho, te falta el aire para respirar, derribar ese muro para poder disfrutar es muy duro. "Hay quien nunca lo entenderá" porque nunca lo ha sufrido, o no ha tenido alguien cercano en esa situación. Los que hemos visto a seres queridos en este trance, los que alguna vez hemos vivido el miedo escénico, nos han sudado las manos, temblado las piernas ante la simple lectura de un texto en público, sabemos que hay que ser un valiente para seguir, y que el que no puede no es un cobarde, simplemente la enfermedad le ha atrapado en ese momento. Muchas veces se necesita parar, coger fuerzas para luchar contra la misma. Como dice el cantautor malagueño Juan Gómez ‘El Kanka’, "Lo mal que estoy y lo poco que me quejo. /tengo el alma en cuarentena y roto el cuerpo./ ¡Qué dolor, qué pena ... y qué tormento!"

Cuando un chaval sale tambaleándose, con la mirada perdida en el horizonte, posiblemente dopado por ansiolíticos o tranquilizantes que le han suministrado, ser capaz de vencer a su otro yo, de salir y comerse el escenario es que eres muy grande. Muy pocos son capaces de romper el molde, de salir del agujero, y este chaval lo es, por sus reflexiones, por sus actuaciones, por su compañerismo, porque sabe transmitir a los demás. Pocas personas han dado lecciones de empatía que llegan a nuestros jóvenes como Alfred García en OT, visibilizando la enfermedad, enfrentándose a la misma y enseñando el mensaje positivo. Se puede vencer, ofreciendo el mejor consejo. El mejor tratamiento es el cariño y la compresión, quizás lo que le faltó a ese jurado. También es cierto que la vida es el juez más duro para todos.

Todavía en estos tiempos, todo lo que tiene que ver con enfermedades mentales se sigue estigmatizando, aumentando gratuitamente el dolor. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 250 millones de personas pasamos por esta situación en algún momento de nuestra vida. El ser un gran músico, el tener tantas personas que te siguen, hace que estos mensajes tengan más fuerza, lleguen más lejos y ayuden a tantas personas que muchos días se tienen que enfrentar en sus trabajos y en la vida a esas situaciones invalidantes, desde la depresión, la ansiedad, desde el dolor...  Comportamientos como los de Alfred ayudan y mucho. Así manifestaba su agradecimiento a todos por el apoyo: "quiero que se sepa que el cariño en esos momentos es fundamental".

Hay otros temas donde tanto él como sus compañeros han enseñado valores muy positivos: tolerancia, compañerismo, igualdad, comprensión... para esa juventud que los sigue y para los que son ejemplos a imitar. Alfred y Amaia han hecho más que cientos de horas de tertulianos y políticos de todos los colores por la cultura y la convivencia de Cataluña y el resto España, por comprender que lo diferente es hermoso, que el respeto y la admiración a lo positivo de los demás nos hace crecer y disfrutar, que la pluralidad es una virtud y que el diferente también es tu amigo.

Cuando se observa a nuestra juventud te puedes sentir orgulloso de su preparación, de su sensibilidad, de su trabajo

Cuando se observa a nuestra juventud te puedes sentir orgulloso de su preparación, de su sensibilidad, de su trabajo, cada día más tolerantes, más responsables. ¿Qué hay excepciones? Normal, el mundo ideal ya sabemos que no existe. Lo que no se acaba de comprender, es la tensión a la que se somete a los jóvenes: tienen que ser listos, preparados, guapos y perfectos. Les exigimos que escalen la montaña, y después se dan cuenta que lo que hemos prometido era otra ficción más de las que pueden ver por su pequeña pantalla del ordenador o del móvil. El trabajo precario, el salario miserable, la vivienda imposible, el futuro a miles de kms. ¿Qué todos no lo tienen tan duro? Cierto, pero muchos sí, demasiados, donde la explotación de la juventud puede ser un arma que se vuelva contra la propia sociedad. No hay dudas, son el futuro. Y si el mismo es oscuro para ellos, ya nos podemos preparar los demás. Como sociedad tenemos una deuda, hagamos un mundo más habitable, más humano, más sensible, donde quienes empiezan a salir al mundo laboral no lo encuentren tan difícil e injusto. Démosle a nuestra juventud la oportunidad que merece.

En estos tiempos donde la cultura de lo fácil, de la crítica ácida y la sal gorda que fluye por las redes sociales y los programas de TV. Donde es más fácil encontrar personas desnudando sus infidelidades, sus relaciones. Tertulianos y políticos llenando de palabras vacías los días, repitiendo lo mismo hasta la saciedad. Descubrir programas amables y personas como Alfred y sus compañeros es de agradecerVaya para esta juventud a la que hemos puesto muy complicado el futuro, a los que todos los días luchan con su otro yo, nuestra comprensión, reconocimiento y una cerrada ovación. Estos sí que merecen cruzar la pasarela.