Viernes 20.07.2018

Ay, Portugal, ¿por qué te quiero tanto?

Es necesaria una reflexión más profunda y respetuosa con los que piensan diferente. Muchas veces nuestras propias creencias son simplemente fruto de la parte del mundo donde vivimos.

De vez en cuando hay que mirar hacia otra parte, siempre con la lupa sobre el mismo punto se puede perder el sentido de la realidad, la situación y, sobre todo, te puede producir una tortícolis.

Hace ya años que el bueno de José Saramago abogaba por una relación más estrecha entre Portugal y España, fiel defensor de ese europeismo de los derechos sociales. Su sueño, el de una Iberia unida, con unos lazos más fuertes entre los Estados que la componen, y siguiendo ese camino nos recordaba estos días Josep Borrell  "Las fronteras son las cicatrices que la historia ha dejado grabadas en la piel de la Tierra. Grabadas a sangre y fuego. ¡No levantemos más!, porque bastante dolor hemos tenido que sufrir para conseguirlo". El expresidente del Parlamento Europeo sabe lo que es sufrir el desprecio de una parte de la población en su propia casa, simplemente por pensar diferente; no estaría de más tomar buena nota. La utopía de un mundo sin fronteras es demasiado hermosa para que sea fácil, pero ya se sabe que lo imposible empieza con el primer paso...

Siempre con la lupa sobre el mismo punto se puede perder el sentido de la realidad

Hoy, cuando hay una desafección entre partes de nuestra sociedad, donde el enfrentamiento es muchas veces una triste realidad, donde algunos alimentan los instintos más primarios, las vísceras, quizás porque usar la razón requiere mucho más reflexión y esfuerzo. Hemos visto lugares donde la rivalidad deportiva se lleva a extremos a veces difíciles de comprender, pero saber diferenciar un Barça - Madrid, que se juega en el campo del deporte para disipar rivalidades, en los nuevos circos romanos; pero que se transforme, o lleve a enfrentar ciudadanos simplemente por el lugar donde viven, creando nuevas fronteras de ficción en un mundo, donde influye más lo que pasa en un Banco Alemán, que lo que sucede en un pueblo del Ampurdán es simplemente una locura.

Los discursos donde alguien habla de país, nación y siempre como términos excluyentes, cualquier cosa vale con tal de mostrar a los suyos que son los mejores, que con estos, que no son de los nuestros, ni siquiera a por euros. Es cierto que también hay mucho ciego, o se lo hace, quien no quiere ver las justas demandas de un pueblo. Dejemos de estirar la cuerda, de tensionar a los ciudadanos, y de hacer heridas que puedan ser exhibidas más tarde como cicatrices para crear esas nuevas fronteras.

Mirando hacia el Oeste de nuestra península, donde hay un clima mucho más reflexivo y sosegado, donde se pueden abrir nuevos caminos para el entendimiento, para que los ciudadanos podamos tener una mejor calidad de vida, y nuestros derechos a salvo de contingencias de aventureros de nuevo cuño con ideas del siglo XIX. Realizar acercamiento entre España y Portugal parece una idea atractiva, a tener en consideración, intensificar toda cooperación e incluso crear órganos e instituciones que nos sitúen en una mejor posición para afrontar la competencia de un mundo tan global.

Tengo que decirlo: a veces uno no es totalmente objetivo, soy un enamorado de Portugal, de sus gentes, su cultura, sus paisajes, un país donde el portero, el librero y el campesino tienen tiempo para dialogar haciendo esfuerzos en entenderte, tanto el idioma como tus propias manifestaciones. Dicen que uno es fruto de sus experiencias y que cada uno cuenta la feria según le ha ido en ella, seguro que esto es cierto, pero también lo es que crear fronteras artificiales en estos tiempos ya asusta, sobre todo al mundo del dinero que son los primeros en huir.

Hay mucho ciego, o se lo hace, quien no quiere ver las justas demandas del pueblo

Me contaba un amigo, de los de la izquierda, de la izquierda portuguesa,  una de esas ideas tan escuchadas según la cual hay dos clases de tontos: "los obreros que votan a los partidos de derechas y los de izquierdas que son nacionalistas". Argumentaba que las dos posiciones son un contrasentido, como echarse sal en las heridas,  que te represente quien te explota, tiene guasa; pero que te dividan sabiendo que tu fuerza está en esa unión, lo supera. Todo puede ser cuestionado y estas ideas como principios dogmáticos también, daría para varios artículos. Algunos libros ya hay escritos sobre ello, ahora bien, algún contrasentido si que hay en quienes practican estas posiciones.

Igual que al buen vino hay que descantarlo cuando ha estado muchos años encerrado para apreciar todos sus olores y matices, también es necesaria una reflexión más profunda y respetuosa con los que piensan diferente. Muchas veces nuestras propias creencias son simplemente fruto de la parte del mundo donde vivimos, lo que hemos mamado a lo largo de nuestra vida, ser musulmán, cristiano, judío, o budista, basta con coger un mapa para saber dónde está cada religión.También es más difícil que haya un independentista catalán en Soria, o un nacionalista español en la Cataluña profunda, en pueblos como Ivorra, Arsèguel, Arbolí, municipios que tienen  porcentaje de independentistas superior al 95%.

Por ello, una buena receta puede ser muchos kilos de compresión, sazonados con amplios y sinceros diálogos, añadir el respeto a los demás, a sus normas, símbolos, rehogar con un buen funcionamiento democrático de todas las instituciones y no atizar el fuego para poder avanzar en busca de ese entendimiento.

Ay, Portugal, ¿por qué te quiero tanto?
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